Para ejercer el derecho a saber necesitamos un pueblo de lectores

El éxito del periodismo crítico y de investigación que eclosionó en Estados Unidos a principios del siglo pasado, se debió en gran medida a que en ese tiempo tenía como destinatario o receptor a un pueblo de inmigrantes alfabetizados, lectores ávidos que devoraban periódicos y revistas de manera impresionante.
La prensa norteamericana ha jugado un importante papel en el sistema democrático. A inicio de 1900 Estados Unidos era una sociedad en ebullición, donde la gran industria y la tecnología iniciaron el camino a convertirla en la gran nación.
Junto a ello aparecieron altos niveles de corrupción que hacían estremecer a las personas decentes: La prostitución, la venta de leyes, la compra de alcaldes, senadores, y grandes vicios de crecimiento que obstaculizaban las reformas sociales.
Los periodistas con sentido del papel que debían jugar para que la sociedad no fuera una vergüenza para la mayoría, se atrevieron a investigar y cuestionar las acciones corruptas de sus dirigentes.
Al mismo tiempo creció una prensa responsable, como consecuencia de la demanda de los lectores y ciudadanos que exigían el derecho a estar debidamente informados. De ahí el surgimiento de los llamados por el presidente Theodore Roosevelt Mucrakers, periodistas investigadores que se atrevieron a enfrentar con la verdad al régimen corrupto que socavaba los cimientos de una sociedad en crecimiento. En esencia, un pueblo que leía, unos periodistas que investigaban y una prensa responsable que no aceptaba la censura de la administración, se constituyeron en el fuerte que motorizó la autorregulación de la sociedad.
Un pueblo que no lee se hace vulnerable y fácil presa de las dictaduras. Los 31 años de Trujillo y todas las lacras que nos han afectado se posesionaron sobre un pueblo de iletrados, en el que a la mayoría no le gusta leer. Somos más audiovisuales, por tanto, nos convertimos en repetidores, no en pensadores.
Ahora que se celebra la Feria del Libro, es pertinente que en las escuelas, en los barrios y en todas partes se propicie la lectura, de tal manera que nuestra población no sea víctima de la falta de información sobre temas fundamentales como el decoro, la ética y otros valores que parecen inhabilitados, y quienes los proclaman subversivos.
Estamos a tiempo de reaccionar, y más con recursos suficientes como los destinados por el gobierno a la educación, una inversión social cuyos resultados debieran ser conocidos por todos, ya que todos pagamos ese 4% por el que luchó este pueblo.