Paraison cree con renuncia Jovenel Moïse no se solucionaría crisis Haití

Thousands of demonstrators march in the street as they chant anti-government slogans during a protest to demand the resignation of President Jovenel Moise and demanding to know how Petro Caribe funds have been used by the current and past administrations, in Port-au-Prince, Haiti, Thursday, Feb. 7, 2019. Much of the financial support to help Haiti rebuild after the 2010 earthquake comes from Venezuela's Petro Caribe fund, a 2005 pact that gives suppliers below-market financing for oil and is under the control of the central government. (AP Photo/Dieu Nalio Chery)
Thousands of demonstrators march in the street as they chant anti-government slogans during a protest to demand the resignation of President Jovenel Moise and demanding to know how Petro Caribe funds have been used by the current and past administrations, in Port-au-Prince, Haiti, Thursday, Feb. 7, 2019. Much of the financial support to help Haiti rebuild after the 2010 earthquake comes from Venezuela's Petro Caribe fund, a 2005 pact that gives suppliers below-market financing for oil and is under the control of the central government. (AP Photo/Dieu Nalio Chery)

La renuncia del presidente Jovenel Moïse no representará la solución a la crisis socioeconómica y política que afecta a Haití pero sería un gran alivio para la nación debido a la radicalización de la lucha que se mantiene en las calles desde hace ocho semanas, consideró Edward Paraison, presidente de la Fundación Zile.
Al hacer ese señalamiento expresa que, en el contexto de la inestabilidad política que se origina en el reclamo de la salida del poder de Moïse, “la preocupación mayor son las bandas armadas”.
“Con cientos de miles de armas ilegales en uso en el país, pese a la prohibición de importación vigente, dichas bandas, que tienen altas conexiones políticas, controlan algunas zonas de la capital y de departamentos del interior.
“Esas armas han crecido en número e incidencia en los últimos años, por lo cual algunos expertos dicen que estamos ante el peligro de una “somalización” si no se busca la manera urgente de desmantelarlas”.
El origen de la crisis actual. Haití, el país más pobre del hemisferio y el que aporta más migrantes a la República Dominicana por razones de sobrevevincia, arrastra una pesada carga de inequidades sociales que se mantienen como permanente bomba de tiempo.
En ese contexto, Paraison explica que la situación de su país es profundamente compleja porque combina elementos estructurales y coyunturales derivados de las desigualdades sociales históricas y por la llegada al poder de un sector de la comunidad internacional de los autollamados “bandidos legales”, que están integrados en el “partido haitiano de las cabezas rapadas” (PHTK)”.
“Sin ninguna visión, carente de una base política real, huérfano de autoridad moral, esa máquina saqueó el Estado a través de múltiples acciones de corrupción, lo cual, junto a la falta de un proyecto de nación que dirigentes del pasado no lograron emprender, agravó las condiciones paupérrimas de la mayoría de los haitianos víctimas de un sistema de explotación y exclusión manejado por influyentes actores económicos en complicidad con dirigentes políticos”.
“Jovenel Moïse es un heredero de dicha máquina y un producto del sistema. Para hacer frente al descontento popular que no ve otra salida a la crisis que su renuncia, intenta jugar dos cartas: el desgaste de la oposición y denunciar al sistema. En cuanto a esta última es lo que llamamos un proceso de implosión del sistema ya que sus sostenedores pelean entre sí”.
Moïse tambalea pero se mantiene en el poder. El presidente Moïse alcanzó el poder en febrero del año 2017 y sus opositores exigen su renuncia antes de cumplir dos años al frente del Poder Ejecutivo.
Ese reclamo se mantiene bajo la consigna “País cerrado”, que aún no logra su principal objetivo, el derrocamiento de Moïse.
Sobre el particular Paraison expresa que “hay dos elementos que deben ser considerados: la gran influencia en la vida nacional de un sector de la comunidad internacional que actúa en Haití de acuerdo con sus propios intereses.
“Para muestra un botón. A diferencia de la situación vivida con Jean Bertrand Aristide en el 2004, la posición de ese sector es aún de apoyo al mandatario, en base a supuestas preocupaciones extraoficiales relativas a la activa participación en las manifestaciones antigubernamentales de figuras políticas de dudosa reputación.
“Por otro lado, pese a constatar los esfuerzos de consensuar posiciones para mayor efectividad en la lucha, la llamada “mayoría silenciosa” en Haití no está convencida de la capacidad de los dirigentes de la oposición y otros grupos de la sociedad civil de manejar pulcramente la transición”.