Pero la economía mundial pudiera no ser el cuento de hadas que parece

Comentario Editorial
Como observara David Hume, en tono algo desalentador: “No es contrario a la razón preferir la destrucción del mundo entero a rascarme un dedo”. Tampoco es contrario a la razón que los mercados le presten más atención a algunas palabras apaciguadoras de Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, que a los continuos bombardeos del Líbano, los sabotajes en Irak, la búsqueda de armas nucleares de Irán y los dislocados misiles que surgen en Corea del Norte.

Los mercados han vacilado ante lo que Newt Gingrich describió como las etapas iniciales de la tercera guerra mundial, pero después que el señor Bernanke esbozara un panorama de aterrizaje suave para la economía norteamericana, los principales índices de acciones regresaron al 1%, más o menos, de donde estaban al comenzar el año. El Armagedón económico ha sido pospuesto una vez más.

Por muy insensible que parezca, hay lógica en eso. Lo que está ocurriendo en el Líbano es una tragedia humana, pero no es una tragedia económica. El Líbano es en sí económicamente insignificante, con una economía tres veces menor que la de Manhattan. Su producto interno bruto total es un error mínimo en las cifras de crecimiento de Estados Unidos. La razón por la cual los inversionistas tuvieron algo en cuenta la conflagración fue  porque los precios del petróleo subieron, reflejando un riesgo reducido de una posible interrupción de los suministros.

Los mercados petroleros ya se han visto afectados por los nervios anteriormente: los comerciantes compran el petróleo que no intentan consumir, por si acaso. Las reservas de petróleo crudo son cerca de 335 millones de barriles, por encima de los rangos históricos y 5% superior a estas fechas el año pasado. Pero todo el nerviosismo -y las interrupciones de suministro en Irak, Venezuela y Nigeria- no debería ocultar el hecho de que el precio del petróleo está alto principalmente porque la economía mundial está creciendo con fuerza. Sorprendieron durmiendo a los productores, pero ya despertaron.

El hecho de que la economía mundial no se haya venido abajo es suficiente para hacer que cualquiera se crea los cuentos de hadas, en particular, el de la economía de Ricitos de Oro; “está bien”, creciendo con fuerza, sin mucha inflación. Pero si ni las tensiones globales ni el petróleo generan un final triste, habrá otros muchos candidatos. 

El primero es la inflamación de los mercados inmobiliarios, en especial en EEUU. Un auge en las propiedades ha facilitados muchos préstamos, financiando el entusiasmo de los consumidores norteamericanos para comprar cosas y aportándole el ímpetu existente al resto del mundo. Es tentador sugerir que lo que sube tiene que bajar, en especial ahora, que la Fed ha elevado las tasas de interés 17 veces consecutivas. Otras autoridades de política monetaria también han estado ajustando las tasas, aunque por puntos de vista diferentes. Hay una razón para esto: la política monetaria ha sido asombrosamente acomodaticia y hay señales claras de presiones inflacionarias tanto en EEUU como en el Reino Unido.

El segundo aguafiestas es el actual déficit de cuenta corriente de EEUU, que inevitablemente  presionará más al dólar. Es posible que el ajuste sea tan suave como la cama de Mamá Osa, pero muy bien pudiera no serlo.

El déficit se ha mantenido tercamente durante tanto tiempo que los economistas están empezando a fabricar historias sobre como, después de todo, pudiera ser sostenible. Está circulando un nuevo documento del Buró Nacional de Investigaciones Económicas que sugiere que la necesidad global de acumular activos de EEUU es una consecuencia natural y sostenible de economías en desarrollo con rápido crecimiento con mercados de capital débiles. Es un cuento alentador. Lo que preocupa es que los inversionistas se muevan demasiado rápido para aprovechare esa comodidad en un mundo que sigue estando lleno de peligros.

VERSION IVAN PEREZ CARRION