POEMA
La rima de los tiempos

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Necesito una calle…

un barrio con colmados y letreros de Oviedo y el Polaco…

Necesito una ciudad de amigos  con quien beberme las esquinas del tiempo…

Necesito el rumor de una guitarra

y unos versos del Pera o de Paíto,

una botella de pico fatigado,

una canción de Lockward…

y un amanecer de mariposas…

Quiero abrazar con mis manos de otoño

los nombres que el corazón me grita…

quiero entonar de nuevo mis sonatas de novia junto a Telmo y Vegano…

Amo el silencio dulce de aquellas madrugadas, 

el canto enamorado flotando en las alcobas, 

rozando suavemente, junto al vaho de las flores silvestres,  las mejillas del sueño de aquella ciudad…arrodillada…

Quiero sus sombras largas…

como las madrugadas de aquellos mosqueteros…

La risa compañera de mi hermano Julito…

que me crezcan los versos con que orar en la tumba de Rolando Veloz…

quiero estar en las calles desafiando el entorno, retando la denuncia…

quiero estar en los sueños de aquellos ventanales,

porque en ellos se escapa la rima de los tiempos.

Quisiera con Baralt su temple de soldado,

bajar por la de Marzo,

a pies sobre mi historia de escasez de doblones

y llegar de su mano al país inevitable de los grandes amigos…

Quiero una cuadra entera de novias olvidadas y llorar sin acordes mi última serenata…

Dadme a José Cabral de pie sobre la luna

tejiendo una guitarra con su grave más tierno…

Dadme a Ismael Tápia y moriré tranquilo…

Quiero aquel reservado donde no está Trujillo, aturdir el Vizcaya junto a Niño Alfonseca y de Rodríguez Santos y enfrentarme a mi miedo,/ con su dueto rabioso maldiciendo al tirano con sus almas de trueno…

Quiero encontrar conmigo mi lágrima más pura, mi deuda indiferente,/ y sentar mi banqueta como un trono en la Barra Payan, la tarde tormentosa en que Ojitos se llevó a Papusín,/ y grabar en mi alma el relámpago eterno de su voz en la hora procera del coraje, /su orgullosa altivez en su último bocado de hombre libre y viviente…

Quiero estrenar una reyerta mas junto a Jesús Lizán,/que me enseñe de nuevo la risa de teatro, para poder reírme de esta vida…

Quiero correr descalzo entre los callejones de las viejas casitas de la Iglesia Evangélica,/junto a Marino Reyes y Juan Sánchez Lamouth, con sus pies de cutaras y su pecho de halcón hacia la gloria…

Volver a abrir mis tesoros de infancia… el lejano infinito de los sueños,/ ver estallar la alada pirotecnia de las páginas/y retomar la vida hacia este sur,/ con nuestros ojos de barrio sin destino…

Añoro las aceras vetustas, con viruelas adultas y contadores de agua,/ las azoteas de puños y cabezas de fuego…

el olor de la ira en la piel de la sangre en octubre…

Tontón y Armando Recio con sus rostros de azúcar…

recostando a la vieja muralla un trozo de ciudad,/ ondeando la esperanza de un territorio libre con la canción del pueblo…

y una aldea de ilusiones, que se nos hizo anciana peinando marejadas,

aguardando el sin sentido fatuo de su nombre… Ciudad Nueva.

Que me tiemble la voz junto a los héroes que sonrieron conmigo

Cuando para pintar la historia solo tenías la sangre…

Devuélvanme a Pololo, a Julio Anibal, a Mac Cordero…

y escribiré esa historia solo con primaveras…

Devuélvanme mi cielo, mis pisadas…

la sonrisa de toda aquella gente…

devuélvanme mis calles sin memoria,

sin rostros ni enlutadas referencias,

por una sola noche… por una sola vez…

prometo regresar… a esta ciudad…

que no conozco.