Pescando en aguas revueltas

Amparo Chantada

El nacionalismo es un sentimiento noble de un pueblo que se identifica con un territorio, con valores, con una historia. Así ocurrió en R.D. en 1965 cuando el nacionalismo se elevó frente a una agresión imperialista. Pero el sentimiento nacionalista sufrió, en el transcurso de la Historia, cierta deformación. Es el caso, en Francia, cuando en 1894 un oficial francés judío, Alfred Dreyfus, fue arrestado y acusado de traición y de trabajar para el servicio de inteligencia del Imperio Alemán. El caso Dreyfus proveyó una de las líneas divisorias más radicales en Francia. El nacionalismo, que había sido antes del caso Dreyfus una ideología de izquierda y republicana, se había convertido en una ideología, de derecha o, incluso, de extrema derecha. Es, esta epopeya, la que se considera como la base de un nacionalismo nocivo en Francia que se manifestó después, en los años 40, con el gobierno colaboracionista del Mariscal Petain. En ese trayecto se inscribe la creación de un partido de derecha, el Frente Nacional que lideraba el señor Le Pen y ahora, por herencia política, su hija Marine. La candidata de la ultraderecha a la presidencia de la República francesa, Marine Le Pen, consiguió unos resultados históricos, en las ultimas “presidenciales” al conseguir un 18% de los sufragios. El Frente Nacional ha superado así todas las expectativas que le daban las encuestas, sobre la base de un discurso no francamente racista pero que sitúa “lo francés”, lo “nuestro”, “nuestros valores” por encima de la realidad nacional que es la crisis, la falta de competitividad de las empresas francesas frente al líder europeo, alemán y la ola de emigrantes, de las ex colonias africanas en particular. Ese discurso envuelve la religión, el color de la piel, las costumbres, los orígenes y ha provocado una “fractura social”. En época de crisis, gana adeptos y en marzo 2014 ganará en las elecciones municipales. Y pensando en esa ola regresiva, nociva y peligrosa, pienso, toda proporción guardada, que el Frente Nacional Progresista del señor Vincho Castillo se parece mucho a ese partido francés: es todavía “marginal” no significativo, no ha convencido a muchos intelectuales, carece de discurso, de “identidad” pero se está proyectando en la sociedad con un discursos peligroso, populista y demagogo. Sola punto positivo para él, ya, ha encontrado su posible “Vice Presidenta”.