Policías y delincuentes

¿Delincuentes disfrazados de policías o policías disfrazados de delincuentes? Esta es la hora que José Luis Natera no sabe si los tres hombres que lo asaltaron al llegar a su casa tras regresar de Nueva York junto a su familia eran en realidad policías, tal y como se identificaron al encañonarlo y despojarlo de sus pertenencias, pero después del palo dao y el gran susto que pasó eso es lo que menos le importa. Santana Natera regresó a su país la madrugada del sábado por el aeropuerto internacional de Las Américas, y aparentemente fue seguido por los asaltantes desde la misma terminal hasta su residencia en el municipio de La Caleta, en Boca Chica, donde lo sorprendieron cuando desmontaba los equipajes del vehículo. Se trata del mismo modus operandi de otros asaltos contra desprevenidos viajeros que, al llegar a su país, reciben esa desagradable sorpresa, lo que indica claramente que los delincuentes tienen cómplices en la terminal que los ayudan a identificar y dar seguimiento a las potenciales víctimas. Desde luego, todo eso lo sabe –o lo tiene que saber– la Policía, cuya jefatura, tanto la presente como la anterior, han prometido acabar con esos asaltos, promesa que evidentemente no han cumplido. ¿Por qué es tan difícil garantizarle seguridad a los viajeros que regresan al país por Las Américas, sobre todo en la noche y la madrugada? ¿Tan complicado es mantener una vigilancia efectiva tanto en el aeropuerto como en la autopista Las Américas? Usted y yo sabemos, querido lector, que eso no puede ser ni tan difícil ni tan complicado, por lo menos en teoría, pues no se trata de algo del otro mundo en lo que haya que emplear gran cantidad de recursos y de agentes. Sin embargo, como acaba de comprobar José Luis Santana Natera y su familia, los asaltos se siguen produciendo, sin que a la opinión pública le quede muy claro todavía si sus perpetradores son delincuentes disfrazados de policías o viceversa.