Perdimos a Ismael, de los Contreras

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POR MARIVELL CONTRERAS
Tendré que revisarme. Sí, porque las noticias buenas y las malas siempre llegan con retraso o para decirlo mejor cuando ya el mal está hecho y la falta está inscrita entre aquellas cosas de las que una nunca se acaba de reponer.

Fue así, cuando ya no podía abrazarme a sus seres queridos que me enteré de que había fallecido Ismael Contreras Mejía. El propio Ismaelito, ese ser cercano y filial que conocí desde muy niña y quien acuñó desde entonces el abrazo, el beso y el saludo de prima.

Era Ismaelito uno de los tres pilares de los varones de la familia Contreras Mejía, los hijos de doña Angélica Mejía e Ismael Contreras –además de Consuelo-. Familia prestante de Monte Plata, mi pueblo natal.

Junto a sus hermanos Angelito Contreras, el cardiólogo, gallero y caballero de incuestionable hidalguía y el afable y tesonero colono César Contreras, se ganó el respeto y la admiración de sus compueblanos.

Siempre sonriente y acogedor lo recuerdo en cualquier lugar de nuestro pueblo, en el salón de Herminia Genao donde se arreglaba cabeza y uñas mientras sostenía una conversación siempre galante con las peluqueras y otros asiduos al salón.

Era uno de esos caballeros que conocieron varias generaciones de chicas monteplatenses que se distinguía por su delicadeza de mantenerles los vasos llenos y pagar sin que estas apenas se dieran cuenta.

La verdad es que muchas lo descubrían solo por la indiscreción de los aparentemente cómplices camareros. El único placer que se permitía entonces era el de pasear su cuerpo acompasadamente a ritmo de un buen merengue en el sempiterno Tropicana.

Mami por su parte nunca ha callado las historias de la generosidad de su querido Ismaelito, de la sostenida defensa y buen trato con que distinguía a sus trabajadores.

Cuando hablo de Ismaelito siento como si fuera de otro y es que sus características son las mismas que adornan a cualquiera de los varones de esa rama variopinta, pero cercana familia Contreras de Monte Plata.

Lo mismo los que venimos de la corriente de Don Dimas Contreras que los de don Lépido o el ya mencionado Don Ismael, Fenelón y los menos expresivos pero igualmente cálidos descendientes de don Morito.

Por eso mi lamento público, porque Ismaelito pasó de primo a tío Ismael, como Angelito y César de primos a tíos, como les besan la mano mis queridos primos Carlos y Jesús, Ramón Emilio o Ricardo. A todos los dolientes mi abrazo les doy y a Ismaelito, que desde su posición privilegiada en el CEA gestionó una media beca para mis estudios de comunicación, un agradecimiento que permanecerá más allá de su vida y la mía.

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