Pigmalión y la política

JOSÉ D. BATISTA
Hoy, que todos los modelos políticos están agotados, que los políticos quedaron mudos, que los pueblos son sordos a la ciencia que trata de dirigir el comportamiento humano, surge el resentimiento, la amargura y la rabia, y se elige a aquellos que representan el castigo. Como dice la canción “Debut y despedida” fue el señalamiento profético de Rómulo Betancourt en su discurso pronunciado en la creación del partido ADECO, de Venezuela: “Nosotros, los hombres de Acción Democrática, comprendemos los peligros que entraña esa frase. Los “países perdidos” se los encuentra y se los coge el primer aventurero audaz que se atreva a ponerles la mano”.

La misma suerte parece correr el discurso de Plutarco Elías Calle, fundador del partido PRI, de México; “La falta de caudillos facilitará el cambio de un país de un hombre a una nación de instituciones y leyes”.

El deterioro político actual, hace que se cumpla el señalamiento de Rómulo Betancourt, y que se incumpla la esperanza de Plutarco Elías Calles.

Entre los hombres de acción que quisieron repensar la política estuvo Don Luis Muñoz Marín “El bate”, su oferta de “Pan, tierra, y libertad” recibe un comentario latinoamericano en la expresión de un campesino mexicano, recogida en un periódico que data de los tiempos post revolución mexicana y que se encuentra, precisamente, en una pared del museo de Pancho Villa en Chihuahua, y lee: “Hicimos la revolución para que hubiera pan, tierra y libertad; pero ¿pa’ que la hicimos?”

Esta es la pregunta peligrosa de los indígenas y los dejados atrás de la globalización, que se preguntan para qué han servido las independencias, y para que ha servido el progreso macro-económico.

El problema está en que los que toman el poder, en este momento, quieren regresar al continente al inicio del debate entre comunismo, capitalismo y socialismo, dejado atrás al inicio de la revolución bolchevique. Este fue el debate entre Lenin y Kaustky, comenzado por Kautsky, en su libro “La guerra del proletariado”:

“¿Qué motivos hay para que la dominación del proletariado tenga que tomar una figura incompatible con la democracia? Un régimen que sabe que cuenta con las masas usará la violencia únicamente para defender la democracia y no para suprimirla. Sería un verdadero suicidio si quisiera suprimir su base más segura, el sufragio universal, fuente poderosa de autoridad moral”.

Naturalmente esa era la forma en que Kautsky enfocaba el concepto de apertura en aquel momento, pero ¿No será la misma intención hoy, utilizar el voto castigo para querer establecer sistemas cerrados? La declaración de Kautsky significo la rotura entre comunismo y socialismo. Entre un socialismo marxista, como el que existe en cuba, y un socialismo abierto como existe en España o ha existido en México.

Todo esto nos lleva a considerar la ineficacia de las ideologías políticas vigentes en el continente, y nos recuerda el grupo de reformadores, Raúl Haya de la Torres, Pepe Figueres, de Costa Rica, Rómulo Betancourt, Muños Marín, Juan Bosch, Juan Domingo y Eva Perón y, y otros que quisieron traer una conceptualización nueva a las ideologías políticas.

La decepción y el deseo de castigo a la clase política es tan grande en el continente, que será fácil para los líderes de turno mover esa masa inmensa, y sobre todo al gran conglomerado indígena, hacia una promesa que falló en el pasado y que fallará en el futuro, porque parte, en su segunda fase, de la misma premisa que dio origen: La manipulación de la clase social.