PLD: Similitudes históricas

LEANDRO GUZMAN
La Historia nunca se repite igual, aunque sí con similitudes. Son muchas las ocasiones en que determinados acontecimientos son bastante parecidos a otros anteriores, como por ejemplo el que tiene que ver con la reelección presidencial. Si uno examina los detalles, hay que llegar a la conclusión que las campañas electorales de presidentes que han tratado de reelegirse han estado caracterizadas por el uso de los fondos públicos, la fuerza con cierta sutileza y generalmente la compra de conciencias.

En estos días hemos visto la renuncia del licenciado Danilo Medina como secretario de la Presidencia, con la justificación de que busca un espacio político propio que le permita llegar a la primera magistratura del Estado, cargo también deseado por compañeros suyos del Partido de la Liberación Dominicana.

Si volvemos a la Historia, esa renuncia nos recuerda el distanciamiento entre el licenciado Francisco Augusto Lora y el presidente Joaquín Balaguer, ambos fallecidos. Lora fue el artífice del Partido Acción Social, junto a parte importante de los remanentes del trujillismo, cuando Balaguer tuvo que marcharse al exilio en 1962. Tiempo después, el PAS se convirtió en el Partido Reformista, que en virtud de una alianza con el Partido Revolucionario Social Cristiano (PRSC) se transformó en Partido Reformista Social Cristiano, con las mismas siglas inclusive.

Todo parece indicar que Balaguer había prometido a Lora que no se reelegiría en 1970, cuando terminaba su período de cuatro años iniciado en 1966. Balaguer no cumplió con su promesa, ante lo cual Lora se distanció del Gobierno hasta que finalmente formó el desaparecido Movimiento de Integración Democrática (MIDA). A Lora le fue muy difícil competir con capacidad, astucia y malicia política de Balaguer, que finalmente se reeligió hasta 1978.

En 1986 retomó nuevamente el poder, para reelegirse dos veces, hasta 1998, cuando por presiones norteamericanas y de la oposición dominicana, se vio obligado a aceptar una reforma constitucional que le restó dos años y prohibió la reelección. Sin embargo, en el período 2000-2004, el entonces Presidente de la República, en su afán de continuar en el poder, hizo modificar la Constitución para reelegirse, pero no lo logró al ser aplastantemente derrotado por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

En este momento, según encuestas confiables, el liderazgo del presidente Leonel Fernández tiene una puntuación de un 60 por ciento, a pesar de las dificultades económicas presentes y las que se avecinan si aprueban nuevas cargas impositivas a la población.

En el supuesto de que Danilo Medina afronte en una Convención al presidente Fernández, si es que éste desea reelegirse, uno se pregunta entonces ¿qué haría si pierde? ¿Apoyaría a Fernández, de quien se separó precisamente para disputarle la Presidencia en un momento tan difícil, cuando el Presidente precisamente necesita más apoyo? ¿Formaría tienda aparte como lo hizo el licenciado Lora? En caso de que Leonel Fernández no aspire a la reelección respetando los principios de Juan Bosch, debiera ser bien claro para dar la oportunidad igualitaria a los demás aspirantes presidenciales.

Hay quienes dicen categóricamente que el licenciado Medina controla la mayoría de las bases del PLD y también del Congreso. Eso mismo han dicho dirigentes de otros partidos y no han ganado sino experiencia. Esto es aparte de que es muy probable que si Leonel Fernández intenta reelegirse, muchos miembros de esas bases e incluso legisladores volverían al redil del Presidente, pese a estar ahora bajo la sombra tutelar de Danilo Medina. Muchos de esos diputados y senadores lograron sus cargos gracias al presidente Fernández, quien hizo uso de su poder de convocatoria para que los electores votaran por ellos.

No se debe olvidar que este es un país que no ha logrado superar el presidencialismo. Los que hacen política siempre quieren tener los favores del Presidente de la República, aunque tengan simpatías por otros. La realidad es la realidad.

Si Danilo Medina rompe definitivamente con el presidente, formando tienda aparte, no cabe duda que alguna mella haría al PLD, como en su momento lo hizo Jacobo Majluta cuando se fue del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) por sus disputas con el presidente Salvador Jorge Blanco. Majluta formó el Partido Revolucionario Independiente (PRI), que no ha pasado de ser una organización minúscula sin perspectiva alguna, cada día más distante de lograr el poder.

En la presente coyuntura, nosotros nos permitidos sugerir, como una contribución para el fortalecimiento de la democracia, que se respeten los principios internos de los partidos políticos,  mayoritarios y minoritarios, sin zancadillas ni golpes bajos, pero tampoco con proclamaciones triunfalistas cuyos resultados están por verse.