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Pandemia, normalidad y controles sanitarios

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Las vacunas plantean un problema bioético, de la falta de regulación

La economía y el consumo requieren de la normalidad. La activación depende de la apertura y la socialización de las personas para volver a consumir. De esa activación se volverá al empleo, a la mayor demanda de servicios y a la economía informal, que representa el modelo de sobrevivencia de millones de dominicanos.

Esa nueva normalidad la van forzando y demandando el turismo, el comercio, los restaurantes, bares, discotecas, artistas, trabajadores informales etc. Desde la salud los indicadores para la apertura son: baja positividad, menos camas ocupadas, bajar cifras de muertes y de pacientes en UCI, así como mayores índices de vacunación.

Sin embargo, hay que tener mucho cuidado por la apertura hacia la normalidad y nuevas olas de contagios como sucedió en Chile, Ecuador, Perú, Colombia, Brasil, Puerto Rico y Cuba.

Las mutaciones del virus van a continuar y las dos o tres dosis de vacuna no cubren el 100% al covid-19 y sus variantes. Se recomienda seguir vacunando, uso de mascarilla, distanciamiento y lavado de manos.

El ser humano se le hace difícil, casi imposible asumir los controles de sus propios hábitos, costumbres y comportamientos para cooperar en los controles y medidas para disminuir los contagios. En todas las partes del mundo hay una población necesitada de sus gratificaciones inmediatas: placer, goce, consumo, libertad, juntadera, beber, fumar, comer, gastar, divertirse, socializar y “vivir la vida”.

El desafío es ese: normalidad o volver a nuevas olas de contagios y muertes que hagan al sistema sanitario más vulnerable.

Cada día más personas adultas mayores han fallecido de covid-19, no importa estatus social, sexo, ocupación; las personas más vulnerables por sus niveles de comorbilidad han sido las más afectada y los que hemos perdido. Literalmente, hay que tener cuidado con una normalidad permisiva, masiva, desafiante y de conducta gregaria y de aglomeración irresponsable donde aumentarían los contagios y las muertes.

La pandemia no ha terminado, el mundo vive nuevas olas de contagios. India, por ejemplo, vive una verdadera catástrofe de salud, son miles de muertes y niveles de contagios que han quebrado el sistema sanitario. Otros países, como Brasil y Colombia han vivido nuevos riesgos sanitarios, sin que las políticas de salud den señales de confianza.

Por otro lado, las vacunas no llegan a todos por igual, detrás existe un mercado que las pone en manos de los países ricos, y la distribución es desigual e injusta. Las vacunas han planteado un problema bioético, de la falta de regulación de la ética y el mercado de salud, la inequidad y la desigualdad.

Las sociedades posmodernas no asimilan una normalidad sin consumo, sin libertad, sin los derechos y sin la autogratificación. Aun con todo y riesgo que representa exponer a los abuelos, padres y tíos, en fin, a la población adulta mayor. Para la sociedad del “parecer” de la juventud del músculo, la tecnología y del hedonismo y del facilismo cultural es poco lo que se puede hacer para que practique la prevención, el distanciamiento y el uso de la mascarilla.

Es un planteamiento hasta filosófico, antropológico, psicológico y espiritual. El mundo financiero, de la inteligencia artificial no digiere posponer sus hábitos de autogratificación. Pero dentro de todo este cuestionamiento, también existe los antivacunas, o sea, aquellos que niegan la biología, la ciencia, que anteponen sus creencias o las informaciones no académicas de las redes sociales para plantear que no se van a vacunar.

El covid-19 ha puesto en evidencia a un mundo y sus necesidades de existencia, donde el bienestar no es del ser humano, la salud, la vida, la calidez del trato con los demás. Ahora en Latinoamérica amenazan los contagios, la ocupación de cama y muertes por la falta de responsabilidad ciudadana; pero también, por las aperturas al consumo y a la reactivación de la economía.

El desafío sigue siendo la salud, los controles, las campañas de prevención, y evitar las aglomeraciones y juntaderas de jóvenes y adultos que han disparado nuevas olas de infectados.

La pandemia continúa, nuevas cepas y nuevas mutaciones del virus. Pero el ser humano es el mismo se resiste a cambiar, adaptarse a nuevos estilos de vida y hábitos que le ayuden a prolongar la vida, ese es el desafío.

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