Pensamiento duartiano y boschista en crisis

SERGIO SARITA VALDEZ
Un grave error en las ciencias sociales lo constituye la tendencia de algunos a querer generalizar y hacer analogías en determinadas situaciones que no son las más adecuadas para el tema en cuestión. A veces se toman ejemplos halados de los cabellos, tratando así de justificar un hecho o comportamiento coyuntural. Para evitar ese tipo de retórica sofista entre los miembros de una organización se establecen normas y principios de conducta, conjuntamente con ideales y metas a corto, mediano y largo plazo, además de una metodología que sirve de guía para realizar las tareas asignadas.

Pensando en estas cosas fue que Juan Bosch creó la plataforma orgánica del Partido de la Liberación Dominicana. Muchas fueron las horas, los días, semanas, meses y años de desvelos dedicados por el maestro ido, a fin de construir ese instrumento político destinado a completar la inconclusa obra de Duarte. Quiso Bosch hacer suya aquella consigna duartiana de “Sed justos lo primero, si queréis ser felices, pues ese es el primer deber del hombre; y sed unidos, y así apagaréis la tea de la discordia, y venceréis a vuestros enemigos, y la patria será libre y salva, y vuestros votos serán cumplidos y yo obtendré la mayor recompensa, la única a que aspiro: la de veros libres, felices, independientes y tranquilos”.

Un memorable día 7 de marzo de 1865 en plena lucha restauradora Juan Pablo Duarte escribía: “Si me pronuncié dominicano independiente, desde el 16 de julio de 1838., si después, en el año 44, me pronuncié contra el protectorado francés., y si después de veinte años de ausencia he vuelto espontáneamente a mi patria para protestar con las armas en la mano contra la anexión a España, llevada a cabo a despecho del voto nacional, no es de esperarse que yo deje de protestar (y conmigo todo buen dominicano), cual protesto ahora y protestaré siempre, no digo sólo contra la anexión de mi patria a los Estados Unidos, sino cualquier potencia de la tierra, y al mismo tiempo contra cualquier tratado que pueda menoscabar en lo más mínimo nuestra independencia nacional, y cercenar nuestro territorio o cualquiera de los derechos del pueblo dominicano”.

El maestro de la política dominicana, Juan Bosch, escribiría ciento diez años después de esta carta de Duarte, es decir, en 1975, un artículo educativo con una enseñanza liberadora que decía: “Tenemos, pues, que balagueristas y perredeístas están metidos en una actividad que se podría calificar con toda propiedad de afanes electorales, y este pueblo nuestro, malicioso para muchísimas cosas e inocente para otras, no alcanza a darse cuenta de cuáles son las razones de esa actividad que se manifiesta tan temprano, tan de madrugada como diría un viejo campesino; mucho antes de que el sol empiece a calentar la tierra. Lo que no ve la gente poco entendida en el oficio de la política es que nada puede ser más normal que el hecho de que los perredeístas hagan lo mismo que hace Balaguer, porque esa gente no alcanza a darse cuenta de que perredeístas y balagueristas son iguales entre sí.

Unos se parecen a otros como se parecen entre ellas las gotas de una misma lluvia. Unos y otros tienen los mismos apetitos y la misma necesidad de estar en el poder para hacer las mismas cosas porque unos y otros tienen la misma procedencia social y la misma posición ideológica. Si las masas del balaguerismo son iguales a las del perredeísmo y si la dirección de los partidarios de Balaguer es semejante a la de los partidarios del PRD, hay que concluir diciendo lo que dice el pueblo, que lo que es igual no es ventaja; y con esas palabras, que desde el punto de vista de la corrección gramatical son un poco confusas, lo que el pueblo quiere decir es que entre los que no hay diferencias hay igualdad, y de manera natural acaban actuando en la misma forma. Lo único que podría diferenciar en el orden político a los que proceden de las mismas capas sociales sería la toma de posiciones ideológicas distintas”.

¿Renacerán otra vez las ideas patrióticas de Duarte y de Bosch con aires de siglo XXI, ajustadas a las nuevas realidades que vive el mundo?

Reflexionemos y esperemos a ver qué pasa con ese formidable instrumento político de redención dominicana que ahora tiene el poder y que fundara en la otra centuria el insigne maestro vegano de dimensiones universales.