Para triunfar en la vida

SERGIO SARITA VALDEZ
Eduardo Galeano es un literato uruguayo nacido en 1940 con un estilo de escritor muy sui generis. Quien lea sus trabajos no podrá confundirlo con los de otra persona ya que resalta demasiado su autenticidad. De su libro “Bocas del tiempo” hemos querido tomarle prestado un fragmento de página, con el propósito de hacer una pequeña reflexión alrededor de su contenido. Ahí va pues el trabajo cuyo nombre honra el presente artículo.

“En 1999, según informó el diario The Times of India, una nueva institución educativa estaba funcionando exitosamente en la ciudad de Muzaffarnagar, al oeste del estado de Uttar Pradesh. Allí se ofrecía a los adolescentes una formación especializada. Uno de los tres directores, el pedagogo Susheel Mooch, tenía a su cargo el curso mas sofisticado, que incluía, entre otras materias, Secuestros, Extorsiones y Ejecuciones. Los otros dos directores se ocupaban de materias más convencionales. Todos los cursos incluían trabajos prácticos. Por ejemplo, para la enseñanza del robo en autopistas y carreteras, los estudiantes, agazapados, arrojaban algún objeto metálico sobre el automóvil que elegían: el impacto detenía al sorprendido conductor y entonces se procedía al asalto, que el docente supervisaba.

Esta escuela había surgido para dar respuesta a una necesidad del mercado y para cumplir una función social. Según explicaron los responsables de la institución, el mercado exigía niveles cada vez más altos de especialización en el área del delito, y la educación criminal era la única formación profesional capaz de asegurar a los jóvenes un trabajo bien remunerado y permanente.

La noticia me dejó preocupado. Desde que la leí, he estado meditando el asunto…”.

Los avances logrados en la República dominicana en material delincuencial durante el período 2000-2004 difícilmente puedan ser superados por otro gobierno. La epidemia de asaltos, robos, asesinatos, secuestros y suicidios constituyen una bochornosa página roja en la historia nacional. La caterva de narcotraficantes que consiguieron enquistarse en las altas esferas del poder para desde allí ejercer su dañina influencia suma una cifra digna del libro de extravagancias Guinness.

El número de empresarios y particulares diplomados en evasión de impuestos creció como la verdolaga en el pasado cuatrienio. Los desfalcos al erario público desde las distintas dependencias del Estado están todavía pendiente de contabilización.

El vulgar y distorsionado régimen populista que condujo los destinos nacionales sembró una cizaña cuyos frutos recién comenzamos a cosechar. Cada vez que oímos la noticia de que una respetada y distinguida anciana viuda es sofocada inmisericordemente para robarle sus pertenencias, vemos en ello una sencilla muestra de lo que son capaces los egresados de la escuela del latrocinio criminal, sostenida y abonada por quienes ayer tuvieron a su cargo la salvaguarda de las propiedades y la seguridad pública y privada.  Lamentablemente, tardará un doloroso espacio de tiempo antes de se puedan corregir los entuertos heredados de la pasada administración. Desmantelar esa academia de pillos montada por el PPH y su gente representa una titánica labor que recién ha iniciado el actual gobierno.

El reto está lanzado. Hay gente apostando a la ingobernabilidad y al caos. Del otro lado de la valla estamos los que creemos en el desarrollo armonioso dentro de un marco legal y digno. La escuela de la violencia tendrá que cerrar sus puertas para que en su lugar se abran las aulas de la concordia, la paz, la confianza, el progreso y el bienestar colectivo.

Seguimos en marcha hacia delante y sin retroceso con la fe del vencedor, convencidos de que lo pasado es pasado. El futuro dominicano sigue siendo luminoso y promisorio, muy a pesar de estos fugaces nubarrones.