PLD de cara al 2020

Promover una visión de República Dominicana hasta el 2044 podría resultar interesante siempre y cuando se haga a partir de una agenda nacional, no partidaria, ni mucho menos egocéntrica y bañada por las aguas del mitológico río Estigia, donde eran sumergidos los semidioses que luego por esa condición entendían que siempre debían estar por encima de los simples mortales, para quienes ser vasallos de ese mesías, representaba un gran orgullo.
Si la visión República Dominicana 2044 pretende ejecutarse, como promueve el expresidente de la nación y aspirante nuevamente a esa posición, doctor Leonel Fernández, entonces debemos detenernos a ver el año 2020, pues lo primero tiene una dependencia absoluta de lo segundo.
El Partido de la Liberación Dominicana no puede seguir descansando sus éxitos electorales, entre otras cosas, en lo insípido, incoloro e inodoro que hasta ahora han resultado los partidos de oposición y en cambio debe abocarse a redefinirse como organización política, sincerizando el modelo estructural, organizacional e ideológico en el que realmente se ha convertido y a partir de ahí, emprender la ruta hacia el año 2020.
La vida del PLD debe descansar en sus estatutos y las ordenanzas reglamentarias que la dinámica política demande, en sus organismos y el irrestricto respeto a las disposiciones que en favor del país sean en ellos tomadas y por último, en la capacidad de sus dirigentes de colocar siempre el interés nacional por encima de sus propias apetencias e intereses. De ahí deducimos que lo más conveniente para el PLD, es que los dos presidentes que ha dado esa organización jueguen el rol de árbitros de cara al 2020, como forma de garantizar la unidad de ese partido.