Paraísos artificiales y la peligrosa trampa de sub-inversión eléctrica

Cuando ya se había declarado el triunfo eléctrico y todos los funcionarios anteriores descansaban en el panteón de los “descalificados”, de repente, regresan, con virulencia inusitada, los apagones. Las ciudades han perdido el encanto de sus noches, los negocios languidecen y la inseguridad se aposenta en la mente. Los cocteles molotov que lanzan en los pueblos son una mezcla de angustia, hastío y rabia. ¿Estamos en el verano de 1978, o el de 1986, 1991, 1996, 2000 o el más reciente de 2004? Este país es una gran maquina del tiempo que pierde la memoria al reiniciarse después de cada apagón.

La situación se ha tornado tragicómica. El Presidente sale dizque a buscar gas natural a los Emiratos Árabes (quizás la CDEEE lo ha convencido de esa loca y corruptora idea de intermediar la compra de combustible para generación eléctrica), teniéndolo mas barato al doblar de la esquina, en Trinidad y Tobago, de donde realmente lo compra la única empresa importadora, AES-Andrés, a través de un contrato de largo plazo con British Petroleum. Por su lado, el Secretario de Hacienda se lava las manos diciendo que el ha desembolsado el subsidio que manda el presupuesto.

El gabinete eléctrico se devana los sesos sobre la forma de pagar deudas y facturas corrientes, las viejas soluciones del carbón se han estrellado sobre los acantilados. Y la “luz al final del túnel”, vista por el superintendente de electricidad en sus escritos, no era más que un tren que venía directamente a estrellarse contra nosotros. Con mucha razón, varios periódicos lo han caracterizado como un Charlie Chaplin

Ahora las perspectivas son peores

Nunca se nos ocurrió que se cayera tan bajo como el caso de la jurásica idea de las barcazas y la inútil misión a México en búsqueda de El Dorado que no existe (el Acuerdo de San José). Alguien está desesperado y fuera de control. Es peligrosísimo que se sigan tomando decisiones tan incoherentes y desatinadas. Puede ser que alguna de estas se ponga en ejecución y entonces será peor. Este país ya ha pagado  caro por decisiones semejantes después del huracán George (9 contratos IPPs, incluyendo Cogentrix, y 6 plantas a gasoil) que envenenaron  la reforma eléctrica.

La terrible trampa eléctrica en que ha caído la economía dominicana tiene su origen en una crónica falta de inversión en la expansión del sistema. Factores como  el precio del petróleo, fallas institucionales, tarifa subsidiada, aumento de demanda, tasa de cambio, no son más que detonantes coyunturales que activan la  carga explosiva de la sub-inversión en el sector eléctrico.

Esta situación ha engendrado paradojas entrelazadas con gruesos hilos de ironía: la sub-inversión se produce precisamente cuando el gobierno ha dedicado más recursos que nunca antes para financiar el funcionamiento del sistema eléctrico, un promedio de casi mil millones de dólares por año. Sin embargo, el consumo de electricidad por habitante se encuentra prácticamente estancado desde el año 2003 y el precio real del servicio no ha cesado de aumentar. Todo parece indicar que los parámetros básicos del sistema eléctrico han cambiado, ya no es suficiente esconder las deficiencias bajo montañas de dinero del contribuyente. ¿Dónde esta el problema?

Modelo y Realidad

¿Cómo ha reaccionado el sistema eléctrico a esta crónica falta de inversiones? Casi exactamente como predice nuestro modelo de la trampa dinámica de ineficiencia sistémica. Primero, el precio marginal de la energía se ha incrementado, ya que los viejos contratos y tecnologías han reforzado su dominio (independientemente del precio de los combustibles que simplemente ha agudizado el problema estructural). Segundo, ha sido imposible abastecer más del 80% de la demanda, ya que no existe capacidad de generación  para abastecerla ni líneas de transmisión descongestionadas para transportarla.

Tercero, ha sido imposible reducir sustancial y sostenidamente la perdida de electricidad  debido al robo (estimulado por la tolerancia y hasta estimulo oficial, altas tarifas y sub-inversión en medidores).

En estas circunstancias, se producen que  el nivel de operación del sistema pasa a estar regulado por el nivel de subsidio estatal disponible; es decir, las empresas  producen la cantidad de electricidad que entienden el gobierno puede subsidiar. Por otro lado, a la sombra de las deudas recíprocas que se acumulan, las perspectivas de negocio se deterioran, se exacerban las disputas entre los agentes del mercado y se hace difícil la renegociación de contratos.

Esto no es todo

El proceso es dinámico, funciona de tal manera que se retroalimenta y refuerza a si mismo, haciendo cada vez peores las crisis cíclicas. Por ejemplo, al final del verano de 2008 el déficit de electricidad era aun peor que  en años anteriores.

Inversionistas

La inversión extranjera ha fluido a chorros en los últimos años, excepto al negocio eléctrico. Incluso, las tres empresas de generación más grandes del país (Egehaina, Egeitabo y AES-Andrés) colocaron grandes emisiones de bonos (US$450 millones), pero los recursos no fueron invertidos en activos de generación. El ejemplo más patético es que en el caso de las célebres plantas de carbón de CDEEE, se aseguró garantía soberana por el valor del total de la inversión (incluyendo las comisiones de los cabilderos)… y ni así se materializó.

Si bien es cierto que la inversión, como decía John Maynard Keynes (en 1936), depende de los “espíritus animales” de los inversionistas, la racionalidad pecuniaria es la gran domesticadora de dichas criaturas. Pero la rentabilidad exigida por un inversionista eléctrico no tiene las mismas condiciones que la inversión en valores (papeles) del Banco Central, o en propiedad inmobiliaria en las playas dominicanas.

¿Quién invertiría en un sistema eléctrico cuyo cierre financiero mensual depende del subsidio decidido por un grupo de políticos? En otras palabras: ¿Quién invertiría en un sistema eléctrico cuya rentabilidad depende de una institucionalidad reguladora fallida atrapada en infantiles juegos políticos, rehén de un sistema medularmente clientelista y que, como si lo anterior fuera poco, ha mostrado unos enormes colmillos estatistas? ¿Puede confiarse en la ligereza de un discurso que un día proclama la globalización y al otro su defunción? Los inversionistas han depositado sus votos, ha ganado la desconfianza.

La cifra

5,000 millones de dólares  se ha gastado en en subsidios eléctricos entre  2004 y 2008. . El gobierno central ha transferido US$ 2,900 millones (incluyendo lo programado para octubre-diciembre). La CDEEE ha percibido ingresos por unos US$ 1,400 millones, que han sido utilizados para subsidiar su déficit y financiar a las distribuidoras.

La Trampa

El corazón del problema es que todo sistema eléctrico,  requiere de un permanente flujo de importantes masas de inversión (en activos fijos) para poder funcionar con eficiencia. Inmediatamente después que se paraliza la inversión, la productividad comienza a deteriorarse. Y en estas circunstancias, solo basta el leve empeoramiento de alguna de las variables de su funcionamiento (robo, petróleo, subsidio, aumento de demanda) para detonar las crisis periódicas que conocemos cada verano.

Una trampa tiene un lado dulce y uno amargo. La parte dulce entusiasma y hace crecer. La parte amarga retuerce y engurruña. La inversión en el sector eléctrico se asemeja a una trampa. En efecto, Mantener un adecuado ritmo de inversiones eléctricas permite aprovechar a plenitud las virtudes de las economías de escala y de alcance del sistema, más fuertes en la electricidad que en ningún otro negocio, con lo cual se reduce aceleradamente el costo marginal a medida que se expande la demanda.

Es lo más cercano a un ‘circulo virtuoso’, verificado en muchos mercados eléctricos bien balanceados o en saludable expansión. Incluso fue disfrutado en el país durante el periodo 1955-1967 con el primer plan de expansión y de electrificación nacional de la CDE. Algo semejante casi ocurre en 2000-2004, aprovechando el impulso de la reforma.

Sin embargo, la crisis bancaria y la rémora de los contratos IPPs troncharon el proceso. Sin embargo, estas dulces virtudes se transforman en amargos vicios tan pronto el sistema eléctrico cae en desbalances, o se realizan malas decisiones de inversión, o se frena la inversión por un largo tiempo. Es precisamente lo que ocurrió en dominicana en 1970-1977, también en 1987-1997 y en 2004-2008 (como ha sido demostrado en varias investigaciones académicas). La característica fundamental del ultimo periodo, 2004-2008, es la falta de inversión, lo cual nunca antes había ocurrido por un lapso tan largo.