Paul Samuelson (1915-2009)

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El profesor Santiago (Chagito) Santana hace su entrada al aula; me parece recordar que entraba de lado por la puerta, dada su protuberante fisonomía. Extrae de su bulto un volumen de más de mil páginas, lo deja caer de cierta distancia sobre la mesa y dice: “este es único libro de texto de esta materia”. Inmediatamente nos da la espalda y dibuja en la pizarra primero la curva de demanda, luego la de oferta, indicando el precio de equilibrio como el punto de intersección entre ellas: aparecía la cruz de Marshall.

Mi primer encuentro con la primera edición de 1950 de Samuelson (que desde ya tenía álgebra, gráficos, tablas y diagramas) ocurrió en la biblioteca de mi padre cuando todavía exploraba “mi vocación”. Chagito no me hizo amar más a Samuelson o la Economía, las preguntas en el curso no eran vistas con simpatía, sino como una insolencia propia del joven necio e ignorante. Pregunta: “Profesor ¿Por qué el precio sube si la cantidad demanda es mayor? Respuesta en tono severo: “¿No ve usted que la curva es de pendiente negativa?”. Pensamiento del estudiante ruborizado: “Por qué en la realidad el precio de muchos artículos no cambia aunque aumenten las ventas?

A mis 19 años nunca sentí la fascinación por el intimidante texto de Economía de Samuelson que en cambio me inspiraba el más modesto texto, bajo el título Economía Política, preñado de incógnitas para mí, de P. Nikitin, hoy ausente de mi biblioteca por una de las pasadas purgas. En Nikitin, no encontrarás un gráfico, un cuadro y menos un diagrama, todo era una gran Siberia de texto, donde el nombre de Lenin aparecía prolíficamente.

Paul Anthony Samuelson es quizás el economista más citado en la literatura profesional después de Keynes (se estima en más de unas vigorosas 250 veces al año). Además de haber escrito el libro de introducción a la Economía moderna más famoso, Samuelson es conocido por su tratado Fundamentos del Análisis Económico (1947), un tratamiento matemático de la interpretación hicksiana de la Teoría General de Keynes que le valió el Premio Nobel en 1970. Esta versión del keynesianismo, basada en los fundamentos micro-económicos neoclásicos de la macroeconomía (la Síntesis Neoclásica), es la que predomina aún en las universidades estadounidenses.

Estoy con Paul Davidson cuando dice que a pesar de Samuelson llamarse keynesiano, los fundamentos teóricos axiomáticos de la síntesis neoclásica no son lógicamente la teoría general expuesta por Keynes. Específicamente, sus proposiciones (1) de que las funciones de utilidad son homogéneas, y (2) que los agentes no demandan dinero como depósito de valor mientras haya otros activos reales con rendimiento positivo. La (1) significa que el dinero es neutral y la (2) significa que cualquier bien reproducible de capital con rendimiento positivo es un substituto bruto del dinero. Ambas proposiciones contradicen la teoría de la preferencia por la liquidez de Keynes.

No hay duda que Samuelson fue el economista que más contribuyó, desde la estática comparativa hasta la dinámica, a la formalización matemática de una economía en el espacio Eucleidiano. El problema es que, en la economía monetaria empresarial de la producción en que vivimos, las líneas paralelas se cruzan.