Para una ciudad inclusiva

AMPARO CHANTADA
Para poder exhibir logros significativos en la política social de viviendas económicas o no, el Estado y el sector privado deben combinar dos metas: eficiencia y sostenibilidad. No se puede exhibir solamente metas cuantitativas excluyendo indicadores sociales de progreso y bienestar. Es decir que la vivienda debe desencadenar una serie de mejorías físicas y sociales en términos de salud, de educación, de equilibrio emocional etc.

Una vivienda es parte de un barrio y un barrio de una ciudad. Consciente de esa situación, cuando se anunció el proyecto Resure final de los 80”s, se propició una batalla conceptual entre urbanistas y arquitectos, poniendo en evidencia metodologías e ideologías diferentes, que logró detener ese proyecto, que se presentaba acompañado de un Cinturón Verde, que desalojaría a miles de familias pobres. Por excluyente y altamente aprovechada por los especuladores inmobiliarios, a la espera de la recuperación de terrenos centrales, esa solución técnica se abandonó.

Entre 1990 y 1992, en la UASD, para formar arquitectos conscientes de la necesidad de buscar soluciones urbanas, factibles y realistas, para el país, formé “Los talleres populares de mejoramiento urbano”, gracias al apoyo del Arq. Luis Despradel de donde salieron formados dos generaciones de profesionales, preparados para enfrentar las limitaciones económicas del país y las justas aspiraciones de los pobladores, de vivir en la ciudad. Algunas de estas propuestas, acompañadas de diseños envidiables, fueron firmadas por mi amigo Arq. Joaquín Gerónimo.

Desgraciadamente, en la gestión 1996-2000 se asumió la continuidad de Resure, esta vez adornándolo de mejoramiento barrial con participación comunitaria pero manteniendo la construcción de una circunvalación, costosa económica y socialmente. Otro fallo, no se divulgó y no se sometió a discusión pública.

Ahora, de nuevo, Conau asume Resure, de manera apresurada, sin entender que la ciudad ha cambiado y la sociedad también y que por lo tanto, una reinterpretación del Resure se impone. Primero abandonando ese nombre marcado por su pecado original, segundo que se debe asumir como un proyecto global pero iniciando por partes, por sector, comprobando alcances. El Resure fue concebido con la participación comunitaria como un proyecto eminentemente educativo, que provocaría cambios en la gente, en las mentalidades y generaría oportunidades para mejorar la calidad de vida de la población. No en vano se combinan autoconstrucción y autogestión que necesitan de la aprobación previa de la población. Es decir que se debe rediscutir ese proyecto, actualizarlo y ponerlo en discusión para que los moradores y sus autoridades morales y religiosas, lo validen. Sin avenida, los habitantes necesitan solamente una ampliación de sus calles existentes, sin que se inviertan sumas millonarias en una avenida cuando las necesidades son tan grandes y no alcanzan tantos millones.

Por eso, querido amigo Joaquín Gerónimo, debemos de nuevo estudiar esa parte de la ciudad, entender su funcionamiento, sus necesidades y reformular un nuevo plan. Hay que repensar un Resure más estratégico y someterlo para aprobación a la población, para su implementación. Así se habrá enterado el viejo proyecto inicial, controvertido y antipopular por este, que la población aprobara, sin dudas algunas, cuando lo conocerá.