Período esperanzador para la Asociación Dominicana de Críticos de Arte

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POR MARIANNE DE TOLENTINO
A finales del 2006, la Asociación Dominicana de Críticos de Arte cumple dos décadas y un lustro desde su creación.

Es joven, si la comparamos con las Asociaciones de Argentina y del Brasil, que ya pasaron hace tiempo del medio siglo, pero es una entidad adulta, con un balance de altibajos, con una memoria colectiva, con una membresía que ha ido creciendo mucho al compás de los años, pese al fallecimiento de algunos socios y a la “desactivación” de otros.

La agrupación se creó localmente, en la Galería –hoy Museo– de Arte Moderno, con seis miembros fundadores y, coincidiendo con una visita del entonces secretario general internacional, el crítico francés Raoul Jean Moulin –amigo entrañable del inolvidable artista y crítico nuestro, Silvano Lora–, invitado como jurado de la Bienal Nacional. Casi inmediatamente la sociedad se afilió a la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA), de la cual es una sección, como las demás asociaciones nacionales.

Objetivos y logros

Al igual que la AICA, que propone estos objetivos en su definición, y adaptándolos localmente, los fines de la Asociación Dominicana son:

“Promover la crítica de arte como disciplina y contribuir a su metodología.

Proteger los intereses morales y profesionales de los críticos de arte y cooperar defendiendo los derechos de sus miembros.

Además, asegurar un enlace permanente entre sus miembros, alentando los encuentros nacionales e internacionales, facilitar el intercambio de información a nivel nacional e internacional en el campo de las artes visuales, contribuir al acercamiento y al conocimiento recíproco de las culturas.

La Asociación Dominicana de Críticos de Arte ha gestado, real y efectivamente, la creación de las Asociaciones de Críticos de Arte de Haití, de Puerto Rico, del Caribe Sur, de Panamá, ¡hasta la propuesta de un Secretariado General para América Latina! No creemos que ninguna otra asociación de críticos en el mundo haya contribuido tanto a la integración de los profesionales de la crítica, en una perspectiva regional.

Debemos reflexionar acerca de estos logros gremiales, que se disuelven en el olvido, empezando por los beneficiados. Pero el espíritu de cooperación se preserva, y confiamos en que la ADCA, reactivada, no vacilará en tener y apoyar otras iniciativas similares. Se está muy consciente de que incumbe a los críticos dominicanos recobrar una vigencia asociativa como la tuvieron anteriomente.

Varias actividades se están organizando para que el vigésimo-quinto aniversario sea significativo y comprometedor. Curaduría de exposiciones, participación en comités nacionales, charlas y coloquios, aparte de una revisión de los estatutos y otros asuntos administrativos, se inscriben entre sus planes. Ahora bien, podríamos considerar que los Premios de la Crítica 2005/ 2006, actualmente en etapa de estudio, serán una de las primeras manifestaciones conmemorativas, reanudando con una práctica que se había convertido en tradición.

 Relaciones con la AICA y congresos

Otro punto fundamental consiste en la relación permanente de las secciones nacionales con la oficina parisina de la Asociación Internacional: intercambio de datos, consultas, labor en comités, participación en los congresos que se celebran anualmente en un país distinto. ¡Puerto Rico y el Caribe Sur fueron sedes, casi inmediatamente después de la creación de sus secciones!

La asistencia de un miembro de la Asociación Dominicana al Congreso y Asamblea general de la AICA, desde hace varios años, correspondía a una iniciativa puramente personal. No existía delegación ni mandato representativo en esos cónclaves –abiertos a todos los miembros– esenciales para que los críticos de arte del mundo se conozcan. Esta situación lamentable va a cambiar.

 En el 2006, el Congreso de la AICA se celebrará brillantemente en París, durante el mes de octubre. Ahora el tema de conferencias y debates justamente versa sobre la crítica de arte, y los aportes de profesionales, oriundos de cinco continentes, serán apasionantes. La nueva directiva de la asociación –encabezada por Amable López Meléndez y Myrna Guerrero– está consciente de la necesidad de una presencia y representación del colectivo: es uno de los asuntos prioritarios.

En fin, la Asociación Dominicana de Críticos de Arte  tiene por delante una ardua y polifacética labor. No solamente debe corregir su imagen ante el mundo del arte dominicano, sino superar todo lo hecho en períodos anteriores, para mejorar primordialmente la situación de la crítica y de los críticos en nuestro país. Hoy no nos cabe duda de que esas metas, de múltiples tareas, basadas en la sinceridad, el trabajo y la capacidad, regirán las acciones de una renovada agrupación profesional.

Premios y distinciones

La entrega de los premios y reconocimientos otorgados por la Asociación Dominicana de Críticos de Arte era y volverá a ser un momento de alegría, no solamente para los profesionales de la crítica y los artistas, sino para todos los amantes del arte.

La ADCA es pobre, muy pobre, huérfana de subvenciones culturales públicas y privadas hasta el momento, a pesar de ser una asociación sin fines de lucro, legalmente incorporada –un logro fundamental e histórico en el umbral del tercer milenio-. Lucha para sobrevivir materialmente de las cotizaciones –no siempre abonadas- de sus miembros: y por tanto no tiene capacidad económica para recompensas materiales.

¡Diríamos que el reconocimiento otorgado es el oro del prestigio! Tener una exposición, una obra, un libro, elegidos como los más sobresalientes del año por expertos en la materia, es presea en cualquier país. Una distinción intelectual y moral como un premio de la crítica, corona, sino la fama, el oficio cabalmente realizado y/o un aporte social invaluable.

No externamos simplemente una opinión personal: la Asociación Internacional de Críticos de Arte solicita a sus secciones un reporte de los Premios Anuales como punto primordial del informe de actividades, ¡reporte que también se había interrumpido por falta de contenido! Con excepción de los últimos años, habíamos satisfecho en la República Dominicana a este requisito básico, y las premiaciones reglamentarias eran un orgullo de nuestra asociación que, concedía además reconocimientos especiales y homenajes. En las fotos que acompañan este texto, observamos enfoques de una entrega de premios, dentro de un marco formal sino solemne. Era también la oportunidad de departir con las personalidades más importantes para el desarrollo del arte dominicano.