Papa plantea un trato distinto para gays y divorciados

Papa plantea un trato distinto para gays y divorciados

CIUDAD DEL VATICANO. AFP. En la primera entrevista exclusiva que concede a un medio de comunicación, el papa Francisco niega «ser de derechas» e invita a que la Iglesia católica reflexione sobre el papel de la mujer en la Iglesia y a «curar las heridas» de gays y divorciados antes que condenarlos. 

 Durante una conversación con la revista jesuita Civiltà Cattolica, el papa  habló de su «forma autoritaria y rápida de tomar decisiones», que lo ha llevado «a ser acusado de ultraconservador» en Argentina, y de la necesidad de la Iglesia de «acompañar a las personas a partir de su condición» de divorciados u homosexuales. 

 «Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener problemas serios y a ser acusado de ultraconservador. Tuve un momento de gran crisis interior estando en Córdoba. No habré sido ciertamente como la beata Imelda, pero jamás he sido de derechas. Fue mi forma autoritaria de tomar decisiones la que me creó problemas», reconoció. 

  «Tenía 36 años: una locura. Había que afrontar situaciones difíciles, y yo tomaba mis decisiones de manera brusca y personalista», reconoce.  El analizar la situación actual de la Iglesia, el papa latinoamericano reconoce que la milenaria institución necesita reformas y asegura que considera urgente «curar heridas», «dar calor» y «acompañar a las personas a partir de su condición», lo que incluye a los homosexuales y a los divorciados que se han vuelto a casar.  

«En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos ‘heridos sociales’, porque me dicen que sienten que la Iglesia les ha condenado. Pero la Iglesia no quiere eso», comentó Francisco.  

«En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia», insistió.   El papa reconoció que la Iglesia ha estado obsesionada con temas como el aborto, el matrimonio homosexual o el uso del anticonceptivo.  

 «No podemos seguir insistiendo solo en esas cuestiones. Es imposible. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello», subraya.   «Tenemos, por tanto, que encontrar un nuevo equilibrio, porque de otra manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la frescura y el perfume del Evangelio», añadió.  

«La propuesta evangélica debe ser más sencilla, más profunda e irradiante», dijo.    «Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia», aseguró el papa, quien subrayó que «el genio femenino es necesario en los lugares donde se toman decisiones importantes».

  «María, una mujer, es más importante que los obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la dignidad», sostiene el papa que aboga por «elaborar una teología profunda de la mujer». 

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