Patch Adams, un “doctor chiflado” a favor de la paz y la justicia social

¿Quiénes recuerdan la película “Patch Adams”, protagonizada por Robin Williams, sobre un amoroso doctor, payaso, que usaba el humor en su práctica ayudando a sanar y que creó un hospital gratis para todos? A muchos nos impactó e incluso marcó varias vidas. 

Pero Patch Adams no es solo una película, sino un médico real, de carne y hueso, vivo, que realmente puso a funcionar ese hospital por 12 años, gratis, y está a punto de volver a hacerlo.

 Patch, el verdadero, a quien no le gustan los títulos, vino a dar una charla en el Gran Salón del hotel Hilton. Entró con su ropa colorida, sus bigotes estilo Salvador Dalí y el tema: “Cómo vivir en alegría”, dispuesto a explicarnos lo fácil que eso es. ¿Fácil? ¿No habrá notado que vivimos en  un mundo lleno de sufrimiento, injusticia, soledad y violencia? ¿Será que no le afecta, que no lo sufre?

Mientras camina de un lado a otro, casi sin parar, cuenta que se crió en bases militares, pues su padre era soldado y peleó en dos guerras de las que “terminó tan dañado que nunca se pudo relacionar conmigo”. En 1961 falleció y la familia regresó a Estados Unidos. Dice avergonzarse porque: “Creía que era el país perfecto, creía en la Constitución y encontré un engaño: no hay justicia, no hay equidad, y además han matado a millones en otros países. Sé lo que hizo  aquí también”. 

Patch estudió en una escuela de blancos donde era golpeado a diario por oponerse al racismo. En su adolescencia intentó suicidarse varias veces y por ello estuvo tres veces interno en hospitales psiquiátricos. En su tercer internamiento, a los 18, tuvo por compañero a un chico con fobia a las ardillas y decidió ayudarle. Notó que mientras lo hacía, sus problemas desaparecían, ¡se sentía bien!… Y tomó una  decisión que cambió su vida: ser feliz cada día, a cada instante.

Esa es la invitación que trae para todos este hombre, activista incansable, que se hizo médico para ser un agente de cambio y tener un hospital para pobres, donde no se tuviera que pagar por la salud, donde el amor, el interés por el otro y la compasión primaran.

Y esta motivación es inspiración para muchos. Una joven contó que vio la película cuando tenía cinco años y desde entonces decidió cómo quería  vivir.

  Humor, amor y alegría como armas contra la violencia. Doherty Hunter “Patch” Adams es, además, un revolucionario. En la foto que ilustra este reportaje aparenta ser un chiflado, pero no. Él cree en la revolución del amor y vive haciéndola todos los días de su existencia. Rehusó ir a la guerra de Vietnam porque se ha comprometido con no hacer daño a nadie. Decidió ser instrumento de paz y justicia y ser feliz sin descanso… Ha recibido amenazas de muerte, le han puesto una pistola en la cara… y nada ha cambiado quien es. Sigue preguntando cómo ser instrumento de paz y justicia. Y actúa.

“La alegría es un verbo de acción”, dice, y no se refiere a paz interior, sino a estar tan feliz que se note. “Si te das cuenta  que estás vivo, si tienes un amigo… ¿de qué te quejas?” (Claro, otra clave es: aprende a hacer amigos, a conectarte con los demás).

Parte de su revolución pacífica  consiste en encontrar cómo detener una acción violenta, aunque para ello tengas que romper paradigmas, hacer el ridículo, el asunto es impactar, dejar al otro incluso en shock. Con ese truco, armado de juguetes e implementos, ha logrado detener miles de peleas, y te invita a hace lo mismo. “Sé creativo, encuentra tu estilo”.

¿Momentos de tristeza? ¡Claro! La tristeza es una emoción correcta en ciertos momentos, pero esa emoción va al cerebro y desde allí uno decide qué hacer. A través de la evolución hemos desarrollado el amor y el cerebro; son regalos para vivir mejor en grupo, pero ese gran cerebro puede llegar también a ser muy peligroso. “Usted se puede enojar con su pareja, pero ese enojo en vez de ir a los músculos y golpear, debe ir al cerebro, y pensar qué hacer para evitar esto, encontrar alternativas”.

 Contra la paradoja del dolor.  Patch dice que las religiones han creado la paradoja del dolor. Hablan de la salvación a través del sufrimiento. “Lo más loco de la paradoja del dolor es la guerra: las religiones dicen que no debemos matar y vamos a la guerra a matar… y el silencio  es parte de esa paradoja”. Te  puedes negar a ser violento.

Hay tres cosas que le asustan, y son –si lo entendí bien– las raíces de la enfermedad:

1. La soledad. Es –dice– la peor experiencia humana. “No podemos vivir verdaderamente si no tenemos al menos un amigo. No basta saber que existe, tienes que sentirlo de verdad”.

2. El aburrimiento. “Estar aburrido es peor que estar muerto, es no usar el cerebro: no hay memoria, nadie ni nada en que pensar,  mientras día a día millones de cosas te dicen ‘interésate en mí’: gente, arte, naturaleza…”. Otra cosa: “Bota el televisor, decide estar vivo”.

3. El miedo. Por 80 millones de años hemos sido animales de grupo, evolucionando a una comunidad compacta, interdependiente. Siempre se trataba de ‘nosotros’ no de ‘mí’, y entonces vino el peor invento: la familia nuclear. No estamos hechos para aislarnos”. Su opción es vivir en comuna. “El miedo es soledad. Si algo pasa, se maneja entre todos. La familia nuclear ha fracasado porque no puede dar esa protección”.

Enfermedad.  Según su experiencia, menos del 5% de los pacientes tienen autoestima, y el promedio de los adultos no está satisfecho con su vida. Los escucha con interés. Su entrevista inicial dura unas cuatro horas. Todo le importa.

Le preocupa la salud mental: “Se estima que para 2020 la enfermedad más limitante será la depresión”, dice Patch, quien opina que la depresión no es una enfermedad, sino un síntoma de la soledad. Se opone a los psiquiatras que dan pastillas en lugar de hablar con sus pacientes y que  se supone son expertos en salud mental, pero “no hay una clase ni un capítulo de un libro  dedicado a hablar sobre la salud mental”.

 ¿Qué hace él?  “Le brindo amor, diversión”, insufla entusiasmo. Funciona. “La risa, la felicidad y la creatividad son parte integral del proceso de sanación”.

Su propuesta. Clases de amor y compasión. “Levanta la mano si crees que hay algo más importante que el amor”. Nadie lo hace. “Si  es lo más importante… ¿por qué no enseñar amor y compasión en las escuelas? Una hora  durante 13 años haría un cambio real”. Y lo  mismo en  la carrera de Medicina.