Peña Batlle, un merecido honor

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Manuel Arturo Peña Batlle “es una figura trágica de la intelectualidad dominicana que por presión tuvo que doblegarse a Trujillo cuando este necesitaba alguien que criticara a los haitianos por un problema personal con Elie Lescot, presidente de Haití”.
Bernardo Vega Boyrie, quien se ha dedicado al estudio de la obra y la personalidad del polémico escritor, cree que ha existido “mucha injusticia” al enfocarlo pues solo se destaca su discurso antihaitiano y su incorporación al régimen.
Dijo que no merece ser recordado solo por la última época de su vida pues fue un gran disidente que a pesar de haberse doblegado, en su etapa anterior fue decidido nacionalista que combatió la ocupación norteamericana de 1916-1924, produjo admirables artículos periodísticos y fue pionero en los temas de sus publicaciones.
El personaje atrae a Vega al extremo de haberse dedicado a recopilar y estudiar su producción anterior a la claudicación en un libro que tituló “Manuel Arturo Peña Batlle previo a la dictadura: La etapa liberal” y a consultar amigos y parientes del letrado que le han relatado el drama de sus últimos años.
El doctor George Hazoury, su médico, le contó que Chilo, como llamaban afectuosamente a Peña Batlle, era hipertenso y a ello añadió una profunda depresión cuando estuvo postrado. El viaje que realizó a Washington, en el que se dice que fue abofeteado por el dictador, le afectó.
“Estaba en desgracia, aunque cuando murió le rindieron honores”, significa Bernardo. No considera a Peña Batlle trujillista ni antihaitiano aunque admite que sus discursos contra Haití los pronunció con entusiasmo y que superaban en calidad literaria a los de Joaquín Balaguer y Carlos Sánchez y Sánchez también escogidos por Trujillo para atacar a Lescot.
“Fue muy pro español pero esas críticas racistas de 1941 a 1946 no reflejan su pensamiento porque no se expresaron en trabajos anteriores ni posteriores”, significa destacando sus ancestros de España, su condición de “sancarleño, conservador, cuyas obras enfatizan el desastre de las devastaciones y de la ocupación de la parte oriental por los franceses. En su trabajo sobre Basilea lamenta muchísimo que la debilidad de España” facilitara esta apropiación.
“En la década perdida”, uno de los libros de Vega, aparecen dos capítulos dedicados a Peña Batlle a quien enmarca dentro de lo que denomina “la generación perdida” y al igual que en artículos sobre él publicados en la prensa narra la que considera infortunada historia del autor de “La isla de La Tortuga”. En ellos, como en la entrevista, evidencia una actitud de comprensión. Lamenta la sanción que se autoimpuso al no publicar durante cinco años como condena al régimen imperante. “No hay peor castigo para un intelectual que no poder escribir, además, le negaron la cátedra universitaria”.
“Muy joven fue un ferviente nacionalista y escribió mucho contra la ocupación. Cuando sube Trujillo al poder se convierte en un exiliado interno, no abandona el país pero estaba en desacuerdo con Trujillo mientras casi todos lo alababan. Como Horacio Vásquez lo había nombrado presidente de la Comisión Delimitadora de Fronteras, renunció públicamente y al entregar en 1932 un reporte sobre el fin de su misión no mencionó a Trujillo”, quien lo sacó de la misma. Durante esos años solo publicó un trabajo sobre el Descubrimiento de América así como la introducción al libro de Enrique Jimenes, “Economía social americana”, una apología al socialismo, y Peña Batlle afirma que había afinidad de ideas entre las de Jimenes y las suyas. Ya se estaba identificando como socialista”.
Agrega que en 1935 cuando propusieron que se cambiara el nombre a la capital por el de Ciudad Trujillo, el dictador, “en gesto de falsa modestia”, publicó que no aceptaría y Peña Batlle fue el único que envió una carta al dictador felicitándolo. Esa acción casi le costó la vida. En esa ocasión, añade Bernardo, Chilo estaba leyendo a Nietzsche, a quien admiraba.
Marginado por la satrapía, “se refugió” en la Casa Vicini “para poder sobrevivir económicamente”. También lo protegió Julio Ortega Frier.
Luego de la matanza de los haitianos de 1937, “Trujillo utilizó sus mejores abogados para las negociaciones y pidió a Peña Batlle que formara parte del equipo y ese es el momento, en 1941, en que él pasa a colaborar con Trujillo”, afirma.
Pero “estuvo 11 años abajo, en valiente actitud antitrujillista. Su mala suerte, asevera, fue pasar al gobierno en 1941 cuando tuvo que adoptar una política abiertamente antihaitiana. Es entonces cuando pronuncia su discurso El sentido de la política”. Los discursos de ese corte “coincidieron con la cúspide del poder político de Peña Batlle y por eso se le conoce como antihaitiano cuando lo que hace es seguir una línea oficial coyuntural”. Dice que no ha encontrado un texto antihaitiano de Peña Batlle previo a 1941.
“Es trágico, reitera, no pudo expresarse libremente sobre el tema haitiano por los constreñimientos de la política gubernamental”.
¿Lo defiende? “Lo veo como una figura trágica. Si comparas el rigor académico de sus libros con esos discursos vas a notar que no es el intelectual quien está escribiendo sino el político que se ha visto obligado a trabajar para Trujillo”.
Peña Batlle. Nació en San Carlos el 26 de febrero de 1902, hijo de Buenaventura Peña Cifré y Juana Batlle Rojas. Se graduó licenciado en Derecho en la Universidad de Santo Domingo en 1923 y fue nombrado Catedrático Numerario en 1941. Enseñó Derecho Internacional Público. Ocupó diversos cargos públicos.
Estuvo casado con Carmelita Defilló, madre de sus hijos Fernando, Pilar, Juanita, Elsita y Carmen Rosa.
Entre sus libros están: Por las piedras ilustres, El Descubrimiento de América y sus vinculaciones con la política internacional de la época, Enriquillo o el germen de la teoría moderna del derecho de gentes, Las devastaciones de 1605 y 1606, Transformaciones del pensamiento político, Contribución a una campaña, El sentido de una política, La constitución de San Cristóbal, Historia de la cuestión fronteriza dominico-haitiana, La rebelión del Bahoruco, La Patria Nueva, La isla de La Tortuga, El Tratado de Basilea. Fue Miembro Correspondiente de la Academia Dominicana de la Historia y recibió condecoraciones nacionales y extranjeras.
Murió el 15 de abril de 1954 y tanto el dictador Trujillo como su hermano Negro y todos los funcionarios asistieron al sepelio.
La calle. El 30 de junio de 1955 Trujillo escribió al presidente del Consejo Administrativo diciéndole que el país había perdido de dos “de sus valores más representativos en el campo del pensamiento y de la acción” (Peña Batlle y Manuel de Jesús Troncoso de la Concha) por lo que consideró “justo” que se honrara su memoria con la designación “de sendas calles de la ciudad como ejemplo y enseñanza a las presentes generaciones y a las venideras”.
La “Peña Batlle” nace en la avenida Duarte y termina en la José Ortega y Gasset.