Pérdida de agua por polución requiere de mayores controles

Pérdida de agua por polución requiere de mayores controles

La contaminación de acuíferos superficiales y subterráneos tiene severas consecuencias sanitarias y económicas, además de contribuir al desequilibrio del ciclo hidrológico.

Contaminación. Adultera las fuentes de agua frente a una mayor demanda.


Como si no fuera bastante con la enorme pérdida del agua que la Madre Naturaleza nos envía con la lluvia, la que queda tras su precipitado paso hacia el mar, contaminándolo, tampoco se aprovecha en su totalidad. Gran volumen se adultera con una polución cada vez más creciente, que reduce su disponibilidad mientras crece la demanda con el aumento poblacional y la actividad económica.


La polución de acuíferos superficiales y subterráneos, de magnitud tal que exige acciones urgentes, contundentes, no ha sido debidamente enfrentada en República Dominicana durante los últimos decenios ni siquiera en los principales afluentes.


No lo es en la actualidad al nivel requerido, pues, si bien desde diferentes instancias gubernamentales se anuncian importantes proyectos para contrarrestarla, la inversión es tímida, coarta la acción, y aún se dista mucho de alcanzar los debidos controles en los usuarios.

El agua sigue amenazada por la erosión, las prácticas inadecuadas en agricultura e industria, minería y turismo, el uso doméstico y la alta generación y mal manejo de residuos sólidos. Prosigue una incesante y brutal agresión a ríos y mares que destruye la vida acuática, como evidenció la muerte reciente de miles de peces en Barahona.

Los ríos continúan arrastrando desperdicios de todo tipo, plásticos y químicos nocivos. Y esto ocurre pese al impacto de esa contaminación en la salud y la economía, y ser uno de los factores más incidentes en la disponibilidad de agua.

Su calidad se degrada día tras día con la erosión de suelos agrícolas ricos en fosfatos y nitratos que la lluvia transporta a ríos, arroyos, lagos, presas y mares. Los sedimentos contienen materia orgánica nociva, residuos de fertilizantes y pesticidas.


La alta concentración de nutrientes provoca una excesiva proliferación de algas, produciéndose la eutrofización, una polución aguda como en los ríos Isabela, Ozama y Haina.


Existen respuestas tecnológicas para aprovechar las algas como materia prima con varios usos, pero la adulteración del agua persiste, la cantidad de contaminantes eleva el costo de su potabilidad, inhabilita acuíferos para consumo humano y animal, la crianza de peces y otros usos.

Una gran contaminación hídrica deriva del riego agrícola, que consume el mayor volumen de agua, de la que se pierde más de 60% por los anticuados sistemas de regadío y malas prácticas agrícolas como en el cultivo de arroz y banano.
En arroz ha sido común usar fertilizantes a base de nitrógeno, que en contacto con el agua se convierte en nitrato, que puede causar daño cerebral en niños.

Contaminación y salud
Por ausencia o deterioro de plantas de tratamiento y otras infraestructuras vierten en ríos y arroyos aguas residuales del consumo doméstico, industrial y otras actividades sin ninguna depuración, con un elevado contenido de desechos químicos y biológicos que finalmente llegan al mar.

El alto déficit en el acceso a servicios básicos de saneamiento adultera acuíferos a los que caen millones de galones de esas aguas residuales procedentes sobre todo de ciudades, así como toneladas de desechos sólidos, inclusive tóxicos peligrosos que pueden ocasionar graves problemas de salud.

Según estudios, con solo mejorar el acceso a agua limpia y a un saneamiento básico, se reduciría el número de niños y niñas que muere cada año. La incidencia de diarrea bajaría en casi 90%, generándose un sustancial ahorro en los costos en salud y un aumento en los días productivos.

Especialistas sostienen que un freno a las enfermedades del agua originadas en la polución y una reducción de pacientes en centros hospitalarios, se logra con eficientes sistemas de abastecimiento de agua potable y alcantarillado sanitario, de recolección, transporte y disposición final de residuos sólidos.

Con pocas excepciones, la situación nacional es crítica, vertederos abiertos, basureros por doquier, hay muy pocas plantas de tratamiento, muchas antiquísimas, fuera de servicio. Se requieren cientos en industrias generadoras de residuos, una en cada municipio y distrito municipal.


La Corporación de Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo desarrolla un programa de reparación y construcción de plantas, como la que depura el río Ozama, que permitiría tratar más del 40% de las aguas residuales de esta ciudad.

Eficiencia y demanda
La demanda de agua se proyecta para el 2025 con un aumento que la situará en 13,724.85 millones de metros cúbicos anuales.
Un desafío frente a las perturbaciones asociadas al cambio climático, que mantiene la tendencia hacia la sequía. Un gran reto ante el descenso en la calidad del agua, la persistencia de prácticas agrícolas insostenibles, la ineficiencia en el uso del agua y reducción de la vida útil de los embalses.

Planificación no falta.
En el 2016 se creó la Mesa de Coordinación del Recurso Agua, orientada a mejorar la calidad de la gestión de ese recurso y prestación de los servicios de salud (APS) y residuos sólidos. En diciembre de 2020 se anunció el Gabinete del Agua y luego un pacto por el agua, una estrategia nacional a ejecutarse en quince años con un inversión de US$8,850 millones.


Reducir la polución de acuíferos superficiales y subterráneos, depurando las aguas residuales antes de llegar a los ríos y construir siete presas, figuran entre las acciones programadas por el Gabinete, junto a un plan para canalizar las aguas del alcantarillado sanitario a plantas de tratamiento.

Su impulso dependerá de la disponibilidad de recursos, del apoyo gubernamental, empresarial y ciudadano.

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