¿Podemos resolver la movilidad urbana?

16_10_2016 HOY_DOMINGO_161016_ El País12 A

Hace unos días participé en varios eventos sobre el tránsito, el transporte y la movilidad, auspiciados por la Cámara Dominicana de la Construcción, el Codia y la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, los últimos dos coauspiciados por la Secretaría para la Conferencia Habitat III de Naciones Unidas. En estos eventos participaron expertos en tránsito y transporte, tanto del nivel gubernamental, como privado.
Pude reafirmar mi convicción de que técnicamente sabemos qué hacer para solucionar la movilidad urbana de esta ciudad con una clara identificación de los problemas y oportunidades, tanto técnicos, sociales, económicos como políticos. Lo que nos falta es la voluntad política para poner en práctica lo que sabemos.
Las soluciones planteadas por los expertos fueron muy atinadas, como la urgente aprobación de la ley sobre tránsito, transporte y movilidad, que cursa en el Congreso desde el año 2011, que se constituiría en el marco legal imprescindible, unificando las 12 instituciones que actualmente tienen injerencia sobre la movilidad urbana y que no se coordinan entre sí; la conversión de los sindicatos en compañías prestadoras de servicios; la sustitución de los carros de concho y las voladoras por una flota de autobuses modernos; la estructuración de rutas planeadas para dar servicio a toda la población; la integración de los diversos modos de transporte con tarifas integradas, para mencionar algunos aspectos de la ley.
Por fin se ha entendido que el problema de la movilidad no es solo un problema de ingeniería de tránsito, sino y mucho más importante, de ordenamiento de la ciudad. Sobre todo la localización de los usos de suelos que son los generadores y destinos de los viajes que se efectúan dentro del ámbito urbano. Para muestra pensemos en la UASD, que tiene más de ciento diez mil estudiantes que tienen que moverse todos los días hacia un territorio de no más de diez cuadras, generando más del 50% de los viajes dentro del Distrito Nacional. Imaginemos por un instante que hubiera extensiones de la UASD en Santo Domingo Este, Norte y Oeste, sin lugar a dudas que disminuiríamos una gran cantidad del tráfico generado por este uso de suelo institucional educativo.
De esta misma forma podemos referirnos a las urbanizaciones que han proliferado alrededor de la avenida República de Colombia, si este uso habitacional hubiera ocurrido con racionalidad, no tendríamos los congestionamientos que ahora ocurren en esa vía. Si en vez de que cada urbanización tuviera una sola entrada y salida, hacia la avenida Colombia, se hubieran estructurado varias vías alternativas, esta avenida no fuera la única conexión con el resto de la ciudad de toda esta población.
Se podrían poner otros ejemplos como los colegios, centros comerciales, urbanizaciones que con una inadecuada localización contribuyen a incrementar el problema. Así hay otros usos, que a través de un ordenamiento urbano, ayudarían a hacer más razonable y sostenible la movilidad urbana sin necesidad de ampliar vías o hacer más elevados.
Si los usos de suelo son importantes, los ayuntamientos tienen un papel fundamental liderando las soluciones de los problemas que afectan su territorio.
Podríamos hacer la similitud de la ciudad con un colador. Si se toma un colador y sobre el vertemos un volumen de agua, en un tiempo determinado, se apreciará que el agua se escurre sin derramarse. Si en cambio, en vez de utilizar un colador usamos un embudo, vertiendo la misma cantidad de agua, en el mismo tiempo, se verá que en este caso el agua se derrama. Lo mismo pasa con la ciudad, mientras mejor conectividad hay en la estructura vial, mejor será la fluidez del tránsito.
Existen soluciones baratas e inmediatas que se deberán acometer para mejorar la conectividad peatonal y vial. Hacer respetar las ordenanzas sobre las aceras, no solo aquellas que han sido ocupadas por actividades informales, sino también las construcciones formales que ocupan aceras y espacios públicos y que se convierten en permanentes. Para tener mejores aceras los cabildos no tienen que invertir recursos, solo tienen que supervisar a los constructores y establecer qué tipo de acera deben construir y con qué arbolado. La ampliación del Parque de La Lira y las aceras este de la Lope de Vega hasta la calle Porfirio Herrera; remodelación del boulevard de la avenida 27 de Febrero, desde la Abraham Lincoln hasta la Winston Churchill, eliminando las jardineras laterales para que el peatón pueda tener un acceso libre en toda su extensión y redefinir un programa de animación urbana; conexión de la calle Olof Palme, en los Prados, hacia el este, con la Heriberto Núñez, y hacia el oeste hasta llegar a la calle Isabel Aguiar; solo por mencionar algunas de las intervenciones que se podrían realizar inmediatamente.
Hay otras vías que deberán ser prolongadas y construcción de nuevos puentes sobre los ríos Ozama e Isabela que serían proyectos a mediano plazo, como la prolongación de la Caonabo y la Privada hasta el Malecón, un puente sobre el río Ozama que una la calle Manuela Diez con la calle Bonaire en Santo Domingo Este, entre otros, pero que se deberán tomar ahora las precauciones para que se puedan realizar en el futuro con costos adecuados. En el pasado se propusieron otros proyectos, que en ese momento eran factibles, pero que al no tomarse las previsiones de lugar, en este momento son económicamente inviables. Hace unos días alguien me recordó un proverbio chino que reza “el mejor momento para sembrar un árbol es hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora”.
¿Es posible iniciar este proceso en este año 2016 para aspirar a una ciudad mejor en el futuro? ¿Tendremos los recursos para hacer esta aspiración una realidad? ¡Claro que podemos! Si hemos sido capaces de invertir para hacer un sistema de transporte como el metro, sin lugar a dudas que podemos hacer los proyectos necesarios para tener una ciudad mejor. Las ideas, los proyectos, las capacidades, y los recursos están. Los eventos a que he hecho referencia así lo prueban. Solo falta la decisión de colocarlas todas juntas.
Estas notas que hoy escribo ya las había hecho artículos en los años 1996, 2000, 2003 y 2008. En este último año le sugerí al entonces Presidente Leonel Fernández “…retomar su eslogan de hacer de la ciudad de Santo Domingo un “Nueva York Chiquito”. Pero no el de los elevados. Sería interesante que se reuniera con el alcalde de Nueva York, Bloomberg y que a esta reunión asistieran la señora Amanda M. Burden, directora de Planeamiento Urbano, la señora Janette Sadik-Khan, comisionada de Transporte y la arq. Claudia Herasme, dominicana, de la oficina de planeamiento urbano de esa ciudad y que en esta reunión le presentaran los proyectos que está haciendo Nueva York para hacerla más vivible.
Señor Presidente, usted puede conseguir esta reunión y estoy seguro que cambiará su forma de ver la ciudad. Lleve con usted algunos ministros y colaboradores para que también aprendan desde la fuente originaria, pero mal entendida.

Podríamos exhibir entonces, un Santo Domingo Grande, en vez de un Nueva York Chiquito”.