Pasividad y rebelión

Toma de la Bastilla.

Todos los pueblos del mundo tienen comportamientos sociales parecidos. Unos pueblos son más numerosos que otros; pueden ser de razas: blanca, amarilla o negra; algunos son, comparativamente, más ricos que sus vecinos; unos disfrutan de mejor educación o mayor salubridad que otros. Pero todos sufren crisis económicas, gobiernos ineficaces, injusticias colectivas. No hay pueblo que no haya sido aterrorizado por un tirano en alguna época de su historia. La capacidad para aguantar abusos no parece tener límites. Los pueblos soportan las vejaciones más extravagantes. En Alemania, en Rusia, Italia, en los países de Europa del Este, se han vivido situaciones cercanas al absurdo.

Los pueblos son pasivos, tolerantes, cobardes, resignados; también altivos, violentos, heroicos. El mismo pueblo que vemos un día con las orejas caídas, como un mulo apaleado, se levanta al día siguiente dispuesto a la rebelión total contra “el orden establecido”. Ha ocurrido así en diversos períodos de la historia universal. En América hemos presenciado muchas veces desfiles delirantes en apoyo de un caudillo y, poco tiempo después, manifestaciones airadas contra la misma persona. El péndulo de la conducta cívica oscila de un extremo a otro; y sorprende a veteranos políticos “que se las saben todas”; tipos descreídos que afirman: “aquí nunca ocurrirá nada”.

Muy pocos franceses pensaron que era posible que su pueblo asaltara La Bastilla para dar comienzo a una revolución mayúscula, tal vez modélica, porque llegó a extremos de violencia nunca vistos. La actual Plaza de la Concordia es el mismo lugar donde se emplazó la guillotina; el sitio en que rodaron las cabezas de tantos aristócratas franceses de cuellos erguidos y orgullosos. Incluso los verdugos jamás creyeron que podrían tocar siquiera personajes de tan alto nivel. La política suele “dar saltos”.

El problema es que nunca sabremos cuándo; la fatiga o el hartazgo de la gente es una realidad psicológica difícil de medir. Los motivos que desencadenan las rebeliones a menudo parecen “baladíes”. Las gotas de agua que desbordan una copa no tienen gran volumen; pero pesan sobre “los antecedentes”. ¿Por qué hay disturbios en Venezuela? ¿En Turquía? ¿En Egipto? ¿Por qué no los hay en Cuba, ni en la República Dominicana? ¿Son enigmas sociográficos que estallan como burbujas?