Pescando sardinas

Los pertinaces críticos de la corrupción y la impunidad que la cobija y ampara tendrán que hacer la corrección de lugar, pues ya no podrán proclamar a los cuatro vientos, como una prueba irrefutable de que nuestros gobiernos no combaten el flagelo, que no hay un solo funcionario preso por robarse los dineros del pueblo. Un exfuncionario de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) acaba de ser condenado a dos años de prisión por el Segundo Tribunal Colegiado de la Cámara Penal del Juzgado de Primera Instancia, que lo encontró culpable de tráfico de influencias y desfalco en perjuicio de esa dependencia, donde se desempeñaba como auditor. Laura Guerrero Pelletier, directora de la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa (PEPCA), explicó que las pruebas aportadas durante el juicio demostraron, más allá de toda duda razonable, la culpabilidad del imputado, quien según el expediente acusatorio exigía altas sumas de dinero a los contribuyentes a cambio de garantizarle la evasión de los impuestos correspondientes, llegando a solicitar hasta RD$1.2 millones por sus servicios. Claro está, esa cantidad de dinero es una verdadera chilata si la comparamos con otros casos de corrupción (por ahí anda tan campante el ingeniero Héctor Rodríguez Piementel, acusado desde el 2012 de cometer un fraude por mas de mil millones de pesos en el INDRHI) a los que la justicia no ha dado ninguna respuesta, y son tan numerosos, y algunos de ellos tan sonados, q ue no es necesario que se los recuerde ni que cite por sus nombres y apellidos a sus protagonistas. Por eso no faltarán los que al enterarse del envío a prisión del exfuncionario de la DGII le resten valor y relevancia, pues con tanto tiburón que anda por ahí devorando todo lo que se le pone delante no tiene ninguna gracia, y muy poco mérito, atrapar una sardinita que simplemente se extravió en las aguas equivocadas.