Poesía en esperanto II

Federico  Henríquez Gratereaux

Para que Federico García Lorca pudiera escribir: “Chorrea la tristeza por los muebles/ y por mi alma”, se requería de la pobreza de España; “y al hablar,/ se quedan mis palabras en el aire/ como corchos sobre agua”, es una comparación propia de países donde hay vinos y los tapones de las botellas se vuelven a usar en las cocinas para el aceite y el vinagre… a causa de la pobreza. Victoriano Cremer compuso un poema titulado: “Canto total a España”. En ese poema Cremer dice: “Te necesito a ti;/ España misionera,/ arrebatada España,/ áspera y espléndida”. También dice: “España de milagros olorosos,/ de monjas andariegas, de frailes guerrilleros/ y de navajas lentas…”.

Sin Cremer, Manuel del Cabral no hubiese escrito en Compadre Mon: “por estas tierras de cuchillo lento”. Victoriano Cremer amaba a España tal como era: “España de anarquistas y de obispos;/ -armonía completa-/ gran España, insaciable de sí misma;/ más corazón que cabeza”. Y le duele que se desangre en luchas intestinas. La poesía es una tradición, algo así como una carrera de relevo cuyos “récords” están guardados en el cofre de la lengua. Baltasar de Alcázar, en el siglo XVI, celebra la comida y el vino de su país, incluyendo la existencia de tabernas.

“Si es o no invención moderna,/ vive Dios que no lo sé,/ pero delicada fue/ la invención de la taberna./ Porque allí llegó sediento,/ pido vino de lo nuevo,/ mídenlo, dánmelo, bebo,/ págolo y voyme contento”. El gran poeta Antonio Machado es el autor de los celebres versos: “Caminantes, son tus huellas/ el camino, y nada más;/ caminante, no hay camino,/ se hace camino al andar.” Este poema forma parte de “Proverbios y cantares”; el marcado con el numero 53, reza: “Ya hay un español que quiere/ vivir y a vivir empieza,/ entre una España que muere/ y otra España que bosteza”.

Sin dichos y refranes populares no trabaja el idioma. Se dice que el diablo cojo es “pateta”, que cayó del cielo por malo y quedó cojo. El esperanto no puede tener refranes porque es un producto “de laboratorio”. Carece de emociones, gozos y tormentos. No puede acuñar “frases de cajón”; ni acumular coplas, decires, cantares, malas palabras.