Pequeños créditos contra la pobreza

MÉXICO (EFE).- Los 222 millones de pobres de América Latina han encontrado que para superar la pobreza no es necesario recurrir a la revolución o la guerrilla, sino mediante la promoción de negocios apoyados con microcréditos. Décadas de políticas paternalistas y asistenciales ayudaron a paliar, mas no a superar, la pobreza y contribuyeron a ahondar el sentimiento de pertenencia a una “clase” socioeconómica.

A partir de las décadas de los 80 y los 90 surgió y se desarrolló un sector encargado de promover el microcrédito.

La aparición de empresas pioneras en microcrédito en Colombia, Bolivia y El Salvador, al margen del sistema financiero formal, permitió la extensión del concepto de “microfinanciera” en varios países de la región.

Las naciones donde se desarrolló más rápidamente fueron precisamente aquellas más pobres, como Honduras, Salvador, Bolivia y Nicaragua, que tienen un nivel de penetración de su mercado “casi óptimo”, señaló el representante en México del Programa de Naciones Unidas Para el Desarrollo (PNUD), Thierry Lemaresquier.

Sin embargo, no basta con seguir una receta o un modelo como el de países asiáticos basado en el exitoso ejemplo del Grameen Bank, que fundó en 1983 el bengalí Muhammad Yunus, conocido como “el banquero de los pobres”.

Cada modelo debe adaptarse a las necesidades de cada país y de sus grupos de población pero todavía falta un largo camino por recorrer para esta herramienta financiera llegue a la inmensa mayoría de los pobres de la región.

Según fuentes del sector, se estima que entre bancos comerciales orientados al sector, microfinancieras reguladas y ONG se está brindando acceso al crédito en la región a más de tres millones de personas, con una cartera que casi llega a los 2.800 millones de dólares.

Son préstamos pequeños, que parten desde los 2 dólares en México y llegan a los 10.000 en Chile, pagando tasas de interés bajas, muchas veces sin aval y con altísimos niveles de recuperación, sobre el 97 por ciento, contra el 92 por ciento de la banca comercial, en promedio.

La mayoría de los clientes son mujeres, muchas de las cuales han sacado sus “habilidades domésticas”, como el saber cocinar o coser para montar pequeñas fondas o negocios de costura, señaló la coordinadora del Programa Nacional de Financiamiento al Microempresario en México (Pronafim), Maricarmen Díaz Amador.

En España la Agencia de Cooperación Internacional (AECI) ha sido una de las impulsoras del sistema y, en conjunto con la Fundación Reina Sofía ha promovido la expansión empresarial a través del microcrédito con ayudas a varios países de Latinoamérica. Aunque Bolivia y El Salvador llevan la batuta en la región, Chile es un ejemplo de país que empezó tarde, pero que ha avanzado con una rapidez notable.

El estatal BancoEstado es el mayor proveedor del microcrédito en Chile, con un 58 por ciento de participación en este mercado a fines de 2004, con 356.000 créditos colocados, equivalentes a 435 millones de dólares desde 1997.

En México este sector es de los más rezagados en la región de acuerdo con los estándares internacionales, tiene programas como el Pronafim o un fondo para el desarrollo rural (FIRA) que, a juicio del PNUD, van en la dirección correcta.

Para analizar y promover las experiencias exitosas en este sector, se inaugurará mañana en la capital mexicana un foro sobre “Microfinanzas y Desarrollo”, que contará con la participación de la Reina Sofía de España y el fundador del Grameen Bank, Muhammad Yunus.

El encuentro tiene como objetivo ayudar a impulsar el microcrédito a pequeños empresarios, en su mayoría mujeres, como una herramienta de desarrollo y abatimiento de la pobreza.