¿Para qué sirve un Plan de Desarrollo?

BIENVENIDO ÁLVAREZ-VEGA
Creo que el principal valor que tiene para una nación como la República Dominicana diseñar un Plan Nacional de Desarrollo es dejar atrás la improvisación, el repentismo, la visión de cortìsimo plazo y la vocación populista con que nuestros gobernantes han ejercido el poder. El lugar de estas deficiencias gerenciales sería ocupado por la planificación, es decir, por la concepción de proyectos y programas que irían del corto al largo plazo.

No piense el lector que nos estamos refiriendo a los programas de gobierno que suelen presentar los partidos en tiempos electorales para ganar las elecciones.

Estos son listados de intenciones que procuran, principalmente, conquistar la buena voluntad de los electores. Una vez en el poder, los ganadores de los comicios suelen olvidar sus propuestas y se sumergen en el día a día. Cuando hablamos de un Plan Nacional de Desarrollo estamos pensando en otro instrumento de trabajo. Para elaborarlo se hace necesario partir de un conocimiento o diagnóstico detallado de la realidad, es decir, del conocimiento de las condiciones del país en áreas como la salud, la educación, los deportes, los servicios públicos, las obras de infraestructura, la generación eléctrica, el empleo, el desempleo, la marginalidad, la pobreza, la agropecuaria, las finanzas públicas, la población, las condiciones de vida de los habitantes, los municipios, la minería, la industria, la foresta, la fauna, el turismo, la demanda de alimentos, las exportaciones, las importaciones, el consumo de derivados petroleros, las condiciones del tiempo, la deuda interna y la deuda externa, los acuerdos suscritos con otros estados y con organismos internacionales, etcétera. A partir de este conocimiento detallado de estos y muchos otros elementos, las fuerzas políticas y sociales del país definirían las metas de la nación, es decir, hacia donde queremos encaminarnos, qué sociedad deseamos tener y con qué características en un determinado horizonte de tiempo. El tercer paso consistiría en determinar si los dominicanos cuentan con los recursos necesarios para llegar hasta donde desean en los años trazados. Esta fase del diseño de un Plan Nacional de Desarrollo es particularmente importante, porque podríamos descubrir nuestras fortalezas y nuestras carencias. Por ejemplo, nos encontraremos con que tenemos unos recursos humanos con una educación promedio muy reducida, muy pobre, que apenas llega al quinto curso. Nos daremos cuenta, además, que carecemos de una férrea disciplina social, elemento indispensable para emprender grandes tareas y grandes retos.

La adopción de un Plan Nacional de Desarrollo tendría que concebirse, elaborarse y desarrollarse, en una sociedad de vocación democrática como la dominicana, en acuerdo con las principales fuerzas partidarias y los sectores sociales que integran la sociedad civil. Es decir, tendría que ser un Plan de consenso, pero a partir del disenso, es decir, de la exposición de los distintos puntos de vista que hubieren sobre el particular. Una decisión de esta naturaleza, o sea, la adopción de un Plan Nacional de Desarrollo, tendría extraordinarias implicaciones económicas, sociales y políticas. La República Dominicana daría un salto cualitativo singular y empezaría un proceso político y económico sustancialmente diferente al que ha seguido en los últimos 43 años. La gerencia política, la gerencia económica y la gerencia social que se practica desde el gobierno, en nombre del Estado, sería diferente. La improvisación se reduciría a su mínima expresión y el pragmatismo que enmascara intereses personales, intereses partidarios e intereses grupales también quedaría minimizado. Las sociedades y las naciones también necesitan, como las personas y las empresas, tener sus agendas de trabajo y de inversiones a largo plazo. Si bien es cierto que no hay mediano y largo plazo sin el corto plazo, la verdad es que los primeros nos permiten levantar la mirada más allá del día a día y a que como sociedad nos veamos en términos futuros, en términos de mañana.

La dirigencia gubernamental dominicana tiene una enfática inclinación por la improvisación. Se siente impulsada a actuar para responder a las necesidades cotidianas de sus feligreses, sin importarle mucho las grandes ideas, los grandes planes y las metas a largo plazo. Piensa que el largo plazo conspira contra sus intereses electorales. Se trata de una dirigencia que, sin importar la formación académica de sus miembros, se parece al pulpero del barrio que compra por la mañana y quiere vender rápido, aunque su rentabilidad sea menor. Rechaza la mentalidad empresarial, que es la de los grandes proyectos, de proyectos que tienen que concebirse, gestarse, instalarse y esperar su tiempo de maduración como negocio. Para que empecemos a superar nuestras limitaciones de nación de poco desarrollo económico-social es necesario —digamos que urgente— encuadrar el presente y el futuro dentro de un Plan Nacional de Desarrollo.

bavegado@yahoo.com