Poca preocupación por el zika en selva donde fue descubierto

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SELVA DE ZIKA, Uganda. Las aves trinan en las copas de los árboles y un leopardo recorre sigiloso la maleza en esta selva tropical de Uganda donde el virus del zika fue descubierto hace casi 70 años, pero mientras suenan las alarmas en América, aquí hay escasa preocupación.

Se sospecha que la fiebre zika está vinculada con un brusco aumento de defectos congénitos en Brasil, donde se identificaron las infecciones el año pasado, pero en Uganda jamás se ha producido un brote entre seres humanos desde que se detectó el virus en un mono en 1947. Ahora el mundo se interesa por esta selva de 10 hectáreas a orillas del lago Victoria y a 23 kilómetros de Kampala, la capital. “La gente me llama para decirme `¿qué harán con ese mosquito?’ ¿Por qué sigues ahí?”’, dijo el agente forestal y guía turístico Gerald Mukisa. “Y yo les digo que vivo aquí desde hace siete años y nunca me ha pasado nada”.

Un equipo de The Associated Press visitó esta semana la selva de Zika, con sus árboles de 35 metros de altura y que ahora es un lugar de investigación del Instituto de Investigaciones de Virus de Uganda. Hay una torre de observación abandonada. Viene gente a observar las aves y músicos a filmar videos para sus canciones. Empresarios inmobiliarios amenazan invadir la reserva forestal. Sin embargo, hasta que se produjo el brote de zika en el continente americano, se prestaba escasa atención al virus en la selva, según las autoridades ugandesas. El zika no es considerado un mal importante en el África tropical, donde el paludismo, también transmitido por mosquitos, causa una gran mortandad.

“Aquí tenemos zorros, conejos, pitones e incluso un leopardo que perdió a su pareja”, dijo Mukisa, un hombre robusto de 50 años con botas especiales para la selva, al pisotear la maleza. “La mayoría de la gente viene aquí a estudiar o hacer turismo. Ahora viene gente a preguntar por el mosquito”.

El hecho de que el virus haya afectado de distinta manera en el trópico africano y el latinoamericano o caribeño puede deberse a la inmunización y al hecho de que los mosquitos transmisores son diferentes a uno y otro lado del Atlántico, con distintos hábitos.