Para fluir: descarga tu mochila

La depresión, la angustia, la ansiedad y los miedos están relacionados con el pasado. A veces no con cualquier pasado. Más bien, con un pasado culposo, traumático, de abandono, de desafectos y desapegos, de abusos que se instalan en la vida infanto-adolescente, y se fijan en el sistema límbico, en las amígdalas cerebrales, para formar parte de las emociones y los sentimientos.

Ese pasado ata, limita, victimiza, secuestra, y nos mantiene de rodillas por varias décadas y, a veces, de por vida. Pero, la real trampa del pasado descansa en la inseguridad, el inmovilismo por el miedo, la baja autoestima, la pobreza espiritual y el gran sentido de culpa por una historia de la que usted no construyó, no fue responsable, pero alguien lo hizo participar. Ese pasado se ha sentado en el inconsciente emocional y psicológico de una familia, de un hombre o una mujer; secuestrando su cerebro racional y emocional; pero también, su ilusión, sus propósitos y motivaciones, para no dejarle fluir, y mantenerlo en el vacío o en el fondo de las actitudes emocionales negativas: ira, frustraciones, enojo crónico, miedo, tristeza, culpa, resentimiento, odio y sed de venganza. El resentimiento es estar dolido y no olvidar, al no olvidar, almacena, carga y sostiene toda una columna de daño que altera la estructura cerebral. Esa condición crece con la personalidad distorsionando su percepción, sus sentimientos, su valoración y su estilo de vida que, para resguardarse utiliza ese pasado a través de los rasgos de la personalidad, con comportamiento, conducta, y trastorno de la personalidad: límite, antisocial, pasivo-agresivo, narcisista y persona de estructura neurotizada.

Para vivir la vida más ligera o liviana existencialmente, hay que descargar o vaciar la mochila del pasado. Literalmente, siéntese a reflexionar, para darse esa oportunidad de dejarse culpabilizar por una historia que usted no fue responsable y, si lo fue, ya no tiene sentido continuar culpándose; Acepte que se equivocó, acepte la pérdida, la derrota, la exclusión, el rompimiento, pero vacíe la mochila. Suelte una vez y por todas ese enojo con la madre, el padre, el hermano, la expareja, el amigo, etc. Saque de la mochila todo lo pesado de esa dura carga que presenta el odio, resentimiento, la culpa y la angustia. Con los días, la semana y meses, se sentirá más liviano emocionalmente, con menor presión en la cabeza, en el pecho; pero también, más relajado de los hombros y la espalda para respirar mejor y el corazón latir con mayor libertad.

La vida es corta. No hay oportunidades después que la toman. Vivirla y asumirla de forma armónica, saludable y para la felicidad, depende de vaciar la mochila, para poder fluir. Una persona fluye y potencia sus logros cuando supo armar el proyecto de vida para el presente y para el futuro. El presente se vive “en el aquí y el ahora”; A cada instante, en cada momento, en cada circunstancia, se trata de asumirlo con pasión, con energía y positivismo, pero con muchas ganas e ilusión hacia el mañana. No se angustie por un futuro que no llega, pero siempre llega. A unos le tomará con la mochila muy cargada, a otras medio pesadas; sin embargo, en los más inteligentes, estará más liviana, para permitirle llegar más lejos, debido a que están más ligeros de equipaje.

La clave es aprender a vivir liviano, sin muchas deudas, sin tantos créditos y sin una vida que se angustie y se viva con el miedo a perderlo todo, incluyendo la propia mochila existencial. Para fluir hay que ser auténtico, natural, transparente, sano, altruista y solidario. Para llegar lejos, hay que conciliar el pasado, superarlo y entenderlo; pero hay que asumir el presente y prepararse para fluir con buenos compañeros de viajes, y para que le recuerden como un pasado laborioso, sano, oxigenante, nutriente y para la prosperidad.