Para enterrar a Juan Bosch y a Juan Isidro Jimenes Grullón (Parte 1)

Para enterrar a Juan Bosch y a Juan Isidro Jimenes Grullón (Parte 1)

Juan Bosch

Las confrontaciones por alcanzar supremacía y reconocimiento en el universo de las ideas del campo intelectual son fascinantes en la historia del desarrollo del pensamiento en la cultura occidental.

Durante la Edad media los saberes más complejos los manejaban los clérigos por lo usual al interior de los monasterios y en las incipientes universidades. Su enclaustramiento, sometido a ejercicios y disciplinas espirituales severas dejaban pocos asideros para el desbordamiento de ciertas pasiones humanas, tales como los celos y la envidia.

Apunta la filósofa francesa Elisabeth Badinter en su libro “Las pasiones intelectuales”, tomo I, que los clérigos (equivalentes al intelectual moderno) trabajaban en equipo al margen de la sociedad.

Su trabajo casi ignoto, demandaba silencio, humildad y hermandad entre los pares. No implica que no hubiera manifestaciones de pasiones y conflictos al interior de los monasterios, pero estos muy rara vez se solventaban a la luz de la esfera pública.

Hubo que esperar al estallido renovador del cambio de paradigma renacentista para que ciertos saberes salieran a la publicidad lo que supuso la apertura a batallas en los campos de los saberes científicos y humanistas con la finalidad de alcanzar pequeñas cuotas de poderes simbólicos, científicos y prácticos. Se desató una pulsión por alcanzar la gloria y el reconocimiento individualmente.

Si en el campo intelectual y político dominicano del siglo XX hubo dos pensadores que se enfrentaron a grandes acometidas, motivadas sobre todo por pasiones ideológicas y políticas, esos fueron Juan Bosch y Juan Isidro Jimenes Grullón.

Ambos, sin embargo, también motivado por otras pasiones política-partidistas al margen de sus propias beligerancias, iniciadas en sus años de exiliados, no han sido ubicados del todo en su justa perspectiva histórica.

De ahí deriva una ringlera de fábulas, leyendas, calumnias y tergiversaciones que todavía se siguen remachando sobre las luchas que sostuvo ese duplo tan refulgente a partir de 1944 (en su exilio en Cuba) hasta el día de la muerte de ambas lumbreras.

Juan Isidro murió el 10 de agosto de 1983 y Juan Bosch el 1 de noviembre de 2001. Se fueron a sus respectivas tumbas sin reconciliarse y sin perdonarse mutuamente. Hay quienes aseguran que Bosch era más rencoroso que Juan Isidro.

Desde mi perspectiva, y humanamente, planteo ambos incurrieron en caídas como secuelas de las pasiones desenfrenadas que en algún momento los cegaron irracionalmente. Ambos, también, por los buenos designios que los guiaron en la afirmación de la libertad y la construcción de la democracia dominicana también acertaron racionalmente.

Un acercamiento mínimo a las batallas que sostuvieron los dos intelectuales demanda establecer un paralelismo entre ambas figuras al modo en que lo hicieron Plutarco en “Vidas paralelas”, de notables del mundo antiguo, y del marginado historiador nativo Rufino Martínez (Puerto Plata, 1893-1975), en “Hombres dominicanos”.

Tal tentativa permitiría escarbar en lo profundo de ambas vidas hasta dar con la génesis y desarrollo de un conflicto que dialécticamente obligó a los dos pensadores a calibrar su pensamiento: uno y otro se necesitaron mutuamente y se complementaron.

Ello, porque un rival de valía contribuye a hacer crecer a su contrario: el deporte es el mejor ejemplo. Bosch necesitó de Juan Isidro y Juan Isidro de Bosch. Los contrincantes se afinan y se fortalecen. No se trata del reduccionismo maniqueísta de que uno fue el bueno y otro el malo. Hay que revisar en sus contextos las contigüidades y las disconformidades.

Veamos: Juan Isidro nació en 1903 y Juan Bosch en 1909, pero aún la diferencia de seis años ambos se asombrillan en la misma generación de intelectuales que gravitan en el país después de la muerte del dictador Ulises Heureaux Lebert, Lilís (1899), el Conchoprimismo, el trauma de la invasión norteamericana de 1916-1924 y el gobierno de Horacio Vázquez hasta la llegada de la tiranía de Trujillo en 1930.

En cuanto a orígenes de clase, Juan Bosch provenía de una familia de la pequeña burguesía comercial agraria, de padre español y madre puertorriqueña. Juan Isidro, en cambio, de una familia de abolengo de raigambre burguesa ligada al poder del Estado: su bisabuelo, Manuel Jimenes, de origen cubano y héroe de la independencia de 1844, había sido presidente durante la primera República y su abuelo Juan Isidro Jimenes Pereyra había ocupado la presidencia del país en dos ocasiones durante las dos primeras décadas del siglo XX.

Su padre José Manuel Jimenes ocupó un ministerio público por poco tiempo durante la primera administración de Trujillo. Posteriormente el tirano lo encarcelo junto a su hijo Juan Isidro en 1934.

Juan Isidro estudió en instituciones elitistas capitalinas a donde asistían las proles de las élites criollas. Juan Bosch asistió al Colegio San Sebastián y posteriormente al liceo Don Pepe Álvarez de la provincia de La Vega, institución pública que acogía estudiantes de clase media, a los pobres y a los hijos de las familias de los campos aledaños.

Juan Isidro se graduó de Bachiller y entró a estudiar medicina a la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Mientras era estudiante de secundaria Juan Isidro fue enviado a Alemania con las intenciones de completar sus estudios secundarios en ese país, pero regresó a la RD antes de completarlos. Juan Bosch, en cambio, nunca se graduó de bachiller y no ingresó a la universidad.

Se dedicó tempranamente a viajar junto a su padre por la Línea Noroeste en un camión que poseía su progenitor para comercializar productos agrícolas. Suplió su formación escolar de manera autodidacta en la biblioteca de uno de sus abuelos.

En 1923 Juan Isidro se va a La Sorbona de París a estudiar medicina y en 1929 se gradúa de médico especializándose en enfermedades tropicales.

Regresa al país ese mismo año. Durante su estadía de seis años en Francia, Juan Isidro conoce y hace amistad con figuras sobresalientes del mundo letrado y político europeo y latinoamericano, a saber: el argentino José Ingenieros, el peruano José Carlos Mariátegui, el cubano Julio Antonio Mella, el mexicano José Vasconcelos, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre (fundador del APRA) y los españoles Vicente Blasco Ibáñez y Miguel de Unamuno, entre otros intelectuales ya de renombres internacionales. También participa como uno de los organizadores de la Asociación General de Estudiantes Latinoamericanos en París.

Aquí se hace amigo de Carlos Quijano, futuro fundador de la emblemática y progresista “Revista Marcha” de Uruguay. Además de publicar su libro de poesía “Aguas del remanso”, 1926, durante su periplo parisino envía una serie de escritos al periódico El Listín Diario que titula “Crónicas de París” … Valga anotar que para fines investigativos he recuperado varias de esas crónicas de la hemeroteca del AGN.

Mientras en La Vega, en plena pubertad, Juan Bosch empieza a escribir sus primeros cuentos bajo la tutela del sólido y notable intelectual cubano Federico García Godoy. En 1923, año que Juan Isidro se marcha a estudiar medicina a París, Juan Bosch publica varios poemas en el medio “Las Brisas de Birán. Curiosamente en 1929, momento en que Juan Isidro regresa de París y se establece como médico en la ciudad de Santiago, Juan Bosch empieza a publicar artículos en los periódicos El Listín Diario y El Mundo.

Antes de esos primeros ejercicios periodísticos y literarios Bosch se había desempeñado como dependiente de las casas comerciales Ramón Corripio y en la Casa Font Gamundi y Cía. En 1929 los padres de Bosch lo envían a Barcelona para que conociera a sus familiares paternos. De manera, que cuando Juan Isidro regresa de Europa, Bosch viaja por primera al viejo continente donde se desempeñará en varios oficios vinculados a la publicidad.

Contrario a Juan Isidro, que ya tenía tendencias políticas americanistas por las influencias que sembraron en él en Francia Víctor Raúl Haya de la Torre y José Vasconcelos, a Juan Bosch no le interesaba la política sino solo convertirse en escritor profesional y dedicarse a la literatura. Juan Isidro, además simpatizaba con la revolución Rusa, la figura del revolucionario León Trotsky y el pensamiento anarquista.

El advenimiento de la dictadura de Rafael Leónidas en 1930 trastocaría y les cambiaría la vida a ambos intelectuales: primero lo haría camaradas y cómplices para intentar derrocar al tirano y luego los convertiría en dos acérrimos enemigos y contendientes que librarían reñidas batallas intelectuales, políticas e ideológicas muy apasionadas, tanto en el exilio como tras el regreso del exilio de ambos en 1961 luego del ajusticiamiento del tirano. Sus conflagraciones tomarán otros giros. En la próxima entrega se abundará sobre sus batallas en el exilio y el postexilio.

En cuanto a orígenes de clase, Juan Bosch provenía de una familia de la pequeña burguesía comercial agraria, de padre español y madre puertorriqueña. Juan Isidro, en cambio, de una familia de abolengo de raigambre burguesa ligada al poder del Estado

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