Panfletos contra la globalización

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Primera caída
Oyendo al Presidente Medina hablar en la ONU se me ocurrió escribir estos panfletos. Vivimos en el país de la mentira, con gobernantes cínicos que nos quieren esconder la realidad, y un tema como el que él abordó topa con la globalización y, sin embargo, nos elude a nosotros. Es que nos aterra mirarnos al espejo y reconocer nuestro verdadero rostro. En el mundo globalizado de hoy somos apenas un discurso de deseo. Y nos mentimos, labrando con palabras lo que quisiéramos ser en los hechos. ¿Qué somos nosotros ante la globalización? La globalización es algo que me ocurre, que viene de fuera, que no puedo eludir. Inexorable, como la concepción del destino que gravitaba en la mitología del mundo griego, me sumerjo en esa anarquía simpática contra la que nada puedo.
Segunda caída
Alabada en mi mentalidad de isleño como una posibilidad de alcanzar estatura universal, tan pocas cosas me toman en cuenta en la idea de la globalización, que en el fondo de mí lo que siento es como un despojo, como una libertad clausurada. Pero la muralla de mi inseguridad es demasiado débil como para oponerse al contagio de los hechos: La globalización es una realidad inevitable, y nuestro país se estremece, casi vive una revolución silente, producto de las tomas de decisiones que nos conducen hacia ella. Caemos y volvemos a caer, pero no hay remedio. Danilo Medina hablando en la ONU parecía entonar un monólogo que nadie escuchaba ni le ponían caso.
Tercera caída
Pronunciar la palabra Globalización equivale a abrir todas las puertas, sentir que uno se desparrama por el universo, desde una media isla, y vive la expresión de la gloriosa facultad de ser todos los hombres y todas las mujeres al mismo tiempo, de habitar todos los continentes, ser parte de todas las culturas, apropiarse de los inventos que la humanidad ha puesto como mediación entre la vieja condición natural y la actual condición social, etc. La palabra Globalización nos deja como encandilados en una libertad amplia y prestigiosa.
Cuarta caída
Pero la palabra Globalización se ha convertido, también, en una verdadera sede de la magistratura del cinismo y el consenso. Todo el que quiere presumir la esgrime. Todo el que quiere intimidar la enarbola. Poseída por una cordura esclarecida, con el telón de fondo de la tecnología, esta palabra siempre está sublimada por el sésamo contencioso de lo fabuloso, y abre la marca gloriosa de la imaginación del habitante de una media isla que se queda deslumbrado, boquiabierto en el sueño mismo de lo distinguido al pronunciarla. Guindando en la nada vi muchas veces a Danilo Medina, mientras se tongoneaba en la globalización.
Quinta caída
Unas preguntas retóricas sobre la Globalización: ¿Todo el esfuerzo de la Globalización se agota en sí mismo, al configurarse a escala planetaria un mercado global? ¿Y las consecuencias sociales, la desvalorización del trabajo, el desempleo endémico y la miseria como parte del paisaje nacional, se van a partir de la globalización? ¿Como el usufructo de la técnica ha despedazado el sentido de pertenencia a una determinada comunidad, y los objetos y mercancías coexisten con nosotros perdiendo la memoria de su origen, cuál será nuestra idea de lo propio? ¿Todo esto ocurre sin intereses que lo muevan, como un resultado natural de la evolución de la humanidad? ¿Es lo mismo estar globalizado desde el gobierno? Si EDUCA habla, y dice que la educación pública dominicana se está desplomando, ¿hacia dónde miro? ¿Puede el mercado, por sí solo, dispensar la justicia social? ¿Quién oye a un mandatario de una media isla, desgañitarse porque la globalización lo cerca, lo trastoca, lo manipula? Un cinismo contra una muralla. ¡Viva la globalización!