Planes económicos anti-crisis

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Los presidentes de casi todo el mundo finalmente han ido revelando los detalles de lo que han sido los planes económicos de emergencia que sus gobiernos afanosamente vienen impulsando  como forma de disminuir el impacto económico y social de la crisis financiera que sacude al globo terráqueo. Los millonarios paquetes de medidas económicas que aplican hoy los gobiernos del mundo para contrarrestar los efectos de la crisis económica internacional consisten generalmente en un conjunto de políticas contra cíclicas que buscan, entre otros objetivos, incentivar la inversión pública y el consumo privado, defender el gasto social y promover el empleo.

Es claro que, en la actual coyuntura político-económica mundial que lo que todos están evitando y retrasando es el necesario e inevitable reajuste en la economía productiva. La pregunta de muchos analistas es si los planes están estimulando la producción y la economía o, por el contrario, están fomentando la incertidumbre. De ser así, el estímulo no suavizaría la recesión, sino que la prolongaría. Igualmente, existen discrepancias sobre los planes del gasto público. Estas disensiones están enfocadas en dos direcciones distintas: en quienes piensan que la crisis puede desembocar en una “espiral peligrosa” (mayoritariamente aquí se encuadran los discípulos del británico John Maynard Keynes) y en quienes, por el contrario, defienden que esto es un proceso de reajuste y “vuelta a empezar” inevitable (donde estarían prácticamente el resto).

Los planes
Monetaristas y keynesianos, sumados a los economistas de la Escuela Austriaca que previeron el actual estado de cosas, ha abierto el debate en Estados Unidos acerca de cuáles serían las soluciones para paliar los efectos de la mayor crisis económica desde la II Guerra Mundial. Los hay como el Nobel Paul Krugman que, siguiendo su interpretación keynesiana de la Gran Depresión, piensa que el estímulo ha sido “demasiado pequeño” para tener sus efectos positivos como el empleo. Otros destacados economistas como el también premio Nobel, Paul Samuelson, ridiculizan a los analistas que critican los planes de reactivación mediante el creciente gasto público, y pide que se “recuerde a los que frenaron la recuperación estadounidense” en los años 30.

Lo cierto es que los planes de estímulo aplicados en Estados Unidos en la economía real y financiera no están dando los resultados que sus planificadores preveían. Por ello, las posiciones contrapuestas son hoy más intensas que nunca. Por un lado, tanto Krugman como Samuelson afirman que los estímulos han sido muy tímidos y reclaman una mayor contundencia. Advierten de que hay que dejar a un lado la “responsabilidad fiscal” y empezar a relanzar el empleo de nuevo vía el gasto público. Alertan que si se dejara a las fuerzas del mercado dirigir la situación, la economía de EEUU entraría en un círculo vicioso de características desastrosas, donde el descenso actual del consumo forzaría a las empresas a despedir a los trabajadores. Éstos, al disponer de menor renta disponible, consumirían todavía menos, proceso que continuaría hasta adentrarse en un agujero muy profundo. Añaden que la inversión pública servirá para evitar esta situación.

Sin embargo, tampoco aquí todos están de acuerdo. Algunos economistas rechazan los planes de expansión fiscales, simplemente, porque no funcionarán. Ni funcionaron en los años 30 en EEUU, ni en Japón en los 90 y, por ello, de seguro ahora tampoco. En general, los economistas que rechazan los planes analizan cuatro puntos claves, a partir de los cuales se podría evaluar la bondad de los planes de estímulo: (1) La principal causa de la actual crisis es la mala política monetaria desde 2002 a 2006; (2) El estímulo no debería reforzar la mala asignación de recursos que ha originado la expansión del crédito anterior; (3) Los planes de estímulo público deberían crear valor económico, no destruirlo; y (4) El mejor estímulo consiste en recortes de impuestos que establezcan los incentivos adecuados para reactivar la actividad económica. Así, señalan que el problema no es el tamaño (del estímulo, como afirma Krugman) sino su idoneidad”. De este modo, explican que la pérdida de empleos que está sufriendo el país norteamericano se debe a una reasignación masiva de recursos y factores productivos, que se sobre expandieron al calor del nuevo crédito generado gracias a la política de la Reserva Federal.

Los paquetes
Sin duda que la profunda crisis financiera global ha golpeado al mundo entero, generando en muchos países una caída en la demanda interna, en la actividad y el empleo. El deterioro manifiesto de las condiciones macroeconómicas ha impulsado a algunos a ser más pesimistas y a proyectar la prolongación y profundización de la caída en la actividad. Para ellos, estamos en recesión y seguiremos en ella por un buen tiempo. Otros defienden la solidez de la economía nacional y anticipan el fin de la caída y el inicio de la recuperación de la actividad, lo que permitiría evitar la recesión definida como la caída del Producto Interno Bruto (PIB) anual.

Con todo, muchos analistas y centros de investigación no justifican proyectar una prolongación del actual estado de cosas para todo el año en curso. Es muy probable que en la primera mitad del año la actividad económica de muchos países no muestre signos claros de recuperación, para la segunda mitad de 2009 deberían presentarse escenarios más favorables para la actividad. Es por eso que algunos califican a los países que recortan tributos como países que llevan planes o estrategias por el lado de la oferta, versus los que privilegian el gasto fiscal. Pero también podrían ser mixtos. La realidad es que la mayor parte de los países del mundo buscan aplicar políticas anticíclicas, es decir, el diseño y aplicación de una política que busque expandir o estimular la demanda agregada de la economía (consumo, la inversión y las exportaciones).

 Así, para expandir la demanda agregada, los gobiernos pueden emprender algunas de las siguientes acciones. Primero, que el Banco Central siga bajando los tipos de interés. Esta medida tendrá efecto en la medida en que la economía carezca de tensiones inflacionistas y, exista capacidad productiva ociosa (es decir, recursos productivos sin utilizar).

Probablemente, una nueva reducción de las tasas de interés promovería a su vez el crédito y propiciaría el nivel de consumo. Segundo, que se ofrezca una reducción en las tasas de impuestos (política fiscal expansiva), la cual  se prevé podría ayudar más al crecimiento económico que la reducción de los tipos de interés. Una bajada de impuestos, aumentaría la renta personal disponible y se conseguiría un aumento del consumo y del ahorro privado. El aumento del ahorro haría disminuir el fuerte endeudamiento de las familias que es una condición necesaria para que el consumo se anime. En tercero, está la posibilidad de aumentar el gasto público para, que de esta forma, aumentar directamente a la demanda agregada en la economía. ¿Cuál es el tipo de gasto ideal? Aquel que mejore la productividad de los factores productivos: el gasto en infraestructuras, en tecnologías de la información o en educación. Es de suponer que el déficit público y el nivel de endeudamiento que va a generar esta política fiscal expansiva (reducción de impuestos y aumento del gasto) deban preocupar en exceso solo cuando el sector público no tenga la capacidad para endeudarse. Porque lo cierto es que, en esta opción, el déficit público va aumentar, y mucho. Por último, está el tema del ajuste al mercado cambiario.  

La cifra

8.71% ha sido la tasa  de crecimiento promedio del ingreso por habitante en dólares de la República Dominicana entre 1988 y 2008. En ese periodo, el PIB valorado en términos reales, ha promediado una tasa de 4.91%.

El plan de Estados Unidos

El plan anticrisis norteamericano se basa en una política fiscal expansionista que prevé recorte de impuestos e incrementos en la inversión energética. El presidente  Barack Obama manifestó que el paquete de 787,000 millones de dólares aprobado por el Congreso contiene recortes de impuestos y fondos frescos que estimularán a las familias a consumir y gastar en la economía. Se manifiesta confiado en que el plan creará más de 3.5 millones de empleos en los próximos dos años, estimulará el gasto de empresas y consumidores por igual y establecerá los cimientos de prosperidad y crecimiento económico. El plan adjudica 120,000 millones de dólares a gastos de infraestructura, cerca de 20,000 millones de dólares a la energía renovable y 11,000 millones a modernizar la red eléctrica. Las perspectivas para la economía estadounidense apuntan a una caída de 1% del PIB…   mes.