Peña Gómez no estaba de acuerdo con las guerrillas de Manolo

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“Los resultados de esa guerrilla demostraron que Peña Gómez tenía razón, si se le hubiera hecho caso, probablemente Manolo llegaba a la presidencia de la República”.

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Rafael Gamundi Cordero hace la revelación al referir su participación en el alzamiento de Manolo Tavárez Justo en diciembre de 1963, que el secretario general del PRD apoyó a pesar de estar en desacuerdo. Inclusive, formó un “Ejército Revolucionario” denominado “5 de Julio”, para esos fines.
Rafa era admirador de Manolo y de su esposa Minerva a la que conoció cuando estudiaba en el colegio Inmaculada Concepción, de La Vega, en el que lo admitieron a los cinco años, pese a que era para niñas. Hicieron excepciones. Minerva y otras muchachas eran tutoras. La veía después porque ella fue muy amiga de su abuela Antigua Cordero (Tiguín), que era, a su vez, la responsable de Minerva.
“La visitaba luego con Emma Rodríguez y Violeta Martínez, cuando ya era bachiller y antitrujillista”, cuenta.
A su regreso del exilio, Rafa conoció a Tavárez Justo. Le deslumbraba su liderazgo. “Por eso la gente creía que yo era catorcista, pero nunca fui de otro partido que no fuera el PRD, hasta que me botaron”, enfatiza.
No subió a la loma, pero fue un soldado más de ese movimiento, enfrentado a todos los peligros y amenazas, haciendo contactos, viajando, cumpliendo misiones. El apellido y la cédula lo libraron de la cárcel o de la muerte.
Desde que Manolo pronunció el histórico discurso advirtiendo que si no se respetaba la Constitución se iría a combatir “a las escarpadas montañas de Quisqueya”, Rafa alertó a los 30 hombres que entrenaba militarmente en la finca de los herederos del antitrujillista Ney Pimentel, en Jamo, La Vega, y se dirigió a la Rosa Duarte número 8 donde residía Manolo a expresarle la opinión de Peña Gómez.
“Me dijo que estábamos equivocados, que estaban dadas las condiciones objetivas y subjetivas. Le informé dónde estaba escondido Peña, en el ensanche Isabelita, y él envió a Hipólito Rodríguez y a José Frank Tapia Cunillera a hablar con él. Le dijeron que se irían de cualquier manera y que estaban seguros de que los campesinos los seguirían. Peña les contestó que no estaba de acuerdo, pero que de todos modos les ayudaríamos”, relata Gamundi.
Cuando se produjo el levantamiento, el equipo de Rafa, entre los que había alrededor de 15 pertenecientes al 14 de Junio, dos de ellos Alfredo Peralta Michel y “Botele”, salieron para la capital.
Por otro lado, Gamundi recibió una nota de Manolo, “que me entregó la esposa de un hijo de Ney”, instruyéndolo a buscar armas donde Mamellón. “Lo que tengo para ti es una caja de tiros, pero lo que debes hacer en la guerrilla lo tiene Juan B. Mejía”, le dijo. Este le comunicó que no había recibido esas órdenes.
“A partir de ahí visité a Peña y le dije que quería ir donde estaba Polo, en La Horma, San José de Ocoa, a coordinar con él algunas actividades, me autorizó y salí para allá, buscando primero al doctor Báez, en Baní, diputado del PRD. En Ocoa contactamos a “Cholito”, dirigente del 14 de Junio en esa comunidad, y con él nos dirigimos al frente, donde no pudimos llegar pues al acercarnos a la casa del guía que nos iba a conducir se presentó un campesino muy agitado expresando:
_ ¡Todos los comunistas están muertos o heridos! ¡Y hay una mujer! “Sabíamos que ella era Picky Lora”.
Entre Polo y Rafa existía una gran amistad. Se reunían en una habitación oscura de Ciudad Nueva a escuchar discursos de Fidel Castro, del que ambos eran admiradores.
Retornaron a San José de Ocoa donde la guardia le ordenó “¡Alto”, apuntándolos con ametralladoras, acusándolos de guerrilleros! “Por suerte yo no era muy conocido en ese entones y respondí que estaba inspeccionando una finca de Font Gamundi y les mostré mi identidad”, relata. “Deme algo” reaccionó el militar. Rafa le regaló 20 pesos.
Gamundi contaba además, con armas que dejó en la casa de César Roque y Esmerly Beato, en la calle San Juan Bosco, con quienes mantenía contacto al igual que con la familia Rossi, de un campo de Ocoa llamado “La Rosarito”, que estaba muy involucrada en el proceso revolucionario.
Rodeado por la policía. Tras el fracaso en San José de Ocoa, Rafa Gamundi se presentó al hotel “Londres”, en la avenida San Martín, donde había dejado a los hombres que le acompañarían al frente mientras establecía contacto con Polo.
“Cuando voy entrando, oigo una voz: ¡Rafa! Y veo a Jerónimo Graciano de los Santos, que había sido secretario general de un comité de base del PRD en la Benito Monción, de La Vega. Yo pensé que había venido a juntarse conmigo”.
Pero lo que le dijo fue que sabía que su gente se encontraba ahí, que el establecimiento estaba rodeado. Había un militar en el patio “que al dar un solo pitazo” los apresarían a todos. Les daba 15 minutos para que se entregaran y se salvaran.
“Le dije que no podía rendirme, que era el jefe de esos hombres, que me permitiera hablar con ellos, y si se rendían, amén”.
José Brea Peña, gran colaborador del PRD, había dado a Rafa 800 pesos para la guerrilla, que distribuyó entre sus soldados explicándoles la situación y diciéndoles que saldrían a como diera lugar para ir al taller de un perredeísta en El Limón, cerca de Puerto Plata, a reunirse con Juan Miguel Román.
La mayoría se quedó en La Vega, “yo fui con José Valé y Taní y cuando estábamos llegando, la aviación estaba bombardeando y nos retiramos”.
En Santiago, cerca de Tamboril, le dio protección Felipín Reynoso, terrateniente, pero el coronel Caonabo Reynoso Rosario se enteró y fue a apresarlo. “Rafa es mi huésped y tiene aquí varios días”, le dijo el anfitrión quien mandó a buscar a un hijo a Canca la Reytna para que trasladara a Rafa con urgencia a Santo Domingo. Pudo conservar su vida milagrosamente. Volvió a La Vega.
“Los resultados de esa guerrilla demostraron que Peña Gómez tenía razón, si se le hubiera hecho caso, probablemente Manolo llegaba a la presidencia de la República”, comentó.
El ocho de enero de 1965, cuando Rafael Molina Ureña le mandó a decir a Gamundi que “el asunto estaba preparado”, el inquieto revolucionario emprendió el viaje hacia el Distrito Nacional por “el camino de Cotuí y los cañaverales de Sabana Grande Boyá, para no pasar por La Cumbre ni el kilómetro nueve de la carretera Duarte…”.

Me dijo que estábamos equivocados, que estaban dadas las condiciones objetivas y subjetivas. Le informé dónde estaba escondido Peña, en el ensanche Isabelita, y él envió a Hipólito Rodríguez y a José Frank Tapia Cunillera a hablar con él. Le dijeron que se irían de cualquier manera y que estaban seguros de que los campesinos los seguirían. Peña les contestó que no estaba de acuerdo, pero que de todos modos les ayudaríamos”

Peña Gómez me había dicho que debíamos estar preparados, pero que la guerrilla pura y simple no podía ser. Entendía que había que preparar las condiciones contando con parte del ejército y con las masas populares en la calle”.