Pobreza afecta el cerebro de los niños, según estudio

22_07_2015 HOY_MIERCOLES_220715_ Economía6 E

Crecer en la pobreza desde hace mucho se relaciona con un rendimiento académico más bajo. Y ahora hay cada vez más pruebas de que en parte se debe a que los niños pueden sufrir consecuencias físicas reales -como cerebros menos preparados para aprender- debido a los bajos ingresos familiares.

Un análisis de cientos de estudios por resonancia magnética cerebral reveló que los niños de hogares pobres tenían menos cantidad de materia gris en las zonas del cerebro responsables de las funciones que se necesitan para aprender, según un nuevo estudio publicado el lunes en JAMA Pediatrics. La diferencia anatómica podría explicar el 20 por ciento de la diferencia en los puntajes obtenidos en los exámenes entre los niños criados en la pobreza y sus pares de mejor situación económica, de acuerdo con la investigación.

El estudio se suma a nuestros conocimientos sobre la relación que existe entre el ingreso y el desempeño. Está demostrado que, en promedio, los niños pobres están rezagados en su rendimiento escolar. Pero los científicos apenas comienzan a develar cómo es que la salud incide en el aprendizaje.

Los niños de hogares que se hallan por debajo de la línea de pobreza federal –un ingreso anual de alrededor de US$24.000 para una familia de cuatro- tenían volúmenes de materia gris de un 7 por ciento a un 10 por ciento más chicos de lo que se esperaría en un desarrollo normal. Alrededor del 20 por ciento de los niños estadounidenses vivían con este nivel de ingresos en 2013, de acuerdo con los datos del Censo. Se hicieron evidentes pequeñas diferencias en el caso de los hogares considerados “casi pobres”, es decir aquellos con ingresos de hasta un 150 por ciento del nivel de pobreza, actualmente unos US$36.000 para una familia de cuatro integrantes.

‘Extrema pobreza’. Los chicos que vivían apenas por encima del nivel de los “casi pobres” tenían similitudes estadísticas con los niños de familias mucho más ricas.

“Fue cuando empezamos a estudiar la verdadera pobreza, la pobreza extrema, que comenzamos a ver una diferencia”, dice Seth Pollak, profesor de psicología de la Universidad de Wisconsin-Madison y coautor del estudio. Las diferencias eran evidentes en chicos de tan sólo cuatro años, lo que significa que se producen antes del jardín de infantes.

La investigación podría subestimar la magnitud de los efectos. Pollak y sus colegas utilizaron datos e imágenes cerebrales de un estudio anterior del Institutos Nacional de Salud que realizó un seguimiento de un grupo de niños y adolescentes durante varios años. Ese estudio excluyó a las personas con discapacidades de aprendizaje, nacimientos prematuros o antecedentes familiares de problemas psiquiátricos, porque su propósito era medir una línea de base de desarrollo cerebral normal. En consecuencia, dice Pollak, la muestra incluía “a los niños más sanos y fuertes que vivían en la pobreza”.

¿Qué explica las diferencias? Pollak sospecha que los niños pobres quizá reciban menos estimulación de sus padres o carezcan de cosas como crayones, libros infantiles o juegos. El hacinamiento o los hogares inestables podrían perturbar su sueño. Los barrios pobres quizá también carezcan de comercios de alimentos frescos, lo que lleva a un déficit nutricional.