Pide llevar evangelio por calles del mundo

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CIUDAD DEL VATICANO (EFE).- El papa Benedicto XVI ofició ayer en la basílica romana de San Juan de Letrán la misa de la festividad del Corpus Christi, en la que pidió que el Evangelio sea llevado por todas las calles del mundo. Después, el Pontífice presidió por las calles del centro de Roma la Procesión del Santísimo.

El Papa Ratzinger resaltó en la homilía la importancia de la procesión del Corpus por las calles de las ciudades, así como la fuerza del sacramento de la Eucaristía.

También subrayó que Cristo siempre está en camino por el mundo e invitó a los cristianos a llevar el Evangelio a todas las naciones.

“Nosotros llevamos a Cristo, presente en la figura del pan, por las calles de nuestra ciudad. Ponemos en sus manos estas calles, estas casas, nuestra vida diaria. Nuestras calles deben ser las calles de Jesús. Nuestras casas deben ser casas para él y con él Nuestra vida cotidiana tiene que estar impregnada de su presencia”, afirmó.

Joseph Ratzinger añadió que con ese gesto ponemos bajo sus ojos “los sufrimientos de los enfermos, la soledad de los jóvenes y ancianos, las tentaciones, los miedos, “toda nuestra vida”.

Según el Papa, la procesión es una gran y pública bendición para la ciudad: “Cristo está en persona, la bendición divina sobre el mundo se extienda sobre nosotros”.

El Pontífice manifestó también que en la fiesta del Corpus Christi la Iglesia revive el misterio del Jueves Santo a la luz de la Resurrección.

“Jesús aquella noche se puso en manos del traidor, del exterminador y así venció las tinieblas del mal. Sólo así el don de la Eucaristía, instituida en el Cenáculo, encuentra su realización: Jesús da realmente su cuerpo y su sangre. A través del umbral de la muerte se convierte en pan vivo, verdadero maná, nutrición inagotable para todos los siglos. La carne es pan de vida”, afirmó.

Benedicto XVI manifestó que la verdadera meta del camino del hombre es la comunión con Dios e invitó a los hombres a ir por las calles del mundo llevando el Evangelio a todas las naciones, “portando el amor de Dios por los hombres de todos los tiempos”.

A la misa, celebrada en el atrio de la puerta principal de la basílica-catedral de Roma, asistieron varios miles de personas, así como varios centenares entre cardenales, obispos y sacerdotes.

En las plegarias se pidió por la paz en el mundo, por la prosperidad de la Iglesia y por la unidad de todos los cristianos.

También se pidió por la salubridad del aire, por la abundancia de los frutos de la tierra, por los navegantes, los viandantes, los enfermos, los que sufren, los prisioneros y por todos los fieles del mundo.

Concluida la misa solemne, Benedicto XVI oró de rodillas ante el Santísimo y después presidió la procesión del Corpus a lo largo de la Vía Merulana, calle que une las basílicas de San Juan de Letrán y Santa María La Mayor, templo vinculado a España.

La procesión, a la que asistieron miles de romanos y peregrinos presentes en Roma, concluyó con la bendición final. Como es tradición, los niños que este año tomaron la primera comunión participaron en el cortejo.

Benedicto XVI, de 78 años, realizó el recorrido en un vehículo presidido por la Custodia. El Papa cubrió el trayecto arrodillado.