Perfiles sospechosos

Claudio Acosta

Acosados por la omnipresente delincuencia, a diario tenemos la oportunidad de comprobar, entre sobresalto y sobresalto, cómo   se vuelve cada vez más desafiante, como si aquí no hubiera ninguna autoridad a la que los delincuentes se sientan obligados a temer y respetar. Y no lo digo tan solo por la libertad y la audacia conque actúa la delincuencia motorizada, la más letal de todas porque tanto arrebata un  celular a punta de pistola aunque se lleve una vida por delante como asesina por encargo, pues los delincuentes siempre encuentran la manera de mostrarnos qué tan lejos, si los dejan, están dispuestos a llegar a costa de nuestra tranquilidad y sosiego. Poco les importa que  la Policía anuncie estar dispuesta  a poner mayor atención y vigilancia sobre  los motoristas que muestren un “perfil sospechoso”, sobre todo si son dos los “sospechosos” que los utilizan, simple y sencillamente porque no es el único medio de transporte desde el cual se puede delinquir  sin ninguna consecuencia. Precisamente lo que acaban de demostrar los tres encapuchados que,  fuertemente armados y montados en dos mulas y un caballo, se presentaron a una vivienda de la comunidad de La Florida, en San Juan de la Maguana, balearon sin mediar palabras a una mujer, robaron dinero en efectivo y se llevaron  la  motocicleta del marido. Como siempre, la Policía dirá en una nota de prensa  que está investigando  el hecho, y que inició “una activa persecución” de los jinetes delincuentes (¿o deberíamos llamarlos forajidos, como en el Salvaje Oeste que conocimos a través de Hollywood?), que a estas alturas ya se habrán quitado las capuchas y soltado las mulas y el caballo en un apacible  descampado, donde no llamen la atención, convirtiéndose ipso facto en ciudadanos libres  de toda sospecha.