Plan decenal y participación comunitaria

AMPARO CHANTADA
Paradójicamente, cuando se inicia Plan Decenal de Educación, la única organización de la sociedad civil con que cuenta la Educación es su sindicato, ADP, ya que las asociaciones de padres y madres, que funcionaban tan bien cuando Trujillo, no habían resistido al tiempo ni a las malas intenciones de los diferentes gobiernos, que las habían utilizado tanto, como instrumento de su gestión, que habían alejado la membresía, socavando las iniciativas para dejar entelequias absolutamente infuncionales. Por lo tanto, al comienzo de los 90”s prevalecía un gran desinterés de los padres por los estudios de sus hijos y sobre todo sobre su capacidad de interactuar con las autoridades para mejorar las condiciones de estudios de sus hijos.

Perdóneme lector de hablar de una experiencia personal, no siempre se debe hablar de teoría, algunas veces se debe demostrar, que se es capaz, también de práctica, de ir al terreno. Pues, convencida de la importancia de integrar la población a la gestión educativa y no solamente al mantenimiento de la escuela y deseosa de realizar un cambio de mentalidades, aproveche la confianza absoluta del Dr. Lorenzo Guadamuz para poner en práctica, una idea poco compartida. Las asociaciones de personas deben medir su alcance, no solo por las metas sino por las capacidades desarrolladas para lograr esas metas. Es decir que las agrupaciones de personas son lugares de educación y de formación que permiten al individuo conquistar conocimientos para su mejor desenvolvimiento ciudadano. No había tiempo para meditar, solo pensar rápido y actuar. Así pasaron los años 93-97 entre teoría y práctica, para capacitar, educar y traspasar a las Asociaciones de padres y madres, a técnicos y directivos del sistema, valores de una cultura democrática, de interacción, consultiva y participativa, en una experiencia única, en la sociedad dominicana en ese momento. Había que crear el marco legal, se inició por la reformulación del viejo reglamento, que databa de 1951 y que era inadecuado e inadaptado para los 90`s.

Primer postulado: El que requiere, transige Poder. Por lo tanto, el Reglamento debía consignar y reconocer el espacio que se habían ganado las Asociaciones, ya que se requería con urgencia, su participación al rescate de la Escuela dominicana. Era evidente, que las Regionales de Educación, debían, con sus distritos educativos, integrar a las asociaciones para crear un espacio de discusión, de concertación y de planificación. Segundo postulado: A problemas locales, soluciones locales. Ese espacio debía permitir a las asociaciones hacer prevalecer las necesidades más urgentes, acordes con las realidades sociales más infinitas y los dramas humanos que vive diariamente el sistema educativo dominicano y ajustarlas a las posibilidades, de una membresía sin muchos recursos financieros. Buscar juntos soluciones ajustadas a los problemas de la escuela, se convirtió en una interacción padres-maestros, que no se resolvía, desde un sillón, una butaca o en la Capital. El poder debía ser local, a nivel de escuelas rurales, urbanas, en áreas marginadas y apartadas.

La reformulación de un nuevo reglamento, esta vez, más ágil, pragmático, adaptable a todas esas circunstancias debía inducir a la cooperación y a la colaboración voluntaria y consciente y no al manipuleo o a la pasividad, como se solía hacer con la membresía sin fin, de las asociaciones.

Cuando se realizó el Primer congreso de las Asociaciones de Padres y Madres, en Abril del 1994, se había logrado la participación de más de 15,000 personas para la aprobación de manera consensuada, artículo por artículo, de un nuevo reglamento, más moderno, más apegado a la realidad local, actualizado a un medio donde no impera abundancia, ni comodidad, ni personal calificado pero si, voluntades y necesidades sin fin. Ese Congreso fue sin miedo a equivocarme histórico, fue un inmenso taller creativo, de libre discusión, de apego a la democracia, donde las ideas e intereses se debatieron para producir un reglamento de consenso premonitorio del poder de la sociedad civil.

Los participantes habían entendido la importancia de democratizar el reglamento viejo, integrando a la mujer (madre) dominicana, en las directivas de las asociaciones para darles capacidades gerenciales ya que eran ellas, las que asistían a las escuelas y no los padres. Se había involucrado la comunidad en general a la gestión educativa, desde el albañil al comerciante, por encima de las ideologías partidistas que cercenaban los esfuerzos comunitarios de apoyo a la educación, para que se reparara, pintara y ayudara al mantenimiento del plantel. Se hablaba de relevo generacional, para integrar los jóvenes a las directivas de las asociaciones rompiendo así, una tradición anclada en la sociedad dominicana y difícil de cambiar, de que los cargos son vitalicios y si fuere necesario, se creara las circunstancias para eso. Se había prohibido las reelecciones en el seno de las directivas para fortalecer el sentido de la responsabilidad y multiplicar la capacitación de un gran número de dominicanos en la gestión educativa, el manejo de los fondos, la transparencia, el establecimiento de la rendición de cuentas anuales. Se hablaba de una nueva forma de organización, donde las múltiples funciones (secretarias, etc.), copiadas de los estatutos de los partidos, se reemplazaron por responsabilidad y tareas, para integrar toda la comunidad alrededor de la escuela y de tareas muy concretas para las grandes fechas del calendario de la Educación dominicana, como son las Pruebas Nacionales, el inicio y el fin del año escolar.

En fin, se dijo que la participación comunitaria no tenía límites, sino los que se fijaran las asociaciones. A pesar de reticencias, de sospechas y miedo, sobre todo por parte del sindicato de maestros ADP que temía y teme todavía, compartir cuotas de Poder con la sociedad civil, el modelo funcionó y demostró que la sociedad dominicana estaba preparada para involucrarse en cualquier otro espacio de coordinación, como la gestión del municipio o el mejoramiento barrial, en particular.

Durante la ejecución del componente de participación comunitaria se fomentaron la creación de las asociaciones de padres y madres en cada escuela del país con el interés de reducir la deserción escolar, el ausentismo, mejorar la promoción, disminuir la repitencia, solidarizarse con la vida cotidiana de los maestros y maestras y para esto, las asociaciones se involucraron en la confección y distribución del desayuno escolar, en el mantenimiento de la planta física, en la distribución y repartición del material escolar (sin que se reportara ningún caso de robo o sustracción), en la supervisión de las Pruebas Nacionales, en la distribución de los libros escolares, en el ornato de las escuelas, en la supervisión del ausentismo de los alumnos, buscando causas y tratando de solucionar de manera colectiva los motivos de tal situación. Esa experiencia es única en el país, los que se involucraron no la olvidaron nunca.