Pasos en sentido equivocado

Haití sigue su ofensiva contra la República Dominicana. No está haciendo nada nuevo en el contexto de la crisis que enfrenta a los dos países. El retiro y destitución del embajador Daniel Supplice transmite mensajes hostiles, en momento en que el lado dominicano exige un desagravio. Supplice paga el precio de haber apelado a la autocrítica, a la sinceridad, por haber admitido que su Gobierno no hizo lo necesario por proveer de documentos a sus súbditos indocumentados en suelo dominicano.

La hostilidad la apuntala el primer ministro Evans Paul, con su expresión “es difícil pedir a las víctimas que se disculpen con sus torturadores” en respuesta al reclamo dominicano de que el Gobierno haitiano pida excusas por las falsedades que ha propalado. Estas señales violentas dan un mentís al supuesto interés del Presidente Michel Martelly por una solución “pacífica” del conflicto.

Los Estados que realmente quieren relaciones armoniosas entre estos dos países deberían promover un diálogo basado en la necesidad de impulsar el progreso bilateral por medio de una agenda de interés común, excluyendo los temas relativos a soberanía de ambas partes. Haití reacciona con hostilidad a un acto de soberanía nacional de los dominicanos, que es innegociable, pero debería considerar los perjuicios que su agresividad acarrea para ambos pueblos.

La sequía obliga a ser prudentes

Las reservas de agua del país han entrado en situación crítica por la sequía, y el Gobierno activó un dispositivo de emergencia para evitar el desperdicio de este recurso de vida. Cada dominicano debe sentirse comprometido a observar las recomendaciones oficiales para el ahorro de agua, y el sector oficial debe ser el primero en hacer cumplir las restricciones en todas sus dependencias.

Las presas del país tienen los embalses virtualmente secos y las tomas que surten los acueductos están en niveles críticos. La prioridad en la situación actual es reservar agua para el consumo humano. Las demás actividades que requieren agua deben sujetarse a las restricciones dispuestas. Una emergencia por escasez de agua convoca a todos por igual a ser prudentes. Y al Gobierno a hacer cumplir las reglas de ahorro.