Pobre país rico

Resulta difícil tener compasión por la República Dominicana. Pero los problemas de nuestro país, aunque lejos de equipararse con los de Haití, son de cualquier forma muy serios como para generar preocupación, incluso lástima.

No obstante haber sido premiados por Dios durante la creación y haber sido agraciados en el sorteo de la lotería de los recursos naturales con kilómetros de playas de blanca arena. No obstante la abundancia de minerales como el oro, hierro níquel, yeso, caliza, sílice. No obstante las remesas de los dominicanos que trabajan en el exterior. No obstante todo lo demás, ningún gobierno ha sido capaz de enrumbar el país por el camino del desarrollo económico. Somos incapaces de avanzar en las áreas fundamentales de la nación para lograr justicia social, riqueza y bienestar.

En cambio, los extranjeros que nos visitan, desde un avión pueden observar la riqueza de nuestros recursos naturales y el potencial de nuestras playas para convertirse en un paraíso al estilo mediterráneo. La corrupción y la burocracia son los grandes obstáculos en el camino. Pobre país rico.

Quien resulte ganador en las próximas elecciones presidenciales, tendrá en sus manos una parte muy importante de nuestro futuro. Hablamos más bien del compromiso con el desarrollo del país. Los candidatos a la Presidencia deberían presentar al país una estrategia de desarrollo. Esa estrategia debería incluir en primer orden, justicia independiente y castigo a la corrupción. Y también una significativa cantidad de inversión en el capital humano: educación, capacitación. El capital humano es una de nuestras ventajas competitivas. El fortalecimiento del sistema educativo es fundamental, porque a mayor capacitación mayor ingreso. Estudios recientes de la CEPAL indican que dos años menos de educación implican 20% menos de ingresos mensuales durante toda la vida.

En el campo de las telecomunicaciones deberá resolverse con urgencia todo lo referente al tema de la comunicación a través del cable de banda ancha para que todos podamos tener acceso al Internet y así obtener una ventaja competitiva como país. Miles de empleos se crearían si tuviéramos trabajadores bien entrenados que hablen inglés y tarifas telefónicas baratas, pues grandes empresas del área de la informática moverían sus operaciones hacia nuestro país, en vez de ir a las Filipinas, India, Irlanda, etc. Nos convertiríamos en un país barato, para la programación de software, o por ejemplo, procesar datos de reclamaciones, boletos de avión, análisis financieros y transacciones comerciales, operadores de llamadas de larga distancia, clasificar información, base de datos, etc.

El pueblo deberá exigir y presionar al próximo gobierno electo en las urnas, para que los planes de trabajos se inicien a la mayor brevedad posible y pedir un cronograma de acciones, además del cumplimiento de estas. Los planes de trabajo deben ser precisos, con presupuestos aprobados y las personas responsables bien identificadas. De lo contrario no podemos avanzar como se desea. Pasemos pues de la teoría a la acción para dejar de ser un pobre país rico.