Patrimonio moral

ROBERTO VICTORIA B.
En mi anterior entrega “Ni diablo ni ángel”, el último párrafo que estructuraba el tema central del trabajo, y que por una razón u otra fue eliminado, decía como sigue:

“Lo cierto es que a los políticos se les evalúa y se les reelige por su eficacia en la gerencia de la administración pública, y no porque den sermones los domingos. Clinton, Balaguer, Chávez, Lula, Uribe, Zapatero y Fernández, entre otros, así lo atestiguan”.

Sin embargo, por más que se le quiera identificar al político con el empleo de artes poca éticas como forma de conseguir o preservar el poder, la verdad es que éste siempre busca acrecentar su patrimonio moral, pues sabe que, a la larga, es el principal legado que le dejará a la nación y a los suyos.

Lo que pasa es que hay una competencia sumamente ardua y compleja entre las circunstancias políticas y el patrimonio moral del gobernante. El caso de Leonel Fernández es aleccionador. Su educación y decencia traslucen una formación doméstica basada en sólidos valores morales. Da sus primeros pasos en política llevado de la mano de ese paradigma de la ética que es Juan Bosch.

Mas cuando llega a empaparse con los entresijos del poder, advierte que éste no tiene nada que ver con los sanos mensajes de los Niños Cantores de Viena. Al contrario, por sus pasillos transitan artesanos de la perfidia y magos de la calumnia y de la envidia.

Un fraile dominico en “Consejos a un cortesano” decía que en la corte, la verdad es más rara que  un diamante, y de cómo por cada tres que merecen o que reciben, hay tres cientos que reciben lo que no merecen.

Para sobrevivir en este ambiente de sórdidos intereses, Fernández ha tenido que recurrir con mayor frecuencia a las habilidosas artes de Joaquín Balaguer, que a los principios platónicos del maestro primigenio.

Por deducción matemática es una preferencia acertada: uno duró todos los años del mundo ejerciendo el poder, y el otro, apenas siete meses.

En el próximo cuatrienio, cuando el entorno político esté más despejado y no tenga que manejarse con un cuchillo en la boca, por su carácter y limpia formación Fernández incrementará sus esfuerzos para seguir solidificando su patrimonio moral.