Partidos y convenciones

RAFAEL TORIBIO
En un esfuerzo por la renovación de sus autoridades, el cumplimiento de disposiciones reglamentarias no siempre respetadas, por lo menos en dos de ellos, y la democratización interna, los tres partidos políticos mayoritarios emprendieron la realización de sus respectivas convenciones.

Debido a numerosas dificultades, en unos más que en otros, pero ocurridas en todos, las tres convenciones tuvieron que ser pospuestas, razón por la cual las tres coincidieron en un mismo período, con muy pocos días de diferencia. Empezaron en fechas diferentes, pero las dificultades encontradas hicieron que se prolongaran más de lo esperado y terminaran casi todas al mismo tiempo.

Las expectativas y el deseo, tanto al interior de cada partido como de quienes desde la sociedad civil los critican, no para que desaparezcan sino para que se fortalezcan, eran, y son, que cada partido saliera de este proceso fortalecido, no disminuido. Los acontecimientos ocurridos en las respectivas convenciones dan lugar a distintas lecturas y las tres presentan rasgos comunes que pudieran considerarse como lecciones que deben ser aprendidas. Personalmente me aventuro a asegurar que pese a las dificultades, los resultados de estos procesos convencionales serán, al final, positivos para los partidos y para la democracia en nuestro país.

A continuación me arriesgo a presentar algunas de las características que han sido similares en estas tres convenciones partidarias.

Aunque el PLD era el único de los tres que venía realizando sus convenciones de manera ordinaria, conforme a lo establecido en sus estatutos, los tres tuvieron problemas que obligaron a posponerlas, retrasar los boletines con las informaciones de los resultados, y hasta realizar elecciones complementarias en dos de ellos. Algunos aún no concluyen todavía el proceso.

Aunque difícilmente se pueda saber con exactitud el número de militantes y simpatizantes de cada partido que ejercieron su derecho al voto, pues puede ser un secreto celosamente guardado, lo cierto es que la concurrencia fue mucho menor que la cantidad de electores que cada partido dijo que tenía en su padrón, y muchísimo menor que las votaciones logradas por sus candidaturas en las pasadas elecciones nacionales, excepto quizás el PRSC. Esto puede deberse a que con frecuencia se confunden “votantes” con “militantes” y se piensa que quienes votan por una candidatura ya forman parte del partido. No es así, y conviene no olvidarlo.

Otro de los rasgos comunes en este proceso convencionario han sido las acusaciones de la realización de fraudes, desde la alteración del padrón, creación de comités fantasmas, hurto de urnas y uso de fondos públicos para la promoción de distintas candidaturas. Lo peculiar en esta oportunidad es que las acusaciones de ahora son formuladas a lo interior de cada partido de unos compañeros contra otros compañeros del propio partido.

En los tres partidos la disponibilidad de recursos económicos parece que fue un factor determinante para el triunfo de la mayoría de las candidaturas, según testimonio de candidatos del propio partido. La proximidad al poder, o a grupos partidarios que hace poco tiempo lo detentaban, parece que significó una ventaja que no pudo ser superada. A este respecto, las denuncias más fuertes han sido en el PLD, seguido del PRD. Esta disponibilidad de recursos es lo que explica la costosa propaganda de algunas candidaturas que más bien parecerían en disputa por un cargo en el Estado y no por una posición en un organismo interno de un partido político.

A pesar de lo establecido en el ordenamiento jurídico respecto a la cuota femenina y a lo consignado en los estatutos interno de cada partido, asegurando una cuota para la mujer, los resultados de los tres procesos convencionales arrojan una sensible pérdida para las mujeres. En algunos de los partidos se ha tenido que recurrir a cuotas especiales en determinado organismos para compensar lo que las elecciones no permitieron.

Un último rasgo común a destacar es que también en los tres partidos la lucha fue mucho más entre tendencias que entre candidatos o candidatas. Las candidaturas triunfadoras, especialmente en el PLD y en el PRD, dependieron del apoyo, sobre todo económico, que recibieron de la tendencia hegemónica en cada partido. En el PLD está muy claro que una tendencia se impuso, de manera arrolladora; en el PRD una tendencia llevó sus propias candidaturas y apoyó a determinados candidatos y candidatas que lograron el triunfo; en el PRSC el nuevo liderazgo para triunfar tuvo que aliarse a lo viejo y tradicional.

Estos procesos convencionales, además de todo lo positivo que puedan ser para la institucionalizacion y democratización interna de los partidos, hacen evidente que los tres son muy parecidos y que hacen uso de las mismas prácticas. El rol determinante de las tendencias en las candidaturas victoriosas, hace que surja esta pregunta: ¿quiénes realmente fueron los triunfadores, los candidatos electos o las tendencias que los apoyaron? Creo que eso lo veremos en poco tiempo.

rtoribio@intec.edu.do