Papa reitera unidad cristiana

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CIUDAD DEL VATICANO (EFE).- El papa Juan Pablo II entregó ayer al Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, las reliquias de los santos Gregorio Nazianzeno y Juan Crisóstomo, en una celebración en el Vaticano en la que hizo un llamamiento a la unidad de todos los cristianos. “No me cansaré nunca de buscar firme y resueltamente la comunión entre los discípulos de Cristo”, señaló el Papa durante la solemne ceremonia ecuménica, celebrada en la Basílica de San Pedro.

   El patriarca Bartolomé agradeció el gesto “fraternal” de la Iglesia católica al devolver las reliquias y subrayó que con él se demuestra “que no existen en la Iglesia de Cristo problemas insuperables, cuando el amor, la justicia y la paz se encuentran en la sagrada diaconía de la reconciliación y la unidad”.

   Sentados el uno junto al otro tras saludarse con un afectuoso abrazo, Juan Pablo II y el Patriarca ortodoxo presidieron la ceremonia, al término de la cual se hizo entrega de las reliquias de los dos santos, obispos y doctores de la Iglesia.

   Protegidas por urnas de cristal, cada una en el interior de un gran relicario de alabastro, los vestigios de los santos fueron llevados entre cánticos en griego y latín al altar de la Confesión, donde el papa Wojtyla las besó antes de consignarlas a Bartolomé I, que repitió ese gesto.

   Para el anciano Pontífice, la entrega es una ocasión para reiterar la “voluntad de compromiso hacia la unidad cristiana”, pero también para reafirmar su papel en la comunidad de los fieles y ser “siervo de la comunión en la verdad y el amor”.

   En lugar de la homilía, que el Papa no pronunció, uno de sus colaboradores leyó la carta enviada en septiembre por Juan Pablo II a Bartolomé I, en la que anunciaba la decisión de consignar las reliquias al Patriarcado ortodoxo.

   En la misiva, el Pontífice aseguraba que en San Gregorio Nazianzeno y San Juan Crisóstomo, considerados santos tanto por católicos como por ortodoxos, “resplandece el común patrimonio de fe que, aunque de manera todavía no perfecta, nos une”.

   Las reliquias han estado en el centro de una disputa histórica entre ortodoxos y católicos, ya que los primeros afirman que fueron sacadas de Constantinopla en el año 1204, durante el saqueo de esa ciudad por parte de los cruzados, y acabaron en el Vaticano.

   La Iglesia católica, sin embargo, sostiene que los restos mortales de San Gregorio Nazianzeno llegaron a Roma en el siglo VIII, en la época de la persecución iconoclasta, para que estuvieran a salvo.

   En este sentido, el portavoz vaticano, Joaquín Navarro Valls, insistió en que la entrega realizada hoy no es una “restitución”, sino un “regreso” de los restos de los santos a su lugar de origen.

   Navarro Valls señaló que los dos santos, “venerados igualmente en Oriente y en Occidente”, fueron ejemplo de la búsqueda de la paz y la unidad en la Iglesia de Cristo, por lo que la ceremonia de hoy pretende, “más allá de las polémicas y de las dificultades del pasado, proponer de nuevo ese ejemplo edificante”.

   Bartolomé I se interesó por las reliquias durante la visita que realizó a la Santa Sede en junio de este año, con motivo de la festividad de San Pedro y San Pablo, y el Vaticano accedió a devolverlas.

   En un principio no se descartó que fuera el propio Juan Pablo II quien las llevase a Estambul e incluso se llegó a hablar del 30 de noviembre, fiesta de San Andrés, patrón de la Iglesia Ortodoxa, pero al final se decidió que la entrega se hiciera en el Vaticano.

   La actual es la tercera visita de Bartolomé I a la Santa Sede, donde estuvo el pasado mes de junio y en 1995.

   Juan Pablo II, por su parte, visitó en 1979 el Fanar, en Estambul (Turquía), el corazón del patriarcado de Constantinopla.    Está previsto que a su llegada a Estambul las reliquias sean depuestas en una capilla del Patriarcado hasta el día de la fiesta de San Andrés -patrón de la Iglesia Ortodoxa-, el 30 de noviembre, cuando serán definitivamente trasladadas a la iglesia patriarcal de San Jorge.