Política como manopla

Federico Henriquez Grateraux

–Flor de Betania, hazme el favor de avisar a Tizol que tengo necesidad de hablar con él. –Señor Caperuzo, Tizol no está en la oficina; ha viajado al interior a la inauguración de un edificio de apartamentos. Dijo que después quería quedarse el fin de semana en la playa. –Llámalo por teléfono; quiero que le digas que tan pronto regrese suba a verme; tengo urgencia. Está bien, señor Caperuzo; enseguida veré si contesta. Flor de Betania colocó el aparato en su sitio. –¡Diablos! este hombre no para; hoy es viernes, dijo con una mano en la boca. Ojalá Tizol no aparezca.

Cuando empezó a clarear la mañana del sábado Tizol vio a través de la ventana del hotel que estaba lloviendo; era una lluvia fina que lo había enfriado todo. Se levantó, apagó el abanico del techo y volvió a tirarse en la cama. Se echó la sábana sobre el pecho; inmediatamente quedó adormilado de nuevo. Al poco rato notó las aspas del abanico dando vueltas, cada vez más lentamente. Cerró los ojos para no seguir atendiendo los círculos del abanico. Entonces vio claramente el rostro de la viuda Edelmira, sonriente, que le decía: quiero invitarle a almorzar en mi patio.

Tizol pegó un brinco y se sentó en el borde de la cama; un momento después estaba en el baño bajo una ducha caliente. Oyó sonar su teléfono sobre la mesa de noche de la habitación. Al salir del baño se vistió rápidamente. Volvió a mirar por la ventana la finísima lluvia que continuaba cayendo como una invitación a la molicie. Decidió bajar a desayunar. Ya había algunas personas en el comedor. Tomó un plato, dos rebanadas de pan, tres trozos de queso, un par de salchichas.

Buscó una mesa desde donde pudiera mirar caer la llovizna. –Hoy no se podrá salir a la playa, escuchó que alguien decía a sus espaldas. Al voltear la cabeza topó con un hombre con sombrero de tela y pantalones cortos; parecía extranjero. –¿Usted estaba ayer en la inauguración del edificio? –Así es; soy agente de bienes raíces. –Quiero comprar un apartamento cerca de la playa. Me gustaría vivir lejos de la ciudad: la política es una manopla.