Participación y/o apadrinamiento

AMPARO CHANTADA
Todos saben, que Plan Decenal de Educación fue impulsado, años antes de sus inicios, por grupos de la sociedad civil, preocupados por el estado de descalabro de la educación dominicana. Lo que no se sabe mucho, es que la sociedad civil siguió dando su apoyo a Plan Decenal de Educación, durante toda la implementación del Plan. La sociedad civil se involucró en todos los intersticios que se le permitió.

Ese hecho, de vital importancia, puede tener varias lecturas pero la primera es que, sin ella, Plan Decenal no fuera tan trascendental, la segunda es que depende la voluntad política. La tercera es que esa voluntad política, no es suficiente. El entusiasmo, la magnitud del esfuerzo, los recursos involucrados demuestran que la sociedad dominicana en su conjunto, está dispuesta al esfuerzo colectivo, movida por un sentimiento profundo de solidaridad. Las raíces de tal comportamiento está en la cultura de una sociedad rural donde le convite o las juntas son formas de ayuda mutua. Es, sobre esa cultura, que Banco Mundial ha recuperado esa tradición, para conseguir de sus inversiones, la sustentabilidad necesaria y sobre todo, estirarlas al extremo ya que el esfuerzo comunitario es venévolo, que las comunidades son pulcras y que los gastos se reducen al estricto necesario.

Frente a los escépticos, a los que no creen todavía, en la necesidad de integrar la población a los procesos de desarrollo, y sobre todo, a la educación, se probó y comprobó que no hay ningún espacio prohibido a las comunidades, sobre todo en la vida escolar, donde existe una muy afectiva relación entre los niños, los padres y los maestros. Más de 1500 escuelas reparadas gratuitamente por las comunidades, tal fue el balance final, sin contar con presupuestos faraónicos, sin facturas abultadas, en un proceso sin comparación, ni siquiera con los extensionistas agrícolas, de sacrificio sin fin y animado por un equipo técnico cuya vocación de servicio permitió, lo impensable en la Educación dominicana.

La participación comunitaria no solo abarcó la construcción y el mantenimiento de la planta física pero se terminó, en apoteosis, a pesar de dificultades financieras, con la incorporación de las asociaciones de padres y madres, alumnos y maestros en la organización de la Gira Opera Merengue, en 18 ciudades. Con esta, se concretizó los fines reales de la animación socio cultural que es, la integración de la población para la valorización y la puesta en acción de todas sus capacidades dormidas en torno a un proyecto, esta vez, cultural. Esa gira, demostró que las asociaciones de padres y madres del país podían organizar un espectáculo de calidad, con precios de entradas muy asequibles, incluso ser la contraparte cultural del evento principal permitiendo así, las expresiones del talento local para el fortalecimiento de la identidad y de la cultura.

Si, intenté describir ese componente del Plan Decenal de Educación es para evidenciar los beneficios que se alcanzan con la integración desinteresada de las capacidades de la población, sin sectarismo y politización.

Desgraciadamente, desde la gestión de Jacqueline Malagón, la integración de la comunidad ha sido distorsionada. No se integra, se desintegra la comunidad, el discurso no es inclusivo, los partidos políticos demuestran su sectarismo y usan los técnicos para tales fines. Las asociaciones de padres y madres volvieron a ser apáticas y utilizadas para financiar los “días de colores”. Las metas se ajustan a visiones limitadas y propósitos mezquinos, falta en todos los planes de Gobierno, esa generosidad y ese desprendimiento que caracterizó la labor realizada entre 1993 y 1996. Por eso se habla de apadrinamiento de escuelas por el empresario porque no se confía en la sociedad civil. Sin menospreciar el apoyo de una empresa al sistema educativo y sabiendo que las ventajas fiscales que sacan de tal apoyo, no es el motivo principal de su accionar, es evidente que esas formas de apoyar la escuela no tienen el mismo significado ni el mismo efecto. Las empresas solucionan problemas pero no crean capacidades, al contrario, pueden provocar apatía y desinterés de las comunidades al resolverles los problemas y no crear, como en caso de esfuerzo colectivo, conciencia en torno al uso de los espacios y edificios públicos y prolongarles, así, la vida útil…

Entendemos que si hubiera real conciencia, de que son muchas las necesidades y pocos los recursos, se redujeran los gastos innecesarios, se buscaría una política de austeridad novedosa apelando a la imaginación y se buscaría formas alternativas de financiamiento como involucrando la comunidad nacional, a través de sus organizaciones para diversificar las fuentes de recursos, buscando apadrinamiento con los residentes al extranjero, estableciendo nexos con los residentes en la capital para lograr más eficiencia y eficacia en el uso de los recursos del Estado, como manejar presupuesto ajustado a necesidades locales. Al contrario, se habla de inversiones cuantiosas en la planta física, porque esta, en nuestro país, ni recibe mantenimiento regular, ni se aprecia, se degrada permanentemente. La planta física escolar de nuestro país se convirtió en una inversión en un barril sin fondo, permanece y constante financiada con fondos internacionales.

Algunos temen afirmarlo, Plan Decenal de Educación, es sin lugar a dudas, el más exitoso proyecto moderno de reforma del sistema educativo y si lo fue es porque fue abrazado por la sociedad dominicana en su conjunto, sin partidismo.