París como escenario del arte
contemporáneo del Caribe

París como escenario del arte <BR>contemporáneo del Caribe

POR CARLOS FRANCISCO ELÍAS
En su magnífica galería, la Alcaldía de París desde el año 2002, otorga asiento a un interesante proyecto para difundir el arte contemporáneo en aquella ciudad.  El nombre original del proyecto era Latitudes, y la idea era que la galería sirviera de vitrina internacional a muchos artistas desconocidos cuyo valor apenas se descubría con ver aquellas propuestas interesantes y descuidadas en apariencia en su factura pero plenas de fuerza y presencia.

Si bien la galería de la Alcaldía de París había ofrecido exposiciones interesantes, todo parecía indicar que con Latitudes el entonces nuevo alcalde socialista Bertrand Delanoe quería enviar un mensaje significativo sobre la necesidad de que la ciudad, desde su galería, se interesara por un arte producido lejos pero que en sus propuestas era capaz de reflejar lo que sucedía en ultramar con respecto al arte contemporáneo.

Para curarse en salud y con un presupuesto en aquel momento no muy amplio, el año 2002 fue el punto de partida del proyecto.

Se eligió entonces el arte de lugares de las posesiones francesas de ultramar para realizar este proyecto; ellos son en el Caribe: Martinica y Guadalupe, más alejado hacia el continente sur, Guyana francesa, y mirando hacia el Pacífico sur, la isla de la Reunión, cuyo folclor, pese a la distancia, es bien parecido al de la República Dominicana.

Así se inaugura en diciembre del año 2002 en París la exposición Latitudes 2002, que logra reunir artistas de gran talento y tradición tanto en Martinica como en Guadalupe, donde la pasión por la pintura es digna de tomarse en cuenta.

Valdría la pena entonces traducir el discurso del alcalde de París, cuando explicaba las razones de la aparición de Latitudes.

“Con la exposición de Latitudes, la Alcaldía de París se abre a la creación contemporánea de ultramar, haciendo honor a las nuevas formas de expresión artística. Esta iniciativa responde a la ambición de hacer de París la ciudad de todas las creaciones: apoyando a los jóvenes talentos, movilizando las energías creadoras, haciendo la apuesta por la audacia.”

(Cita traducida del texto firmado por el alcaide de París, Bertrand Delanoe, aparecido en el catálogo de Latitudes 2002, página 5.)

La comisaria creadora de estas ideas fue Regine Cuzin, quien curso internacionalmente un formulario en su momento recabando información sobre sus intenciones y la importancia de la misma, formulario que quien escribe respondió sin tardanzas y con entusiasmo, porque imaginaba la importancia de una propuesta de tal tipo y porque, además , sabía que en algún momento, el arte dominicano se presentaría en una de sus mejores expresiones, en aquel escenario.

Se piensa que en los lugares donde los presupuestos son más o menos fáciles de conseguir, los proyectos funcionan de maravillas, sin esfuerzo, como si todo estuviera hecho; craso error.

Donde se trabaja con criterio y vocación las dificultades no faltan, pero la respuesta es la creatividad y la inteligencia.

Con los éxitos internacionales de la exposición Latitudes 2000, el proyecto caminaba hacia otros territorios de ultramar, fue el caso para Latitudes 2003, del Océano Indico.

Justamente, el año pasado la exposición se denominó Terres de L’Ocean Indien, Tierras del Oceano Indico.

Como se supondrá, hablamos del siempre y fabuloso Madagascar, con su extraña luz mortecina, mirada en la seda lejana de las mujeres entalladas de encajes y caminar sigiloso; de las islas Comores, Las Seychelle, isla Mauricio, la Reunión y Mayotte y como si fuera poco, desbordado el círculo francófono porque la representatividad geográfica de los artistas era más importantes que los asuntos administrativos de los rastros coloniales de ultramar,era normal que Africa del Sur, Mozambique y Tanzania también estuvieran representadas en aquella memorable exposición, inaugurada de nuevo en Diciembre del 2003, es decir el año pasado.

Quisiera significar en esta ocasión, que parte del encanto de aquella exposición fue un bello texto escrito por el brillante y legendario, nunca bien ponderado escritor J.M.G. Le Clezio.

Nadie mejor que este brillante escritor franco-británico, nacido en Niza, Francia, para escribir este texto sobre la referida exposición.

En primer lugar, porque la obra de Jean Marie Gustav Le Clezio tiene excelentes metaforas e imágenes de lo que el viaje significa, hablo del viaje asumido con su efecto mágico de transformación del alma y los sueños, que ayuda en el silencio rotundo a un mejor conocimiento de la vejez y la alegría, la melancolía también, de los seres que habitan este bendito planeta.

No soy especialista de la obra de Le Clezio, tampoco su lector consumado, su fanático habitual (que los hay y vibrantes), pero sí recuerdo algunas obras que me llegaron a conmover y me hieron descubrir un escritor de pasiones intensas, para quien escribir era un asunto de vida o muerte, escrito de modo literal.

El pez de oro (1977), narraba la historia de una joven inmigrante y pese a su destino trágico, la valoración de la memoria y la dignidad de esos seres cuya sensibilidad se pone a prueba en cada acto.

Apasionado de la literatura de viaje, poseedor de una prosa donde el mar no encuentra términos para ser descrito una y otra vez, se puede comprender por qué el título del texto de Le Clezio para esa exposicion fue simplemente: Indianocéanique, que prefiero no traducir para que conserve la esencia otirgada por su autor…

Evidentemente, el texto en cuestión aborda la vida de aquella región de la tierra con una infinita dulzura, que pone en evidencia una vez mas el talento de aquel escritor cuyo juego con las lenguas (francés e inglés), le reveló una agudeza proverbial.

En Latitudes este año le toca el Caribe mayor, República Dominicana, Cuba, Puerto Rico y Jamaica, desconozco si todavía se pretende incluir Jamaica, pero fui partidario en su momento de que Latitudes dedicara en el 2005 una edición especial al Caribe inglés, entendía que era más correcto en este caso, buscar la relación de la lengua y no los tamaños insulares.

Creo que este proyecto para los fines de difusión del arte contemporáneo del Caribe, es importante, porque nos coloca con ventajas en un espacio de trascendencia internacional.

La edición de este año no ha dejado de tener sus problemas, pero de todos modos, hasta el momento se piensa que los países arriba nombrados, serán los presentes en Latitudes.

Hasta el momento, Latitudes tiene la coherencia y la diversidad de un arte rico en su contenido, diverso por la diferencias creadoras de los artistas involucrados y especialmente: un derroche de libertad y acierto que no siempre podemos encontrar en nuestros alreredores y lo cierrto es que también para escribir el impacto visual de las obras y sus propuestas, animan y estimulan.

En mi caso, a veces prefiero no escribir, a forzarme inventando palabrerías que no siento, pasiones sobran, interiores y fuertes, pero: ¿para descargarla en qué?

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