Para cuando termine el gobierno, muchos serían los empleos productivos que se habrán perdido

POR ARTURO MARTÍNEZ MOYA
Hay dos preguntas que tanto el consumidor como el empresario repiten a diario: cómo es posible que el gobierno no se dé cuenta que no hay dinero en la calle, que la economía está estancada, que el desempleo aumenta, si todo es tan evidente. La otra, porqué prefiere mirar para otro lado, y conformarse con que los parámetros macroeconómicos están estables, como si ello sólo tuviera significación para el consumidor y el empresario.

La gente siente que tiene un gobierno sin iniciativas, que ha perdido el rumbo, que no le está resolviendo, que espera que el FMI le diga lo que debe y lo que no debe hacer. Lamentablemente, justa o no, es la percepción.

Lo deseable hubiese sido tener un gobierno humilde, que no tenga problemas en aceptar la recesión como una realidad, sin sentir que se le está  estrujando que ha fracasado en la conducción de la política. Con un gobierno así el consumidor y el inversionista podrían haber aceptado el ciclo recesivo como una situación coyuntural, con la esperanza de que lo antes posible comenzaría el siguiente ciclo, de recuperación de la producción, lo que tarde o temprano siempre sucede. Si la sencilléz hubiese sido la característica, el gobierno no tendría necesidad de gastar tanto dinero en publicidad y propaganda, para tratar de convencer a la gente acerca de logros que ni se ven ni se sienten.

Si su apertura fuera tal que escuchara otras voces diferentes a las lisonjeras, a voces que nada le piden al gobierno que no sea una buena política económica para beneficio de todos, le hubiese permitido estudiar con la oposición y la sociedad civil, en un ambiente de seriedad, la mejor manera de enfrentar el ciclo de baja en el empleo y la producción que atravesamos desde hace muchos meses. Pero es evidente que ha preferido la actitud obstinada, de terquedad, con sus costos para la sociedad, porque ha permitido que empeore la recesión y que aumente el desempleo, que se deteriore la situación de los pobres y de los que viven de un salario fijo. Las autoridades de turno, que sin excepción son dirigentes políticos ó políticos que no dirigen a nadie, parece que se mantienen viviendo en un estado de levitación, hasta el punto de que, y dada la experiencia que se les supone, resulta increíble que también hayan olvidado que nada es gratuito, que todo tiene dos caras, que al costo económico de la sociedad se opone el político, y que es en las elecciones cuando el consumidor y el inversionista pasan facturas.   

Los economistas sabemos que por lo general la recesión la crea y la ataca la política monetaria. Aumentando en más de cincuenta mil millones de pesos la deuda, nuestro Banco Central ha propiciado un ciclo recesivo, y es la razón por la que la entidad puso tanto énfasis en vender la idea de que el PIB había crecido 4.3%. Pero el crecimiento del efectivo en mano del público, el que se usa para las transacciones diarias de comprar y vender, se ha reducido en lugar de crecer como se espera en cualquier economía que crezca, lo que es una consecuencia directa del aumento del endeudamiento masivo en que ha incurrido el Banco Central.

En el empeño de vender un crecimiento del PIB que en realidad nunca ocurrió, y siguiendo la recomendación del monetarismo superado de Milton Friedman, se juega con la definición de dinero, se prefiere emplear un concepto más amplio, los llamados agregados monetarios, para incluir depósitos bancarios que no están disponibles para las transacciones diarias. El rejuego le permite decir que en la economía no falta dinero, olvidando que los agregados monetarios no son otra cosa que una medida del tamaño del sector financiero, y nada más. El sector financiero puede crecer, y el hecho no invalida la tesis del ciclo recesivo, porque el crecimiento del sector financiero no se debe a un aumento en los activos productivos, sino a que los valores en el Banco Central aumentaron. El consumidor y el empresario, que sienten la recesión, no se confunden, y para que se les escuche mantienen el grito de alarma, repiten que en la economía no hay pesos. El gobierno y las autoridades monetarias, que deberían hacerles caso, prefieren tratar de demostrar lo que evidentemente es indemostrable, que la economia marcha bien.

 El cuello de botella del financiamiento bancario al sector privado, en parte es la causa del ciclo de baja en la producción y pérdida de empleos. No es posible pretender que la economía y el empleo aumenten en un ambiente donde el sistema bancario no esté disponible para el sector productivo. La obstinación del Superintendente de Bancos, que para complacer al FMI se resiste a introducir cambios en un reglamento que mantiene atado de pié y mano a los bancos y a los inversionistas, con la complacencia de las autoridades monetarias, que no se deciden a enfrentar la situación, está acabando con las posibilidades de que en el corto plazo se pueda hablar de aumentar la producción y el empleo en los sectores agrícolas, industrial, en el comercio, en el transporte.

Pero no sólo eso, la terquedad es un escollo para el aprovechamiento de las oportunidades que puedan presentarse con el tratado de libre comercio con los Estados Unidos en el mediano plazo. Si el sector privado no puede realizar las inversiones que se requieren para mejorar las plantas físicas y para financiar el entrenamiento de los trabajadores, es imposible pensar en que la productividad aumentará, tomando en cuenta además que el país apenas invierte el 2.4% del PIB en educación, cuando la media en américa latina es 4.3%. Mientras, la productividad crece en los países centroamericanos, por lo que será muy dificil que productos dominicanos puedan venderse en un ambiente competitivo.

Hay que decirlo con responsabilidad, si no se abre la ventanilla de los bancos comerciales, es casi imposible que las empresas dominicanas puedan abocarse a una reestructuración que les permita aumentar su productividad, y nada podrán exportar hacia los Estados Unidos. Parecería que las autoridades nacionales no analizan el impacto de sus políticas en otros sectores de la economía, no se están dando cuenta de que en el mediano plazo el crecimiento del nivel de vida de los dominicanos está fuertemente ligado al crecimiento de la productividad. Me pregunto y no tengo respuesta: Hay entendimiento de esa relación?

Mucha gente se creyó que los que asumieron el poder en el 2004 eran gente de ideas, pero ha resultado que son gente que siguen ideas, en este caso las del FMI, las mismas que han fracasado en cualquier parte del mundo. Al gobierno y al FMI les ha fallado el enfoque, la teoría detrás de todo lo que han hecho, se entiende que el FMI no lo admita, está en juego la credibilidad de su programa, pero lo que no se entiende es el silencio del gobierno dominicano. Qué esperaban la gente del FMI, del Banco Central y del gobierno?  Lo que en teoría debió darse, que con la apreciación del peso se produjera una brúsca caída de los precios, lo que hubiese incidido positivamente sobre el poder adquisitivo de los salarios, que ya habían aumentado. Con ese movimiento no era necesario que el efectivo en manos del público se mantuviera en crecimiento, y el Banco Central tranquilamente se podía dedicar a endeudarse cada véz más, así como ha sucedido, y sin que la economía entrara en recesión. Pero los precios le jugaron una tratada al FMI, al Banco Central y al gobierno. Se congelaron por las nubes, y ahora comienzan a subir, siguen un proceso contrario a lo esperado.

Los precios están subiendo y no debería extrañar, porque los hombres de empresas conocen lo que hará el Banco Central en agosto, en diciembre, y en cualquier momento. Estamos en presencia de una política monetaria ineficáz, porque es altamente predecible, todo el mundo sabe que la política se reduce a la venta de certificados cero cupón para refinanciar la deuda del mismo Banco Central, para mantener el circulante en niveles bajos, para mantener apreciado el peso a pesar de que se habla de competitividad, y para reducir la demanda agregada de la economía. Esa política ya forma parte de las expectativas de los empresarios, que inteligentemente la han incorporado a sus políticas de precios, de modo que la política monetaria es la responsable de que los precios estén subiendo.

El muñeco no salió como se pensaba, corresponde al gobierno demostrárselo al FMI, que sí lo sabe pero espera que el gobierno tome la iniciativa.  El FMI mantendrá su posición de que se mantengan congelado los quince mil millones de pesos (o algo parecido) en el Banco Central, mientras el gobierno quiere gastarlo, pero sin argumentos teóricos. Es tiempo de que el gobierno desarrolle sus propias ideas, que deje de lado los consejos de expertos que viven repitiendo la misma fórmula donde quiera que van, y a los que no le va ni le viene el costo social. El gobierno debe comportarse como lo que se pensó que eran, gente de ideas, y plantear con carácter el uso de los recursos para pagar parte de los intereses de la deuda del Banco Central y para desbloquear la economía con inversiones necesarias. Al mismo tiempo se estaría corrigiendo fallas fundamentales en el manejo de las finanzas públicas. Me explico.

No tiene sentido el que el gobierno haya sacrificado la inversión, el empleo de miles de trabajadores, el aumento del PIB, para ahorrar un promedio mensual de dos mil millones de pesos, sólo para que el Banco de Reservas le pague menos de 12% anual, si al mismo tiempo adeuda al sistema bancario nacional más de cuarenta mil millones de pesos, por los que está pagando a los bancos comerciales un interés pasivo cercano al 25% anualmente. Es evidente que ha habido un costoso descuido en el manejo del cartón financiero del gobierno, porque al parecer otros asuntos, como los de carácter políticos y partidarista, han sido más importantes, les han ocupado toda la atención a los responsables. Sacrificar la inversión, el empleo, la producción, incluso tener pérdidas financieras por el mal manejo de los recursos y de la cartera de préstamos del gobierno, sino es un crímen social por lo menos está cerca de serlo.

Si el gobierno comienza a hacer pagos (aúnque simbólicos) al Banco Central, la entidad puede reducir su tasa de endeudamiento mensual, lo que iría en beneficio de la actividad productiva privada. Como la producción y el empleo se sentirían aliviados, los precios dejarían de tensionarse. Lo que no puede seguir sucediendo es que el gobierno y el Banco Central se queden sin hacer nada, con los brazos cruzados, porque hace tiempo que las experiencias en los Estados Unidos y en el mundo, han desmentido la tesis monetarista de Milton Friedman, compartida por Robert Lucas, el economista de las expectativas racionales, de que las recesiones se corrigen solas. La nuestra es peor, el ciclo lo ha causado una política monetaria altamente restrictiva y el gobierno le ha inyectado gasolina con un ahorro sin sentido. Por eso es necesario la intervención tanto del gobierno como del Banco Central.