Plan Marshall para AL

Entre 1948 y 1951 fue concebido el Plan Marshall en la administración del Presidente demócrata norteamericano Harry Truman, bajo el nombre de European Recovery Programan. Pero más tarde, éste se conocería por el nombre del entonces secretario de Estado Georges Marshall, quien fue el general en jefe de Estado Mayor entre los años 1939-1945, quien tenía a cargo, junto a los europeos, la responsabilidad de su aplicación.

A través de ese Plan, Estados Unidos, con los recursos de su poderosa e intacta economía, que no fue afectada por la guerra, concedió a 16 países europeos, bajo forma de préstamos, una ayuda de 12,5 mil millones de dólares para favorecer la reconstrucción de Europa, que había sido devastada durante la Segunda Guerra Mundial.

Datos recientes del Banco Mundial (BM) revelan que para obtener el equivalente del Plan Marshall, en dólares del 2003, sería necesario reunir la respetable suma de alrededor de 90 mil millones de dólares.

En tal contexto, Europa sin esa ayuda y carente de los dólares para financiar sus importaciones y la reconstrucción de sus fábricas, equipos industriales, así como los puertos, trenes, carreteras,, centrales eléctricas, entre otros, dañados por la guerra, hubiese necesitado muchos más años para reactivar la eficacia de su economía.

La forma de calcular la deuda y, esto es lo más interesante, se estableció a partir de la capacidad de pago de las economías en proceso de reconstrucción. Es decir, estada supeditado al excedente de las exportaciones, que alcanzó su nivel más alto en 1959 con un 4.2%, y garantizado por los acreedores. Por eso, el mercado norteamericano quedó abierto a los diversos productos procedentes del continente europeo.

Alemania, por ejemplo, que había contraído una voluminosa deuda, recibió un sustancial descuento que osciló entre el 50% y el 75% de su total.

En contraste con esas enormes facilidades, las naciones de América Latina y el Caribe han tenido que sacrificar, durante largos difíciles años, más del 30% de sus exportaciones para atender una deuda que, en general, no ha sido para financiar planes concretos de crecimiento que nos acerquen a un desarrollo sostenible en el largo plazo.

Datos del BM (2003) revelan que, en el 2002, los países en desarrollo (PED) trasfirieron recursos por una cifra de 343 mil millones de dólares a los acreedores de los países más industrializados del G-7, una suma equivalente a más de cuatro planes Marshall.

Sin embargo, la realidad es, que los países situados al Sur del Río Grande jamás han recibido tan generoso apoyo como ese del Plan Marshall, que reactivó las actividades económicas de las naciones europeas devastadas por la guerra. Por el contrario, la transferencia permanente de recursos hacia los países ricos, la carencia de tecnología e innovación, hace casi imposible, que nuestro países puedan aumentar la productividad, elevar el nivel de vida de nuestros habitantes y ser competitivo en una economía de apertura y globalización.