Periodismo, democracia y “bocinazgo”

Millizen Uribe

Quizás no lo quieren considerar las élites económicas o quienes ostentan el poder político de turno, pero entre periodismo, el bueno, el de verdad, y democracia, hay una relación directamente proporcional: mientras mayor calidad tiene el periodismo, mayor calidad exhibirá el sistema democrático.
Por eso no deja de ser preocupante que en los últimos meses hayan salido, en bandada, de medios televisivos y radiales, voces importantes, críticas por demás y sumamente representativas.
Y es que, aunque el periodismo no deja de ser un negocio, como ampliamente recoge y plantea la escuela de Frankfurt o la Teoría Crítica de la Comunicación que visualiza los medios como empresa y la información como mercancía, el periodismo tiene una amplia vocación social que amerita una colocacióncolindante de quienes lo ejercen, con esa ciudadanía común llamada pueblo.
Es tanto que así que existen enfoques como el del Perro Guardián que visualizan el ejercicio periodístico como un “perro rabioso” que siempre está velando y protegiendo los intereses ciudadanos.
Es por eso por lo que, reitero, me preocupa que periodistas y comunicadores que se caracterizan por tener posiciones disidentes a las de sectores y actores oficiales e imponer agendas más sincronizadas con los intereses ciudadanos, estén, de pronto, saliendo de los medios de comunicación masivos y formales, teniendo que refugiarse en plataformas emergentes o alternativas.
Y sí, hay que considerar que las industrias mediáticas, no sólo en República Dominicana, sino en el mundo, están sufriendo una grave crisis económica producto, entre otros factores, de una merma publicitaria vinculada a la aparición de internet y las consecuentes modificaciones que ha introducido en la forma de producir y consumir las informaciones.
No obstante, llama la atención y angustia que justamente esta tipología de comunicadores sean los más afectados, porque su ausencia le resta calidad a una opinión pública que se erige como un cuarto y quinto poder, capaz de hacer el contrapeso, ideal y básico en los modelos democráticos, pero lejano en la democracia criolla donde las mayorías partidarias se aprovechan para manejar instancias gubernamentales como sellos “gomígrafos”.
La descomposición moral de la opinión pública es también la descomposición de la sociedad misma. Por eso, hoy, más que nunca, los ciudadanos y ciudadanas conscientes, críticosy transformadores, y que no se sienten representados en las ideas pagadas del “bocinazgo”, ha de estar vigilante, en pro de que las plumas y las voces independientes resistan, so pena que, para frase ando al poeta Martin Niemöller, cuando vengan por ellos… no haya prensa seria que los defienda.