Polibio Díaz, excelente premiación en la Bienal del Caribe

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La atribución del Premio editorial –que equivale al Gran Premio- a Polibio Díaz llenó de satisfacción a todos. Es la obra más contundente entre todas las participaciones y, desde que se montó en la pared principal del sótano,

causó un verdadero impacto. Ese galardón permitirá al artista tener una segunda monografía, siendo la primera un texto del conocido crítico de arte francés Raoul-Jean Moulin que, al descubrir la fotografía de Polibio, sintió la necesidad interior de escribir…

La evolución profesional de Polibio Díaz, que cuenta casi 30 años de experiencia, ha sido ascendente, hasta llegar a una madurez técnica, una fuerza testimonial, una profundidad conceptual impresionantes. Hay pocos fotógrafos en América Latina con esa calidad plural, y anhelamos que pronto él obtenga un reconocimiento internacional entre los más grandes cazadores de imágenes.

Habíamos dicho anteriormente: “Polibio Díaz escribe, pues, con la luz, un estudio sociológico. Alcanza la dimensión de un mural…” Así mismo sucede en la Bienal del Caribe: el artista presenta un conjunto de imágenes de gran formato, de hecho cada una compuesta de varios fotografías cuidadosamente ensambladas. Se convierte en políptica o instalación -según la lectura-, acompañada por una música de bachata…

En las tres obras observamos un denominador común de marco doméstico popular y de decoración típica de los barrios, que no se confunde con la escasez material. El kitsch triunfa… No solamente en Santo Domingo, sino –más- en Puerto Rico y el Nueva York “dominican” y latino, en fotógrafos e instaladores, existe esa fascinación por el ambiente, el mobiliario y los adornos caseros, sin más estilo que el gusto de sus dueños.

Ahora bien, dentro de ese abigarramiento de cosas, flores de plástico, “biscuits” de animalitos, recuerdos fotográficos, posters, calendarios, relojes y otras chucherías, sin olvidar las cromolitografías, las oraciones y otros accesorios religiosos, hay una estética. El barroquismo formal, los colorines contrastados, las mezclas inverosímiles, llegan a configurar una estética, ciertamente mucho más interesante para el fotógrafo y su público que la sala rica y el comedor de lujo, kistch también pero sin gracia.

Insistimos en que esta subcultura no corresponde a la pobreza material, sino a un bienestar relativo, de electro-domésticos, de artículos de gift-shop, de baratijas de ferreterias. Al mismo tiempo, se nota el interés de los moradores por embellecer la casa, “a su manera”, colgando cortinas, forrando mecedoras, colocando floreros. Polibio Díaz realiza, ahora como en series anteriores, un estudio e investigación sociológico, a la vez respetuoso y humorístico. – ya que él es de los artistas que sabe reirse a carcajadas!-. El mira, capta y comunica.

[b]Travesura sensual[/b]

La travesura sensual y el erotismo declarado se expresan, sobre todo en la foto central donde un machote de moreno, vaso de poliestireno en mano, saca la lengua hacia las partes íntimas de la despampanante rubia del calendario. No sabemos si fue una escena preparada o sorprendida – poco importa- pero los efectos visuales y la picardía abierta son fabulosos. Es y será una fotografía antológica en la carrera artística de Polibio Díaz. Esta virtud de “mirón”, esa osadía susceptible de “meterse” en cualquier sitio, decente o indecente, falta, por razones obvias, a las mujeres fotógrafas.

[b]Consciencia crítica[/b]

Se reafirma en estas obras la apreciación de Raoul-Jean Moulin: “El pensamiento fotográfico del artista, por la sola tensión formal y cromática de su conjunto, expresa una consciencia crítica que, en última instancia, aporta a aquel que le interroga, menos respuestas que preguntas y enigmas.” Polibio Díaz, que provoca tanta fruición en el contemplador, crea en el mismo una interpretación participativa.

Hay buenas fotografías en la V Bienal del Caribe, pero ciertamente las que presenta el fotógrafo dominicano son un premio indiscutible, que ya se esperaba antes de que el Jurado haya emitido su veredicto.