Periodismo y literatura

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POR PABLO MCKINNEY
Al escuchar las palabras de presentación de José Alcántara Almánzar, y estar en un escenario de tanto prestigio intelectual como éste, sólo puedo decir que hay presentaciones, presentadores y Fundaciones que honran y prestigian con la generosidad de sus palabras y su invitación.

Gracias a la Fundación Corripio, gracias a José Alcántara Almánzar. Y un especial agradecimiento a ustedes, amigos y amigas, por acompañarme.

Las que siguen, son mis personales consideraciones sobre la vieja relación entre periodismo y literatura, que se expresa en lo que Tom Wofe llamó El Nuevo Periodismo, llamado también periodismo literario, de creación, o periodismo narrativo. Sus coincidencias y diferencias. Y cómo puede el periodismo narrativo ser un arma fundamental para la supervivencia de la prensa escrita ante el reinado de la televisión y los avances de la Internet.

Relación Periodismo y Literatura

Les propongo comenzar por la vieja pregunta ¿Es el periodismo literatura? ¿Es el periodismo un género literario? O mejor: ¿Es el periodista un escritor? Yo creo que sí. Pero debo aclarar que en esta conferencia cuando hablo de periodismo no me refiero al periodismo informativo sino específicamente a lo que el profesor José Luis Martínez Albertos llama los géneros para la interpretación periodística, en especial el reportaje interpretativo y la crónica; y los géneros para el comentario y la opinión, que incluye el artículo en sus diversas modalidades, y que son los que mejor permiten utilizar las buenas herramientas de la literatura en su elaboración.

El periodismo de crónicas, reportajes, columnas y artículos, puede ser y es literatura. Lo que no puede ser literatura es el periodismo convencional de notas de prensa, simple pirámide invertida, y el repetido periodismo de declaraciones, tan de moda en estos tiempos en el periodismo nacional.

Un poco de Historia. Pero antes de continuar, me gustaría hacer un paréntesis para mostrarles que los amores entre la literatura y el periodismo de crónicas y artículos, son algo que viene de lejos. Por ejemplo, Heródoto, un periodista griego de hace 2500 años, escribió crónicas de viajes, más tarde las recopiló en nueve libros, y hoy sólo se le conoce como padre de la historia y literato, y no como el periodista caminante que fue. Una especie de corresponsal de guerra de la antigüedad. De igual modo, en 1836, en París, a un editor de apellido Girardí se le ocurrió dedicar la parte baja de la primera página de su diario a la que se le llamada entonces folletín, para publicar novelas.

Claro, aquí no podemos olvidar que en sus orígenes lo que hoy conocemos como periódicos no eran más que crónicas personales convertidas luego en listines marítimos, como nuestro Listín Diario de 1889. Es decir, simples papeles de un solo autor, o para que nos entendamos, una especie de blogs personales de los que tanto abundan hoy en la Internet, pero en papel.

Caso español. Por la influencia cultural que significa el compartir el uso de la lengua castellana, y por el gran desarrollo que ha tenido en ese país el periodismo literario, tan presente hoy a través de columnas de grandes autores, creo válido explicar los orígenes de este uso en esa hermana mayor que es España.

En España, el periodismo literario alcanza su mayor esplendor entre finales del siglo XIX, y la cuarta parte del siglo XX. Según los estudiosos, esto ocurre exactamente entre 1898 y 1936. Y es que en algunos momentos de la historia de España, incluido ese período, el ámbito natural del escritor fue el periódico más que el libro. A tal punto que hoy, más de uno considera que en esos inicios del siglo XX, la mejor literatura de España se escribió en los diarios.

No es casual que en La Generación del 98 predominara el artículo sobre otros géneros. Y es que en ese tiempo, muchos de los grandes autores españoles eran periodistas o escribían asiduamente en los periódicos. Tanto Miguel de Unamuno como Ramón Gómez de la Serna fueron hombres de los diarios que vieron nacer allí gran parte de sus obras. Por ejemplo, aunque era posterior a esta generación del 98, todo lo escrito por José Ortega y Gasset entre 1928 y 1931, desde “España Invertebrada”, “La deshumanización del arte”, hasta su conocida obra “La rebelión de las masas”, fue publicado originalmente en el diario El Sol, propiedad de su familia.

Sobre el resto de Occidente, podemos recordar que Mark Twain, Chesterton, García Márquez, Hemingway, Vargas Llosa, o Balzac, publicaron y han publicado parte de sus obras como folletines, reportajes o artículos en diarios y revistas. Incluso, una obra tan fundamental de la literatura universal como “Madame Bovary”, de Gustave Flaubert, surgió a partir de una noticia publicada en un diario acerca de unos cuernos finos y un suicidio innecesario. Como era común en esa época, la obra apareció por entregas en el Revue de París.

En España, las revistas y periódicos del primer tercio del siglo XX, acogieron en sus páginas las grandes obras de la época. Entre estas:  “España y los españoles”, “Del sentimiento trágico de la vida”, de Miguel de Unamuno. “Juan de Mairena”, de Antonio Machado. De Azorín: “Las confesiones de un pequeño filósofo”. Y de Valle Inclán: “Luces de Bohemia”.

Como pueden ver, no ha sido la página encuadernada el único soporte del quehacer literario. En periódicos y revisas se han gestado los grandes movimientos literarios contemporáneos y han visto la luz muchos obras indispensables de la literatura mundial.

Un viejo error: Literatura es ficción, periodismo realidad.

Existe la errónea creencia de que la literatura se refiere exclusivamente a la ficción, y el periodismo a la No ficción, como si no existieran las obras de García Márquez, Truman Capote, Tomás Eloy Martínez o Francisco Umbral, escritas desde la más personal y doliente realidad. “Noticias de un secuestro”, “Santa Evita”, o la mayor parte de la obra de mi dilecto Umbral, desde su “Mortal y Rosa”, reportaje lírico, poema en prosa sobre la muerte de su único hijo, o su insuperable “Trilogía de Madrid”, pasando por el paradigmático “A Sangre Fría” de Truman Capote, son apenas algunos ejemplos de que el escritor no deja de serlo por trabajar desde la no-ficción, desde la realidad.

No se trata de ficción o no ficción, de literatura o periodismo, de libros o periódicos sino de calidad de texto. De saber escribir, saber contar y hacerlo con calidad de estilo. El periodista que logre esto será un buen escritor, sin necesariamente tener que encuadernar sus crónicas y reportajes en un libro. Claro, esto no niega que la sociedad deba al periodismo la socialmente útil labor de construir la actualidad. Los hechos ocurren pero sólo el periodismo los convierte en “realidad” al convertirlos en actualidad, que es una cosa se crea en los periódicos. Como dice el periodista español, Cándido, “si no existiesen periodistas, no habría actualidad. Habría sencillamente hechos”.

Precisamente para “crear” y mostrar esa realidad se escriben crónicas, reportajes y artículos. Esos trabajos pueden ir a las páginas de los diarios o a las de un libro. Pero todo es literatura. Desde el mundo de la No-ficción se hace literatura en diarios, en revistas o en libros, pero se hace literatura. Sólo cambia el tipo de publicación utilizado para divulgarlo.

Durante varios años yo he escrito mis crónicas de periodismo literario en los diarios, y muchos pensaban que sólo hacía periodismo. Cuando los reuní para convertirlos en un libro sólo entonces algunos pensaron que hacía literatura. Otros piensan sólo mi tercer libro: “El año que vivimos en peligro”, es literatura, porque no es una recopilación de crónicas sino el diario literariamente escrito sobre un año que casi todos quisiéramos olvidar.

Existe un gran prejuicio en contra de quien hace literatura desde la realidad y sobre todo la hace en las páginas de los diarios. Para ilustrar lo afirmado, reproduzco un comentario que hallé en Internet sobre la obra novela “Todo un hombre”, de la autoría del padre del Nuevo Periodismo Tom Wolfe, donde un crítico de nombre Rafael Rojas, afirma: “Con los 7 millones de dólares que le dieron de anticipo y con 1.2 millones ejemplares tirados en la primera edición es como para dormir tranquilo. (…) No está mal para un ex periodista. (…)

Una vieja anécdota del mundo literario español cuenta que una vez fueron dos jóvenes reporteros a intentar entrevistar a un famoso torero en su finca de Andalucía. Le dijeron al portero que eran periodistas. Este entró a la casa y regresó al poco tiempo con un billete de mil pesetas para cada uno, y les dijo que el señor no podía recibirles. Los reporteros indignados exclamaron: “Oiga usted, nosotros somos escritores”. Entonces, el criado entró de nuevo a la casa, y al hacerle al torero la aclaración, este reaccionó: ¡Ah!, Entonces llévale dos mil pesetas a cada uno, pero que no me fastidien.”

Nostalgia del Nuevo Periodismo

Lo cierto es que por razones de rentabilidad económica y la influencia recibida del periodismo norteamericano en su intento por competir con la televisión y más recientemente con la Internet, el periodismo actual se ha ido alejando cada vez más de aquel periodismo narrativo que predominó en sus inicios. En esta etapa es importante la obra periodística de José Martí, en el siglo XIX, y del movimiento con el que en Estados Unidos Tom Wolfe asustó al mundo intelectual con su “Nuevo Periodismo”, que comenzó en 1965 con el gran reportaje de Truman Capote, “A Sangre Fría”, y siguió en 1969 con “Los ejércitos de la noche”, de Norman Mailer.

En los años sesenta y por varías décadas, el Nuevo Periodismo, hablando siempre en primera persona, se hizo rey de periódicos y revistas a través de reportajes y crónicas. En el caso dominicano, se lamenta la ausencia de aquellos reportajes de Ramón Emilio Colombo en HOY, durante la poblada de abril de 1984, por ejemplo. O los de Fausto Rosario Adames, en la Revista Rumbo. El excelente equipo de periodismo de investigación que lideraba Bienvenido Álvarez Vega, en HOY, o el periodismo de altos quilates que se hizo en la primera etapa del diario El Siglo, también bajo la dirección también de don Bienvenido, para quien no me alcanzan las palabras ni el abrazo para agradecerle que me haya permitido iniciar en 1990, bajo su tutela y sabiduría, mi carrera de reportero/cronista/ corresponsal itinerante de ese diario entre España y Estados Unidos.

En la actualidad, en los diarios ya no se escriben crónicas ni reportajes en primera persona. Y se ha vuelto al uso de la tercera persona como un instrumento que busca dar a la crónica objetividad, desde mi punto de vista, una falsa objetividad, como si el periodista o escritor fuera una laptop con camisa. El uso de la primera persona no sólo es más objetivo, sino también más sincero, porque reconoce que quien escribe no está diciendo la verdad, sino SU VERDAD. Como dice el escritor argentino Martín Caparrós: “Escribir en primera persona, es sólo una cuestión de decencia. El truco ha sido equiparar objetividad con honestidad; y subjetividad con manejo, con trampa.”

Por su parte, mi dilecto Francisco Umbral afirma: “Este periodismo novelesco es el que uno había hecho siempre, en contra del mito anglosajón de la objetividad/ imparcialidad y el trabajo de equipo, anónimo, que aburre a las culebras, y cuyo truco consiste en dar anonimidad por objetividad, como si los dossieres bajasen del cielo”. La campaña interna por la candidatura presidencial que en el PRD se disputan Ortiz Bosch y Vargas Maldonado, o los casos BANINTER Y BANCREDITO, y la forma cómo cada medio de comunicación ha dado cobertura a estos hechos y a sus protagonistas, dan la razón a lo afirmado por Francisco Umbral.

No existe un periodismo neutro, imparcial e incoloro. Al fin, los temas, las primeras páginas, ni los grandes titulares de los diarios son fruto del azar. Ni los manda San Pedro que no se mete en esas cosas, ni lo envía la Virgen de la Altagracia, tan ocupada siempre. En el caso dominicano, la guerra abierta entre medios de comunicación escrita -propiedad de grupos económicos enfrentados- y un breve análisis de sus titulares, pueden servirnos para ilustrar lo aquí afirmado.

Personalmente, considero que la objetividad es un invento que desmiente la realidad. Lo que sí existe y defendemos es la honestidad profesional y personal. No es una PC la que escribe sino un ser humano, y, además, un ser social y político. Aún recuerdo cuando en mis años de estudiante en Madrid, por recomendación de mi ya viejo amigo Fausto Rosario Adames, compré la obra del profesor Martínez Albertos que ya cité, para aprender a escribir mis reportajes… en tercera persona.

Penalización del escribir en el periodismo

Pero hay otro elemento a tomar en cuenta, y tiene que ver con la penalización que existe en las redacciones de los diarios para quien quiere escribir. La lógica empresarial de la administración y el amor del periodista por su oficio, son una vieja lucha expresada en las querellas entre el director y el administrador de un periódico.

Un buen cronista, reportero, en la primera oportunidad será premiado con una designación de editor o jefe de redacción, y dejará de escribir diariamente para pasar a editar, supervisar, sugerir y proponer escritos. En el mejor de los casos, ya escribir no será su primera función en el diario. Generalmente se refugiará en una columna, una o dos veces a la semana. Y así, por “culpa” de su calidad y entrega al trabajo, habremos perdido al reportero, al cronista excepcional.

Ojalá, al semanario Clave, por un lado, y a Diario Libre por otro, no se les ocurra nombrar a Panky Corcino o María Isabel Soldevila, respectivamente, en un cargo de ejecutivo, de editor jefe o algo peor.

Es un problema del periodismo mundial: Con la excelencia viene el ascenso en la jerarquía periodística que lleva a mejores condiciones de trabajo, pero a la vez lo aleja del periodismo más auténtico, el de la crónica y el reportaje. En fin, si no hay mejores escritores en los medios de comunicación es porque se paga mejor por editar que por escribir. Se penaliza económicamente el deseo de escribir sobre supervisar o dirigir. Cosas del Capital y sus reglas.

Coincidencias y diferencias entre Periodismo y literatura

Pero retornemos ahora a la pregunta central a la cual conduce el título de esta conferencia: ¿Es el periodismo literatura? Para explicar esto, les propongo partir de las coincidencias y las diferencias entre ambos.

Coincidencias

Sobre las coincidencias, debo decir que ambos buscan lo mismo: contar, comunicar una historia con palabras y voluntad y calidad de estilo, es decir, correcta y seductoramente. Para Gabriel García Márquez: “La crónica tiene la técnica del cuento con la diferencia de que los hechos son ciertos”.

Ya hemos visto que grandes obras de la literatura universal nacieron en los diarios, y que otras no son más que amplios reportajes encuadernados. Ahora me remito al escritor gallego Manuel Rivas, y su libro, “El periodismo es un cuento”, en donde afirma: “Hay un problema de ignorancia. Periodistas que confunden la literatura con el retoricismo, y escritores, literatos, que confunden el periodismo con la banalidad…”
(Continuará)

Un mal periodista ni es escritor ni es nada, es apenas un mal periodista. El buen periodismo siempre es literario, o como dice más literariamente Manuel Hidalgo: “Lo que nunca olvidaremos de los periódicos, de la radio y la televisión, es lo que tienen de literatura.”, de bien escritos, añadiría yo. El problema es que a los periodistas sólo nos llaman escritores después de haber publicado un libro y no antes, como si el periodista en vez de escribir cantara.

Según Luis Carandell, en su obra “El arte de escribir”, esto viene porque el reconocimiento social del escritor es superior a la del periodista. Y recuerden aquí la anécdota del torero que ya les conté. Sin embargo, si bien es cierta la relación del periodismo y la literatura como ramas del mismo tronco, o como de un pájaro las dos alas, que diría Martí, también es cierto que existen algunas diferencias entre periodismo y literatura que me gustaría destacar, especialmente el tiempo y la verdad. .

Diferencias

Tiempo y periodismo literario.

El periodismo está sometido a estas dos hogueras, el tiempo y la verdad, de las que está liberado el novelista. Como dice Francisco Umbral, para conseguir un buen artículo “hay que quemar un ensayo, un soneto y una noticia.” Yo añadiría que hay que ser esclavo del tiempo. Por ejemplo, todo el mundo sabe que las prisas del cierre son la espada de Damocles de toda redacción periodística.

Como señala Martín Caparrós: “El torrente de la información que llega todos los días a los periódicos exige una concisión y brevedad que están reñidas con cualquier alarde literario. Por eso la crónica o el artículo son los instrumentos preferidos y posibles de periodismo literario.”

Claro, el hecho de que en los últimos tiempos cada vez se cultive menos la crónica y el reportaje en los diarios, ha aumentado la percepción de que periodismo y literatura son cosas muy diferentes, precisamente porque los géneros periodísticos exclusivamente informativos –la información- están más alejados de la literatura que todos los demás.

Lo efímero e impersonal del periodismo de información, no necesariamente descalifica al periodista como escritor, pero sí lo aleja de la literatura y sus armas de seducción. El periodismo de información se caracteriza por efímero, mientras que la literatura tiene el atractivo de lo eterno.

En ese sentido, Juan Luis Cebrián en sus “Cartas a un joven periodista” sentencia: “Nada que se haga tan apresuradamente como un periódico puede perdurar, y no tiene sentido afrontarlo, por eso, con ánimo literario.” Aunque desde mi punto de vida, esa afirmación de Cebrián se aplica más exactamente al género exclusivamente informativo y no a los géneros para la interpretación periodística, o los del comentario y la opinión.

Pero si nos referimos específicamente a la crónica, -y recordemos a aquí a Heródoto-, aceptaremos que el tiempo es el gran escritor. Pues si salvamos un texto de la hoja perecedera y efímera del periódico y lo llevamos hasta la encuadernación del libro, la crónica entonces, se revela como pura literatura.

Verdad y Periodismo Literario.

Pero si hay un elemento que separa al periodismo de la literatura es el apego a la verdad. En el mágico mundo de la literatura, y me refiero ahora específicamente a la literatura de ficción, la verdad es un lujo de periodistas honestos, que deben ser esclavos de la confirmación, exactitud y verosimilitud de los datos de la historia que desean contar. Pero un novelista en grado químicamente puro, un novelista de la ficción, no tiene que permitir que la verdad le robe una buena historia.

En otras palabras, y como bien dice, Juan Luis Cebrián: “la buena literatura no tiene por qué se honesta y el buen periodismo sí.”

El maestro Umbral habla de que con buenas intenciones solo se hacen malas novelas, y por eso un buen escritor tiene que comenzar por matar a su madre, que es una forma de decir que tiene que romper con todo, incluida la verdad. Claro, siempre y cuando estemos hablando de literatura de ficción.

Al contrario de los sufridos periodistas, escritores de la realidad, para el novelista de la ficción la mentira es uno de sus lujos. Él construye la realidad, su realidad y no tiene la obligación de serle fiel.

La mentira es un lujo del que no disfruta jamás el periodista, que debe estar más atado la verdad histórica de lo que intenta contar, que el mismísimo Acuerdo de Madrid de nuestras penas eléctricas y apagones.

9.- Relación entre periodismo y literatura según grandes autores de la literatura iberoamericana.

Veamos ahora, qué opinan del periodismo los grandes nombres de la literatura iberoamericana.

Juan Bosch ve la diferencia entre ambos a partir de considerar que la literatura es arte y el periodismo es una profesión, aunque reconoce que el lenguaje conecta a ambos.

Para el poeta, y profesor de estética valenciano, José María Valverde, el periodismo era la propuesta literaria más propia de nuestro tiempo, y consideraba que en España había que buscar la literatura contemporánea entre los columnistas de los mejores diarios.

Francisco Umbral considera que en cuanto “se ensaya un lenguaje nuevo, una forma nueva de comunicación verbal, se está haciendo inevitablemente literatura.” Y decididamente, considera el periodismo de creación un género literario.

Por su parte, Alejo Carpentier no separaba al periodismo de la literatura salvo por cuestiones de estilo. Para él, el periodista y el escritor se integran en una sola personalidad. Veía al periodista como un escritor que trabaja en caliente, que rastrea el acontecimiento día a día sobre lo vivo. Mientras que el novelista, a su entender, es un hombre que trabaja retrospectivamente. “Yo creo que el periodismo es una magnífica escuela de vida, es una magnífica manera de estar en contacto con el suceso diario, con lo que ocurre, con la historia contemporánea, y sin esos contactos no creo que pueda hacerse en este siglo novela válida ni duradera”

Alberto Moravia, además de querer estudiar periodismo a los sesenta años, consideraba que “todo escritor contemporáneo debe pasar por el periodismo.

Octavio Paz consideraba que la buena poesía moderna está influida por el periodismo. Y habló de su deseo de dejar “unos pocos poemas con la ligereza, el magnetismo y el poder de convicción de un buen artículo de periódico… y un puñado de artículos con la espontaneidad, la concisión y la transparencia de un poema”.

Por su parte, García Márquez ha declarado que para él lo ideal sería que la poesía fuera cada vez más informativa y el periodismo (el informativo, PM) cada vez más poético.

10.- Futuro del Periodismo literario

Finalmente, como hemos podido ver, el periodismo literario o narrativo no sólo es literatura, sino, que es mucho más. Este periodismo novelesco que confiesa su subjetividad con el uso de la primera persona, y aspira al placer del texto, a informar y motivar, a seducir con palabras y argumentos como toda literatura, está en los orígenes del mejor diarismo iberoamericano y puede ser un instrumento fundamental para la supervivencia de éste. Y ahora, estoy hablando de la ya vieja lucha de la prensa escrita por sobrevivir al impacto que ha representado la televisión, durante los últimos cuarenta años, y la Internet más recientemente, en la población.

Al punto que hoy, la mayoría de los ciudadanos se enteran de lo que pasa a través de la televisión o la radio, y los más jóvenes prefieren la Internet.

En nuestro país, el gran poder que mantiene la prensa escrita tiene que ver fundamentalmente con la credibilidad que inspira la página publicada, y sobre todo con el poder de agenda que ella tiene, y que por un problema de rentabilidad y falta de equipos de producción periodística, se irradia sobre la mayoría de nuestros programas de radio y televisión, quienes seleccionan sus contenidos, no sólo de sus fuentes sino también y sobre todo de lo publicado por la prensa escrita.

Nuestros periódicos imponen la agenda de los demás medios de comunicación y ese es su poder. Pero en un mundo cada vez más interconectado, un mundo de blogs personales y páginas Web gratuitas por doquier, esto necesariamente irá cambiando y con ese cambio podría llegar la gran crisis del diarismo. Por esto, como plantea Tomás Eloy Martínez, la permanencia del periodismo escrito depende en gran medida del uso o no que este dé al periodismo literario o narrativo.

La prensa escrita no puede competir con la televisión y la Internet apoyada en la Infografía, el diseño y el full color, sino con la “full calidad” del texto interpretativo, con la narración que se apoya en la investigación y en las armas seductoras de la literatura para contar una historia.

Nada como los telediarios para informarse en caliente de lo qué pasó, o como la Internet que en milésimas de segundos lanza al mundo global cualquier información desde una PC de 300 dólares. Pero en la cadena informativa falta algo. Y es la profundización, la explicación y el análisis del hecho “noticiable” para ser consumido a la hora que usted disponga. He ahí el papel que el periodismo narrativo puede jugar en el diarismo.

La ventaja comparativa del diario no puede ser el full color ni el diseño, que jamás podrá competir con la agilidad ni el atractivo de la imagen, sino el periodismo narrativo, la calidad de un texto que explique, profundice y sugiera, echando mano a las herramientas seductoras de la literatura y sus armas. Por ejemplo, ayer, al mediodía, a minutos de ocurrir, supimos de la reunión entre el Presidente Fernandez y su homólogo Bush. Y nos enteramos del agradecimiento del presidente estadounidense a nuestro Presidente “por los consejos recibidos”. La televisión en sus prisas sólo alcanzó para brindarnos las imágenes y decirnos de un agradecimiento por unos consejos.

Ante ese hecho, importante y casi histórico, hubiese sido maravilloso el haber tenido esta tarde en El Nacional la crónica de periodismo narrativo, sobre lo que ocurrió en ese encuentro, los hilos del piropo imperial a nuestro Presidente.

No es diseño, ni full color lo que necesitan los diarios para competir con la televisión o la Internet, sino periodismo literario, narrativo.

Los diarios necesitan volver a sus orígenes de narrar los hechos con la minuciosidad que no alcanza a contar la televisión, para convertirlos en actualidad. Pero una actualidad extensamente contada, inteligentemente analizada, y con un background periodístico/sociológico que la señora televisión, con la calentura de sus telediarios, y atrapada en sus prisas, sus tomas de apoyo y su redacción de pirámide invertida, no puede proporcionar al televidente.

No es casual el éxito de las columnas personales de opinión en todo el mundo, y en especial en el periodismo iberoamericano.

En fin, ojalá haberles convencido de que el periodismo literario o de narración no solamente es literatura, que lo es, y no solamente ha sido fundamental en la historia del periodismo, que lo ha sido, sino que, además, y sobre todo, como la Poesía Urgente de Gabriel Celaya, sigue siendo un arma cargada de futuro.

Gracias.

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